viernes, 30 de diciembre de 2016

HAPPY NEW YEAR 2017

Comienza un nuevo año y con el un mundo de oportunidades se abre ante nosotros. El momento es propicio para reflexionar internamente sobre experiencias pasadas, situaciones presentes y el porvenir. Para aprender del pasado, disfrutar el presente y construir un futuro mejor.
Si nos detenemos por un momento y hacemos una pausa para mirar hacia atrás, podremos darnos cuenta que nos encontramos exactamente donde nos han traído nuestras acciones pasadas. El ser humano construye su futuro día a día mediante sus pensamientos, palabras y acciones, y estas a su vez van moldeando el presente.
Algunos pueblos que han tomado consciencia de la importancia de los actos de cada uno de sus habitantes para la consecución de un fin común, han incorporado a sus culturas la tradición de los propósitos a alcanzar en el año nuevo.
Esta tradición es muy sencilla. En ella cada persona se traza metas que hasta ahora no ha podido alcanzar, o no se había planteado y se hace el firme propósito de lograrlas durante el año que recién comienza. Puesto que según la tradición esto ocurre generalmente en alguna reunión social relativa al nuevo año, puede ser la cena de fin de año o la primera reunión de familiares y amigos del año que apenas comenzó, es costumbre comunicarse entre los concurrentes sus propósitos para de esta manera intercambiar opiniones sobre la mejor manera de lograrlos y obtener el apoyo necesario de quien este dispuesto a brindarlo para concretarlos, y si ocurre que se encuentran personas con propósitos comunes, unir esfuerzos para facilitar su consecución.
Esta tradición no esta limitada exclusivamente a propósitos individuales, pueden plantearse también propósitos familiares, de grupo, sociales y hasta mundiales, y de esta manera poner un granito de arena para construir un mundo mejor, el mundo que todos en el fondo deseamos.
Con el pasar del tiempo nuestra voluntad se fortalece y nos sentimos cada vez más capaces de lograr lo que nos propusimos; y no solo eso sino que también sentimos la necesidad de hacer algo por aquellos que hasta ahora no se han propuesto lograrlo pos si mismos, y comienza entonces un proceso de crecimiento en el cual nos volvemos conscientes de que somos dueños de nuestros destinos y capaces de utilizar nuestra voluntad en formas cada vez más creativas y constructivas.
A partir de ese momento vemos los obstáculos solo como situaciones a superar y de las cuales aprender, el contento se abre paso entre los lamentos, la alegría vence a la tristeza y la esperanza, la seguridad y la confianza reinan donde antes se encontraba el temor.
Siempre podemos escoger entre vivir el mundo cual lo conocemos o cambiarlo en el que deseamos, la decisión al final es de cada uno según decida ejercitar su libre albedrío.
Que este nuevo año nos brinde paz, amor, salud, armonía, unión, felicidad y prosperidad.
Feliz 2017 y que todos sus deseos se concreten.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Protegerse de los Psicópatas

Redes analiza esta semana el perfil de un psicópata. Cientos de miles de psicópatas trabajan y viven entre nosotros como personas normales y es posible que sigan un camino hacia la destrucción sin tener ninguna conciencia de ello.

Los psicópatas son muy buenos manipuladores, tienen una falta completa de capacidad de ponerse en el lugar de los demás y una nula capacidad de sentir de remordimiento o de tener conciencia. Al psicópata no se le puede considerar un enfermo mental sino una persona afectada de un transtorno de personalidad.

El prestigioso psicólogo Robert Hare, profesor emérito de la Universidad British Columbia, en Canadá, cuyos estudios sobre psicópatas lo llevaron a desarrollar el famoso test de diagnóstico llamado La Escala Hare, es el invitado estelar de esta semana. " La personalidad del psicópata-- afirma Hare-- se desarrolla muy pronto entre los 3 y los 5 años y sus rasgos tienen poco que ver con la procedencia social y familiar. Un psicópata en un puesto alto de la jerarquía social puede causar estragos". Los investigadores han descubierto que el cerebro del psicópata funciona de forma diferente al de los demás y que los tradicionales programas de rehabilitación ayudan muy poco a los delincuentes psicópatas.

En el plató intervienen Vicente Garrido, psicólogo criminalista de la Universidad de Valencia y Lluís Borràs, psiquiatra forense. El programa contará con sus secciones habituales de reportajes, el experimento y el Informativo 3000.




¿Tenemos todos algún elemento de psicopatía? Es difícil saber lo que caracteriza a un psicópata. Son depredadores sociales. Saben lo que hacen, entienden la diferencia entre en bien y el mal, pero son incapaces de sentir empatía. Les falta la capacidad de entender que lo que hacen tiene consecuencias emocionalmente devastadoras sobre los demás. No sienten ningún tipo de remordimiento, su conciencia no les dice que han actuado mal




Los psicópatas suelen ser, normalmente, mentirosos, violentos y encantadores. Se acogen a las reglas de la sociedad ¿Cómo podemos identificarlos? ¿Podríamos saber si nuestro amigo, nuestro jefe o nuestra pareja es psicópata? Hasta que no comprendamos que tienen una manera distinta de ver el mundo humano, estaremos condenados a ser sus víctimas.




La psicopatía se presenta bajo más caras que la del asesino despiadado. Los psicópatas tienen formas más sutiles de hacer daño que la agresión física y de hecho los peores de ellos llevan trajes impecables, conducen coches de lujo y ocupan algunos de los puestos más importantes en política y empresa: tu jefe podría ser uno de ellos. Robert Hare, Psicólogo de la University of British Columbia, Canadá, vuelve a REDES para hablarnos de peligros que muchas veces preferimos no ver.

Contaremos también con las opiniones de Vicente Garrido, uno de los mayores expertos en psicopatía de nuestro país. Sus investigaciones en la Universidad de Valencia van mucho más allá de los libros y se puede decir que ha mirado a más de un psicópata a los ojos. Esta semana nos hablará de qué hay en esas mentes.

INDICE DE MALDAD

Psicopatía
Los psicópatas son personas capaces de actos delictivos y graves agresiones sin que muestren un sentimiento de culpa. Descubre cómo identificar a los afectados por esta patología y si existe un tratamiento efectivo.

Perfil de un psicópata
En el cine se presentan los casos más llamativos de psicópatas, fríos y calculadores, que cometen actos deplorables, sin sentir remordimiento por ello. Sin llegar a los extremos de los casos excepcionales, el observar alguno de los siguientes rasgos en un familiar o ser querido sería un buen indicio para llevarle a consulta y empezar así a explorar si la persona sufre o no de psicopatía.
A pesar de que la psicopatía en grado extremo se suele reconocer por sus actos delictivos, también existen otras manifestaciones que caracterizan a una persona con este trastorno de la personalidad. Estos podrían ser algunos síntomas y rasgos típicos del perfil de un psicópata:
Muestra impasividad, e incluso frialdad, y falta de empatía con los sentimientos de los otros.

Manipulador, con cierto encanto personal, capaz de conseguir lo que quiera de los demás.
En su grado extremo se muestra eminentemente transgresor de las normas sociales de convivencia, caracterizado por su conducta criminal y su crueldad.
Falta de culpa y de remordimiento en aquello que hace, a sabiendas del daño que pueda estar causando.
Tienen una capacidad de juicio claro, distinguiendo entre el bien y el mal, con una inteligencia normal e incluso a veces superior a la media.
Con incapacidad para formar relaciones personales o sociales sanas, estables y duraderas.
Ausencia de alucinaciones o delirios, o de estado de irritabilidad o ansiedad que puedan conducir su comportamiento.
Pensamiento y conducta guiados por el raciocinio y el pragmatismo, con un escaso papel otorgado a los sentimientos, imbuido de lo que algunos autores han denominado narcisismo social.
No suelen sentir miedo ni responden temor al castigo de sus actos.
No tienen en consideración la opinión de los demás, y no sufren tensión por la desaprobación social por sus actos.
Son personas aparentemente controladas, que tratan de llevar una vida normal, ocultando sus verdaderas tensiones e intenciones.
Son personas que no huyen de las situaciones de estrés y de riesgo, sino que lo buscan, por ejemplo practicando deportes extremos como forma de liberar sus tensiones internas.
En algunos casos pueden mostrarse irritables e irascibles, pudiendo desencadenarse una situación de violencia física o verbal sin que haya motivo aparente para ello.
Los psicópatas son personas que, además, suelen mostrar conductas adictivas, ya sea en el ámbito comportamental como en el caso de la cleptomanía o del consumo de sustancias ilegales.

Uno de los temas que más interés levanta dentro de la psicología es el del psicópata. En cuanto uno nombra esta palabra, lo primero que se le viene al lector a la cabeza son personajes como Anibal Lecter, Dexter Morgan, o incluso Patrick Bateman, personaje interpretado por Christian Bale en American Psycho en la adaptación a la pantalla de la novela de Bret Easton Ellis.

Irremediablemente cuando hablamos de psicópatas, pensamos en asesinos en serie, lo que obviamente nos lleva a alarmarnos cuando encontramos en familiares y amigos, características similares a la de los citados personajes.

Hay que aclarar que ni todos los psicópatas son asesinos seriales, ni todos los asesinos son psicópatas, en algunos pocos casos han coincidido ambos. La industria cinematográfica, es la que se ha encargado de generar una idea del psicópata realmente errónea, y muy alejada de la realidad de la patología.

En este artículo se va a realizar una revisión a las características de la psicopatía, pero recuerde que finalmente es un profesional el que debe emitir el diagnóstico, no simplemente porque alguna persona presente algunas de estas características significa que es un psicópata.

Para mayor claridad sobre los rasgos de la psicopatía vamos a hablar de las características emocionales del psicópata, para luego hacer más hincapié en distintos aspectos de su estilo de vida:

1- Emotivos: El área emocional/interpersonal, es sin lugar a dudas la que más diferencia al psicópata de la persona normal. Se podría decir que no sienten las emociones como el resto de las personas. Se muestran como personas locuaces, se expresan con encanto, tienen respuestas vivaces y presentan historias muy improbables, pero convincentes, que les deja a ellos en buen lugar.

2- Superficiales: Se observa mucha superficialidad, habla de cosas atractivas para las que no tiene preparación, como poesía, literatura, sociología, o filosofía. Y no le suele importar mucho si se evidencia que sus historias son falsas, o lo ponen en evidencia.

3- Narcisistas: El psicópata tiene además, una autoestima muy elevada, un gran narcisismo, un egocentrismo descomunal y una sensación omnipresente de que todo le es permitido. Se siente el centro del universo.

4- Fríos: No experimentan ninguna preocupación por los efectos de sus actos en los demás y, en ocasiones, lo manifiestan claramente. Esta falta de remordimientos y sentimientos de culpa lo lleva a tener una conducta "fría" y distanciada emocionalmente.

5- Mitómanas: Además, tienen mucha dificultad en ponerse en el lugar de los demás (empatía), y suelen mentir, engañar y manipular con el objetivo de salirse con la suya.

6- Impulsivos: A nivel conductual suele ser una persona impulsiva, que no valora los pros y los contras de sus actos. Esta misma impulsividad lo lleva a un deficiente control conductual, es extraordinariamente reactivo a lo que él considera que son las provocaciones o insultos, que no se consideran como tal por otras personas, actuando con violencia física y verbal, normalmente desproporcionada a la "ofensa" sufrida. No posee la capacidad de inhibir su respuesta que generalmente suele ser muy agresiva, tanto física como verbalmente.

7- Adictos a la adrenalina: Siente, además, una necesidad de excitación continuada, lo que le lleva a realizar todos los deportes de riesgo posible, y a consumir distintas drogas por sus efectos eufóricos, sin valorar en ningún momento las posibles consecuencias negativas.

8- Irresponsables: Encontramos también una falta de responsabilidad, tanto individual, como cuando varias personas dependen de él, por ejemplo, empleados o familiares, estos últimos se presentan, en ocasiones, como obstáculos para poder realizar sus deseos, lo que lo lleva a conductas agresivas. La vuelta al hogar se siente como un descanso para reponer fuerzas, más que como una forma de convivir con la familia.

Todos estos rasgos emocionales, de personalidad, y conducta, nos presentan a una persona que no siente remordimientos de sus actos, cuyo objetivo es siempre salirse con la suya, embaucador, que sabe venderse a sí mismo, y que, puesto que no siente empatía, está dispuesto a cualquier cosa para hacer prevalecer sus deseos y opiniones. Cuando alguien le lleva la contra explota con facilidad, y tiene una respuesta muy desproporcionada, y generalmente agresiva, verbal o física.
Señales de alerta en la infancia.

Muchos psicópatas empiezan su carrera de abusos en la infancia. Es fácil ver en ellos conductas habituales de mentir, engañar, originar incendios, tomar drogas, alcohol, vandalismo, violencia hacia sus compañeros, una sexualidad precoz, y fugas del hogar y de la escuela. Estas conductas de forma aislada no es suficiente para el diagnóstico de psicopatía, pero si es conveniente tenerlas en cuenta.

Esta conducta antisocial se va presentando en los distintos momentos y etapas de desarrollo, llegando a constituir lo que muchas veces se diagnóstica como un trastorno de personalidad antisocial.

La psicopatía no necesariamente se relaciona con personas que matan o asesinan, pero en algunos casos, el nivel de excitación que consiguen estas personas con estos actos los ha llevado a repetir los mismos, o incluso, si en el camino de sus objetivos se ha interpuesto alguien, y había que eliminarlo, fue fácil decidir tomar la decisión. Entienda el lector, que aunque estas personas son más propensas a la agresividad, no significa que necesariamente esta tenga que acabar en homicidio. Como siempre, ante cualquier duda lo más apropiado es visitar a un especialista de salud mental, psicólogo o psiquiatra, que emita un adecuado diagnóstico al respecto.

Maldad¿ por que?

Sobre el gen de la maldad se ha escrito e investigado muchísimo. Es realmente interesante ¿Los psicópatas tienen una composición genética especial que determina su enfermedad? Lo cierto es que hay numerosos estudios que se centran en el debate sobre si existe el gen de la maldad; por otro lado, los resultados de estos estudios no apuntan en la misma dirección, algo que ha hecho que el debate se abra aún más.
La crueldad está asociada al cromosoma X que fabrica MAO-A. Cuando Hans Brunner decidió investigar el caso de una familia holandesa en la que 40 de sus miembros varones habían cometido crímenes descubrió que todos tenían el MAOA-A.
Según el doctor Nigel Blackwood miembro del Instituto de Psiquiatría en King College, el MAO-A no es el promotor de crimen en sí, también influye una infancia traumática. Lo más interesante sobre la idea del MAO-A para él es que se pueda elaborar una terapia adecuada para estas personas en las que la genética les juega un flaco favor.
El doctor Kent Kiehl, neurocientífico de la Universidad de Nuevo México, descubrió que los psicópatas tienen menor densidad neuronal en el sistema paralímbico, que es una de las zonas fundamentales para el procesamiento de las emociones.
Según el doctor Marcelino Cereijidon “No existe un gen de la maldad en el ser humano, pero hay circunstancias biológicas y culturales que propician la perversidad”. Quizás esta podría ser la explicación más interesante.
A lo largo de la historia de la psicología ha habido numerosos experimentos que han cuestionado la maldad intrínseca en el ser humano, uno de ellos “El experimento Milgram” alentaba a un grupo de voluntarios a que pulsara un aparato de descargas eléctricas, el 65% de los participantes dieron descargas eléctricas hasta nada más y nada menos que 240 voltios.
Otro experimento El experimento de la cárcel de Stanford escogió a personas que desempeñaran el papel de carceleros y otros el rol de prisioneros, hasta el propio psicólogo que ideó el experimento decidió suspender el experimento porque tanto presos como carceleros habían asumido el papel como si fuera real.
¿Entonces existe la maldad intrínseca en el ser humano de modo que todos podemos ser crueles al extremo en un momento determinado? ¿O esta idea es una auténtica locura? Ahí dejamos una cuestión que ha suscitado y sigue suscitando numerosos debates encontrados. De lo que no cabe duda, partiendo de los experimentos de psicología social, es que las condiciones en las que nos movemos pueden ejercer sobre nosotros un poder enorme.
Finalmente, quizá lo más hermoso de estos experimentos no es descubrir que, bajo determinadas circunstancias, una gran mayoría de nosotros podemos causar un daño muy grande. La mayor fuente de esperanza es que hay personas, héroes, que aunque se encuentren en un contexto propicio para causar daño, no lo hagan.


​Los 22 niveles de maldad según la escala de Michael Stone

Una herramienta que permite ubicar a los criminales en uno de los 22 niveles de maldad.Michael Stone es un doctor especializado en psiquiatría forense de la Universidad de Columbia que ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar y analizar en detalle comportamientos de todo tipo de asesinos. Gracias a toda esa investigación, pudo elaborar laescala de la maldad.

Most Evil: elaborando una escala de maldad

Stone dirigió el programa Most Evil (en España, Perfil de un psicópata) en el canalDiscovery Max, donde expone dicha clasificación que él denomina “escala de maldad”. En los distintos capítulos del programa se muestra la vida y crímenes de varios asesinos, sobre los cuales se realiza una investigación y se explica cada caso en detalle, teniendo en cuenta todos los factores que hayan podido influir, predisponer y explicar el porqué de su conducta, para poder clasificarlo posteriormente en dicha escala.

Una herramienta para valorar el grado de psicopatía

La escala de la maldad fue creada minuciosamente atendiendo a muchos tipos de factores: ambientales, neurológicos y genéticos. El objetivo era desglosar cada caso en unidades pequeñas, como si de moléculas se tratase, para así tener la mayor precisión posible y determinar la razón por la que una persona puede llegar a cometer algo tan atroz como un asesinato.
En la escala de la maldad se plantean preguntas que ayudan al profesional a conocer las particularidades de cada caso. Por ejemplo, exploran si el sujeto tuvo una infancia traumática, sus motivaciones para cometer asesinatos, por qué tienen preferencias por unas víctimas u otras... Un punto clave en esta escala de maldad es, valga la redundancia, la maldad y el sadismo propiamente dicho plasmado en el crimen, es decir, la meditación de éste, el método de muerte que se utilizó, etc. Por tanto, se utilizan juicios de valor, de moralidad, de ética y otros para clasificar a los sujetos en un punto en concreto dentro de esta escala.

Analizando la mente y el cerebro del asesino

En adición, Stone nos permite adentrarnos profundamente en la mente del asesino, examinando cómo funciona el cerebro de las personas que cometen delitos de sangre, así como sus sentimientos hacia la víctima en función del grado de maldad en el que se encuentren a partir de su escala de maldad
En algunas ocasiones se complementa la información con pruebas de escáner cerebral, haciendo visualizar a la persona diferentes fotografías y palabras desagradables emocionalmente, o bien de lo contrario, es decir, imágenes que evocan sentimientos positivos como el amor.

Los 22 niveles de maldad

La escala en cuestión es una jerarquía que asciende progresivamente desde el nivel 1 hasta el 22, siendo mínima o nula maldad (nivel 1) a máxima (nivel 22).
Después de esta introducción, vamos a conocer el modelo de la escala y sus distintos niveles.
  • Nivel 1: mataron exclusivamente en legítima defensa, no muestran ningún tipo de tendencia psicopática.
  • Nivel 2: crímenes pasionales cometidos por amantes celosos. Pueden resultar inmaduros y/o egocéntricos pero no son psicópatas.
  • Nivel 3: compañeros, socios o amantes entusiastas de peligrosos homicidas. Tienen personalidad impulsiva y aberrante con rasgos antisociales.
  • Nivel 4: matan en autodefensa, pero provocaron en gran medida que sucediera la agresión hacia ellos.
  • Nivel 5: individuos traumatizados psicológicamente que están desesperados y asesinan a familiares que abusaron sexualmente de ellos. Pueden incluirse drogodependientes que el motivo de su asesinato es para conseguir dinero o droga, pero no poseen características psicopáticas significativas. Tienen cierto remordimiento por los actos cometidos.
  • Nivel 6: actúan impulsivamente, “en caliente”. No tienen características psicopáticas marcadas.
  • Nivel 7: individuos altamente narcisistas, no distinguibles de personas con algún tipo de trastorno psicótico, matan a gente de su entorno principalmente por celos o pasión.
  • Nivel 8: personas no psicópatas pero con altos niveles de furia reprimida, llegan a matar cuando algún evento la desencadena o enciende.
  • Nivel 9: amantes celosos despechados con características psicopáticas.
  • Nivel 10: asesinos que mataron a gente que se interponía en su camino o testigos que pudieran delatarle. Tienen personalidad egocéntrica pero no psicopática claramente distinguible.
  • Nivel 11: lo mismo que el nivel diez pero esta vez con personalidad psicopática notable.
  • Nivel 12: psicópatas ansiosos de poder que asesinaron cuando se sintieron acorralados.
  • Nivel 13: psicópatas repletos de furia, los cuales perdieron el control de ésta.
  • Nivel 14: conspiradores psicópatas despiadadamente egocéntricos, desean obtener un beneficio de alguien.
  • Nivel 15: psicópatas multihomicidas que en un día de estallido de furia (spree killing) matan a tantas personas se crucen por delante suyo a sangre fría.
  • Nivel 16: psicópatas que cometen varios o múltiples actos criminales, no se conforman con asesinar una vez y pueden incluir actos viciosos.
  • Nivel 17: asesinos seriales sexualmente perversos y torturadores-asesinos, aunque su finalidad principal es la violación pues el homicidio posterior es con el propósito de que la víctima no lo denuncie.
  • Nivel 18: homicidas que suelen torturar previamente a sus víctimas, aunque su principal motivación es el asesinato.
  • Nivel 19: psicópatas inclinados hacia el terrorismo, la subyugación, violación e intimidación.
  • Nivel 20: torturadores y asesinos psicóticos en quienes la tortura es la principal motivación.
  • Nivel 21: psicópatas interesados en extremo en la tortura, pero de quienes no se sabe a ciencia cierta si han cometido homicidios.
  • Nivel 22: torturadores extremos y asesinos psicopáticos, los cuales la tortura es la principal motivación. Sus crímenes involucran tortura sexual prolongada, seguida por el asesinato de sus víctimas.

Perfil de un psicópata

Por último, aquí os facilitamos el link con varios capítulos del programa “Perfil de un psicópata”, para que podáis observar cómo se clasifican a distintos homicidas distinguidos en la escala de maldad. También podéis ver el programa actualmente en televisión en el canal Discovery Max.


Niveles de maldad según la escala de Michael Stone

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena
La maldad ajena no debe hacer que cambiemos nuestra forma de ser y que desconfiemos de todos los que nos rodean. La culpa nunca será nuestra, sino de los que intenten aprovecharse de nosotros

En ocasiones, pecamos de inocentes. No vemos venir las dobles intenciones, los egoísmos encubiertos o las falsedades envueltas en papel de regalo y accionesamables.

La maldad, o mejor dicho, las traiciones o el interés ajeno es algo muy común en nuestras relaciones de cada día.
Hay quien suele predicar aquello de “piensa mal y acertarás”, pero las buenas personas o aquellas que, sencillamente, prefieren siempre ver lo mejor de todo aquello que les envuelve, no suelen tener esta visión de los acontecimientos.
La nobleza de corazón mira siempre el lado bueno de las personas, prefiere entregarse, dar segundas oportunidades y practicar la confianza. De ahí, que a lo largo de sus vidas se lleven más de una decepción. 

La maldad encubierta y los egoísmos disfrazados
Recientemente, el psicólogo e investigador Howard Gardner sorprendió a los medios con un comentario que dio la vuelta al mundo.
Según el profesor de Harvard y gran divulgador sobre la inteligencia humana, las malas personas nunca llegan a ser buenos profesionales. Podrán alcanzar el éxito, pero nunca la excelencia.

Para Gardner, las buenas personas son aquellas que no buscan el reconocimiento, sino que se ven motivadas en sus trabajos por ofrecer un bien y un beneficio común. Es entonces, a través de esta visión y este sentimiento, cuando una persona llega a ser un buen profesional en su trabajo.

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Lo mismo ocurre en el ámbito privado y relacional. Esa excelencia “personal” solo se alcanza propiciando el bienestar ajeno y el respeto mediante la reciprocidad.
Quienes no practican esta apertura emocional y buscan solo el interés propio, no construyen lazos, no crean puentes ni refuerzan vínculos con los suyos.
No obstante, un problema añadido es que las personas con buenas intenciones y nobles de corazón no suelen percibir a aquel que va con mala intención.

El interés encubierto

Según diversos estudios científicos realizados por el psicólogo Robert Feldman de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos) cerca del sesenta por ciento de las personas suelen decir de media unas tres mentiras diarias.
Ahí se incluyen desde omisiones, exageraciones hasta falsedades serias que persiguen un interés egoísta. Podríamos concluir con ello de que hay “mentiras piadosas” y “grandes falsedades”, siendo estas últimas las más destructivas.
El interés encubierto es aquel que busca un propósito y que no duda en llevar cabo ciertos comportamientos engañosos para alcanzar un fin.
Los expertos en comportamiento humano nos indican que todos nosotros, de algún modo, buscamos beneficios de todos quienes nos rodean.
No obstante, lo más común es esperar respeto, reconocimiento, cariño, amor, amistad… Dimensiones estas que deben ofrecerse siempre en libertad y por voluntad propia.

Las personas que esconden en su corazón ciertas gotas de maldad y una pincelada de sutil egoísmo, manipulan a otras para conseguir sus propósitos.
Se produce pues una clara disonancia entre sus verdaderos sentimientos y las acciones que despliegan. Un comportamiento que no siempre podemos prever y que, por lo general, las buenas personas ni sospechan.
La nobleza de corazón no suele anticipar el falso interés
La razón por la que muchas personas de noble corazón, caracterizadas por practicar la confianza, el respeto e incluso el altruismo no suelen anticipar el falso interés podría deberse a las siguientes razones.
La maldad, o el egoísmo suele presentar un comportamiento encubierto que no es fácil de ver o intuir.

Las buenas personas se caracterizan por tener una gran empatía. La empatía es, ante todo, ser sensible ante las emociones ajenas, emociones como la tristeza, la alegría, la necesidad, la preocupación…
El cerebro humano por lo general, “no suele empatizar con la maldad o el egoísmo”. 

De ahí que no se perciba.


Otro dato que debemos tener en cuenta es que, cuando alguien busca algún propósito de nosotros, hace uso de las sutiles artes del engaño y la manipulación.
Por lo general, despiertan en nosotros la ternura, la amistad, y un sinfín deemociones positivas que nos hacen caer al instante en sus redes.
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Es, sin duda, un proceso muy complejo.

Las decepciones
Las decepciones suelen ser muy frecuentes en el corazón de una buena persona. Casi nadie dispone en su interior de un radar para captar la maldad ajena o la doble intención.

Por ello, la decepción suele ser mayor: nos decepcionamos por ese dolor que nos han causado al caer en el engaño, y también nos contrariamos con nosotros mismos, por no haberlo anticipado; por, como suele decirse, “pecar de ingenuos”.
No obstante, antes de martirizarnos con este tipo de pensamientos destructivos personalizándolos, hemos de asumir lo ocurrido como una experiencia, como un aprendizaje.

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Las decepciones deben abrirnos los ojos, pero nunca cerrarnos el corazón. De lo contrario dejaremos de ser nosotros mismos y eso es algo que no podemos permitir.
No dejes que comportamientos ajenos te obliguen a ser alguien que no eres.

sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Cómo actúa la envidia en nuestras vidas?


En muchas ocasiones de nuestra vida hemos escuchado sobre "la envidia sana", sin embargo, éste es un sentimiento colmado de rencor y de malos deseos. Lo que sucede es que, en muchas ocasiones, para disminuir el efecto que la palabra "envidia" tiene, le solemos llamar "envidia sana", con el propósito de que no sea tomado como un sentimiento negativo hacia una persona, pero ¿realmente existe la envidia sana? o ¿simplemente se trata de una falsedad que se suele decir para quedar bien frente a otras personas?

Por qué surge la envidia


La envidia puede tener muchos orígenes, pero lo más destacado de este sentimiento negativo hacia los demás es la misma persona y su forma de ver las cosas en su vida. Generalmente, esta emoción surge debido a que se padecen frustraciones personales, baja autoestima, o a la dificultad de poder conseguir objetivos que se han planteado en la vida. Cuando a otras personas del entorno tienen una mejor condición de vida y esta situación no es aceptada, es allí cuando surge este sentimiento. La inseguridad es otro de los factores que hace que se genere este estado de resentimiento.
El anhelar lo que los demás poseen o tener una vida similar a la de otros es una clara muestra de que la persona es insegura y egoísta. Este profundo sentimiento negativo generalmente lo podemos observar en nuestro grupo familiar o amigos, vemos a personas que nos rodean que no son capaces de disfrutar de los buenos momentos en la vida de otros.


¿Puede catalogarse a la envidia como una actitud positiva y sana?


La envidia es un sentimiento negativo que también se compone de otros estados emocionales como el rencor, la avaricia, el odio, lafrustración, y nunca puede ser catalogada como un sentimiento positivo o sano. El término tan popular de "envidia sana" no es más que una máscara.
Las personas que sienten envidia de forma constante padecen una gran frustración, lo cual puede desembocar en una depresión. La envidia se asocia a una baja autoestima, al miedo o inseguridad, así como a la depresión, por lo que hablar de "envidia sana” puede considerarse, sobre todo, como una manera de atenuar, en el discurso, los sentimiento negativos que muchas personas tienen hacia otras.

La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir enormemente a muchas personas. Tanto a los envidiosos como a sus víctimas. Puede ser leve o intensa, simple o compleja, consciente o inconsciente, explícita o involucrada en algunos síntomas neuróticos... No hay envidia "sana". La envidia es siempre un doloroso sentimiento de frustración por alguna carencia que, siendo nuestra, nos parece que los demás no tienen, por lo que sufrimos contra ellos, consciente o inconscientemente, una gran hostilidad. ¿Por qué?
El envidioso es un insatisfecho que, con frecuencia, no sabe que lo es. Por ello siente secretamente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad...) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o realizar sus deseos, el envidioso simplemente odia y desearía "destruir" a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación. La envidia es, de este modo, la rabia vengadora de quien, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas más débiles en cualquier sentido.
La envidia es parte inseparable de esa otra gran defensa neurótica, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, lograr valoración en toda circunstancia. Por eso tantas personas se sienten continuamente amenazadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás y, atormentadas por la envidia, viven en perpetua competencia contra todo el mundo. No es ya que los demás tengan cosas que el envidioso desea. ¡Es que las desea precisamente porque los demás las tienen! El envidioso es un niño inmaduro. Y su sufrimiento condiciona enormemente su personalidad, su estilo de vida y su felicidad.
Las formas de expresión de la envidia son innumerables. Por ejemplo, críticas, murmuración, injurias, desdén, rechazo, agresiones, dominio, represión, humor negro, rivalidad, difamación, venganzas... A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos (algunos complejos, ansiedades, depresiones, malos tratos...). En las relaciones personales, familiares y de pareja, está involucrada en muchos conflictos y rupturas. En lo sociopolítico, su influencia es determinante. Por ejemplo, la envidia masculina del poder sexual, emocional y procreador de las mujeres alimenta el machismo. La envidia de la fuerza y despreocupación del varón nutre el feminismo. La envidia de los pobres estimula la protesta social. La envidia de los ricos fomenta sus luchas intestinas. La envidia de los vanidosos sostiene las artes y espectáculos. La envidia de las mujeres robustece el colosal negocio de la belleza y las modas. La envidia de los hombres excita su competitividad y sus negocios. La envidia sexual es el combustible del morbo y la pornografía. La envidia económica desenfrena el motor consumista... Etcétera. 
No hay que confundir la envidia con los celos, que son cosas muy distintas. La envidia desearía destruir al objeto-espejo. Los celos, en cambio, desean conservar a toda costa el afecto del otro/a. No obstante, ambos sentimientos pueden ir juntos a veces. Por ejemplo, en los casos de infidelidad amorosa, algunas personas agreden a su pareja infiel no sólo por el dolor de los celos ("agresión-castigo"), sino también por su secreta envidia... ¡pues el engañado/a estaba reprimiendo sus propios deseos de ser infiel! Etcétera.  
En suma, cuanto más infantil, neurótica o insatisfecha es una persona, tanto más envidiosa resultará necesariamente. La envidia sólo se cura madurando la personalidad y resolviendo las propias carencias. La persona madura no envidia a nadie.

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL MIEDO COMO AFECTA

Tengo miedo
Me atemoriza cambiar, empezar, perder, arriesgar, imaginar, soñar, decir mucho, callar demasiado, ayudar, errar, fallar, rendirme, caer, quedarme, irme, volver de nuevo, decidir, dejar de reir, no llorar más, avanzar poco, correr mucho…
Temo este mundo que se me viene encima, temo todo lo que conocí y lo que me queda por conocer; lo que hice, lo que dejé por hacer y lo que haré, así como sus consecuencias…
Tengo miedo a confiar, a sentir, a explorar, a probar, a descubrir sin querer, a querer y no poder, a poder y no saber, a saber sin conocer…
Vivo presa del miedo y ni siquiera sé si merece la pena salvarme, aunque nadie puede hacerlo puesto que siempre llevo encima mi viejo escudo, grueso, impenetrable, para que nadie pueda ver que estoy realmente aterrada.
“Cuantas cosas perdí por miedo a perder” Lo más importante; la vida. Al final es que nos damos cuenta que la perdemos por simple temor.Se puede deber a algo que pasó, que está sucediendo o que podría pasar. Es difícil de controlar y puede provocar todo tipo de reacciones, tales como parálisis o ataques de ansiedad. En su versión más extrema, lo que se padece es el terror. Lo curioso es que no siempre es el espejo de algo real. Muchas veces se teme a algo que no existe, que es producto de la imaginación, como los monstruos.
¿POR QUÉ SE TIENE MIEDO?
Porque el miedo es saludable. ¿Qué? Sí, así es. El miedo, bien entendido, es necesario porque posibilita evitar algo doloroso o peor aún, ya que es un mecanismo de defensa que está ‘tallado’ en el ADN de los seres humanos. ‘Eso’ que está en el cuerpo se activa ante el peligro y permite responder con mayor rapidez y eficacia ante las adversidades. Fue aprendido por los primeros habitantes de la Tierra y forma parte del esquema adaptativo del hombre.
Claro que también hay miedos irracionales, como el temor a lo que no existe, pero la presencia de la reacción es beneficiosa para la supervivencia tal y como verán a continuación.
¿CÓMO AFECTA EL MIEDO AL CUERPO?
La manifestación fisiológica del miedo se da en el cerebro, concretamente en el cerebro reptiliano y en el sistema límbico. Ocurre porque el cerebro está todo el tiempo escaneando a través de los sentidos todo lo que sucede alrededor de la persona, incluso cuando duerme. Si en algún momento detecta un peligro, se activa la amígdala cerebral –situada en el lóbulo temporal– y se producen cambios físicos inmediatos que pueden favorecer el enfrentamiento, la parálisis o la huida.
En el cuerpo:
  • Se incrementa el metabolismo celular.
  • El corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, especialmente adrenalina.
  • Aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea.
  • Se detiene el sistema inmunitario, al igual que toda función no esencial.
  • Se dilatan las pupilas para facilitar la admisión de luz.
  • La sangre fluye a los músculos mayores, especialmente a las extremidades inferiores.
  • El sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante y los lóbulos frontales –encargados de cambiar la atención consciente de una cosa a otra– se desactivan parcialmente.
  • Taquicardia.
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Retroalimentación del temor y pérdida del control sobre la conducta.
  • Falta de armonía en los riñones, lo que puede hacer que la persona se orine involuntariamente.
Todo facilita la respuesta del individuo ante el peligro y esto sucede por igual ante cualquier tipo de miedo.
Claro que también puede haber consecuencias negativas cono:
Si lo que se experimenta es un miedo intenso o un trauma, este queda fijado en la memoria con mayor intensidad. Esto tiene una lógica evolutiva: lo que daña se fija con mayor fuerza que aquello que da placer, porque resulta más adaptativo. Por ejemplo, basta quemarse una vez con fuego para no volver a posicionar sin cuidado cualquier parte del cuerpo sobre una llama. Si alguien se olvidara inconscientemente de esto, se podría quemar día tras día.
¿CÓMO AFECTA EL MIEDO A LA MENTE?
El miedo hasta ahora descripto guarda relación con el mundo real, pero también existe el miedo imaginario o neurótico que no tiene correspondencia con el peligro. Le sucede a aquellos que evalúan por demás algo que tienen que hacer y terminan por imaginar el peor de los escenarios posibles, uno que no tiene por qué ser el más probable o ni siquiera ser tan perjudicial como se lo supone.
Una de las situaciones más comunes se da cuando un individuo tiene miedo al rechazo. Esto también está en el ADN. Como la supervivencia de los primeros hombres dependía de su comportamiento en grupo, si alguien era expulsado de la comunidad quedaba a merced de los depredadores. Pero hoy la situación cambió. Hay cientos de grupos de pertenencia y los ‘depredadores’ no son tan temibles como los que habitaban la estepa africana.
¿CÓMO SE ENFRENTA AL MIEDO?
Como primera medida, al miedo hay que naturalizarlo, es decir, aceptarlo ante el peligro y nada más. Y todo lo que esté en la cabeza, regularlo. El temor en una entrevista laboral o en una primera cita es normal. Pero al ‘otro miedo’ hay que tratar de expulsarlo. Es un impulso interior que busca defendernos de un peligro irreal que la mente se esfuerza en creer.
Claro que ante una patología el mejor camino es siempre consultar a un profesional de la salud mental, quien podrá trabajar para desactivar esas falsas alarmas.
¿A qué le tienes miedo? ¿Sueles temer a algo irreal? Si quieres experimentar el terror, no te pierdas Sé lo que hicieron el verano pasado.