lunes, 6 de mayo de 2013

La persona sin afectos




En principio, esto no existe, todo el mundo quiere a alguien, teme, está triste o alegre... siente algo afectivamente. Sin embargo, hay veces en que una persona parece ser de hielo, no se inmuta ni se emociona por nada, no manifiesta ni emociones, ni sentimientos ni pasiones. Parece «una persona sin afectos».
El psicópata o caracterópata es el prototipo de personalidad sin afectos y entra dentro del campo de la patología psiquiátrica. Kurt Schneider los define como «personas que sufren y hacen sufrir» aunque hoy se admite más que hacen sufrir sin inmutarse por las consecuencias de su conducta. Presentan una pobreza general de reacciones afectivas, los actos que cometen no les producen nerviosismo, ansiedad, pena, vergüenza o culpabilidad ni ningún otro tipo de sentimiento que la persona normal experimentaría en las mismas circunstancias. Presentan una carencia de emociones, no están ansiosos ni tristes, no lloran ni demuestran alegría ni tampoco sufren los correlatos somáticos de esas emociones, como la palidez, el rubor, el temblor, el sudor...
El descenso del estado de ánimo que puede llegar a la tristeza y la depresión es un cambio de la afectividad. El sujeto se encuentra tan agobiado por su propio malestar que presenta una falta de resonancia afectiva o una anestesia afectiva. El deprimido no entra en contacto afectivo con los otros, no puede, está bloqueado dentro de sí mismo, parece que «ni siente ni padece», pero lo que ocurre es que su propio malestar acapara toda su afectividad.

Junto a estos dos tipos de alteración de la afectividad que entran dentro del campo de la patología psiquiátrica, hay una tercera forma, que se presenta tras sufrir vivencias traumatizan-tes que dejan huellas afectivas dolorosas, en la que el sujeto puede, consciente o inconscientemente, ir inhibiendo su afectividad, creando como una barrera protectora que le evite sufrimientos posteriores. Esto, que en principio se plantea como beneficioso, es perjudicial y puede llegar a descompensar psicológicamente.

EL PSICÓPATA: LA PERSONALIDAD SIN AFECTO.


Es difícil poder pensar en una persona sin afecto, la mayoría de la humanidad puede sentir tristeza, alegría, querer a alguien, sentir miedo sin embargo hay personas carentes de emociones, no están ansiosos, no lloran, ni sienten pena, son psicópatas el prototipo de personalidad sin afecto. Tenemos varios ejemplos de psicopatías que han sido llevadas al cine, como creadora del género tenemos a Norman Bates en Psicosis de Alfred Hitchcock o Catherine Tramell protagonizada por Sharon Stone en Instinto Básico cuyo placer orgásmico está al servicio de matar o Alex Forrest en Atracción Fatal, cuya cana al aire acaba siendo una pesadilla para Michael Douglas o el papel que protagoniza Anthony Hopkins como psicópata culto e inteligente en Haníbal Lecter en el Silencio de los Corderos.

La mayoría de psicópatas se caracteriza por haber tenido una infancia desfavorable para el desarrollo de una personalidad sana. Provienen de ámbitos disfuncionales dónde puede haber ausencia de figuras parentales, abandonos o abusos y con muchas frustraciones tanto en sus necesidades internas como externas. En su infancia pueden aparecer conductas anormales como un cruel maltrato con los animales, graves agresiones hacia otros niños. En la adolescencia pueden parecer como antisociales, transgresores de la ley, líderes y desafiantes.

Existen diversos subtipos de psicópata, pero como características generales, mencionar que el psicópata ignora los códigos sociales y los valores, actúa motivado por sus impulsos y deseos buscando la satisfacción inmediata sin tener en cuenta las personas ni objetos que le rodean, más bien éstos son tratados como medios para obtener su placer. Es intolerable a la frustración, una mínima privación le produce un intenso sufrimiento. El castigo no le conmueve, carece de conciencia y por tanto de culpa, es difícil que sienta remordimientos por haber hecho algo malo, aunque puede engañar con facilidad ya que puede hablar de valores o ética, pero éstos en realidad no son vividos con autenticidad. Tiene dificultades en el pensamiento y la simbolización moviéndose en un plano bastante inmaduro, el lenguaje es concreto, autoritario y cortado.

No asimila la experiencia, por tanto no puede aprender de sus errores. Son indiferentes a lo que piensan los demás, con escasa empatía y muestran tendencias a las relaciones superficiales.
Eva van der Leeuw