sábado, 21 de septiembre de 2013

La consciencia y el conocimiento propio.

Desde el punto de vista de la mente humana, qué triste es que las ilusiones hayan de ser destrozadas. Pero nosotros consideramos mucho más prudente y mucho menos doloroso destrozar esas ilusiones mediante el diestro uso del discernimiento espiritual, a que dichas ilusiones sean quebradas por la ley superior cuando ésta le devuelva a la puerta de cada hombre las energías negativas que él ha enviado.



El anhelo de entablar amistad con el hombre

Viajemos por la noche de la razón humana. Atravesando la maleza de una tierra salvaje, ¡de repente aparece una luz! Es una luz situada en la cima de un monte, Vagamente, entre la niebla, percibimos un viejo castillo. Y el débil rayo de luz de la ventana es un resplandeciente filamento de esperanza.

Allí hay alguien, alguien que nos recibirá. Nos acercamos con cautela. Pero al aproximarnos, el corazón, previendo una cálida recepción, se regocija. Sí, grande es la esperanza que el corazón alberga por escuchar la palabra "amigo".

Llegamos así a la regla de oro: "Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos". Al usar las energías de Dios, (utilizaremos el termino Dios para referirnos al Ser Universal, sin tener ninguna trascendencia religiosa concreta) o al abusar de ellas, atraemos una cadena de afinidades que une muchas de nuestras vidas pasadas con la presente.

Algunas veces las madejas del reconocimiento aparecen en un momentáneo hilo de contacto. Las almas entran en contacto con lo amargo y lo dulce de la experiencia pasajera cuando un toque hace tiempo olvidado provoca que cobre vida una relación humana. Si pones este motivo a contraluz frente a la ventana del castillo, comprenderás cómo los hombres buscan el pasado con el anhelo de ser aceptados, de entablar amistades y de sentir que pertenecen a algo.



Unidad material y espiritual

Hazte las siguientes preguntas: ¿Crea el Creador eterno sin la esperanza de que Su creación alcance la unidad espiritual? ¿Debería la unidad ser sólo espiritual o debería ser tanto espiritual como material?

Cuando tienes conocimiento de la llama de la vida que arde dentro de tu alma, percibes tanto las cualidades naturales de la vida como las sobrenaturales. Lo natural puede adquirir propiedades sobrenaturales o inusuales, en tanto que lo sobrenatural puede parecer natural.

Independientemente de lo que la otra persona pueda llegar a hacerte, nunca hay excusa que justifique el hecho de devolver a esa persona, con la misma moneda, un acto de maldad. Ello no excluye la posibilidad de que el individuo, con la dignidad de su ser, evite subordinarse a la necedad humana. Por lo tanto, por reverencia al resplandor de divinidad que se encuentra en el alma, los hombres pueden extender el bálsamo del perdón a todos con quienes se encuentren, sin por ello convertirse en víctimas de energías perversas. De esta manera podemos construir la nobleza de carácter a imitación del Ser Divino.



Liberación de estados de ánimo agobiantes

Que todos aprendan, pues, que hay que amar por igual a amigos y enemigos. Algunas veces los amigos son más peligrosos que los enemigos, porque los enemigos sabemos que lo son, pero a los amigos sólo los conocemos como tales, aunque puede que sus pensamientos de crítica y control sean casi audibles. Muchas veces los hilos del egoísmo, tejidos por debajo de la superficie de la conciencia, motivan a los individuos a intentar controlar ilícitamente las vidas de los demás.

Cuando alguien busca consejo, éste se puede ofrecer con impunidad. Cuando se ofrece el consejo sin que haya sido solicitado, con frecuencia se convierte en una responsabilidad kármica. Y cuando es despreciado, el invisible choque de una mente contra otra crea karma para ambas partes.

Hay veces en que la turbulencia y la tensión presente entre las personas le dejan a uno con una sensación deprimente en el estómago, debido a que toda discordia establece una interferencia con el patrón de energía/luz que pasa por el plexo solar. El primer paso para lograr la integración sana con la presencia divina es eliminar la tensión de los cuatro cuerpos inferiores: del cuerpo físico, del cuerpo de los deseos, del cuerpo mental y del cuerpo de la memoria.

Los años pasan, y también pasan las vidas. Los asuntos humanos son, con frecuencia, un embrollo. Pero la mejor manera de desenredarse uno mismo, y de desenredar las energías de los patrones kármicos que regresan hasta nosotros para su solución, es conservar la sensación de estar unido al Ser de Luz y a todos sus hijos e hijas. El simple hecho de tener problemas con alguien no quiere decir que esos problemas deban continuar. Permite que tus experiencias le enseñen al alma oprimida a liberarse de los estados de ánimo agobiantes.



La ira es un peligro para el alma

Cuando los hombres se burlan de los principios y violan aquellos que son básicos en la vida, esto puede, legítimamente, provocar indignación en otros. Existe la ira justa, pero ésta tiene que ver con principios y no con personas.

Uno nunca debería dirigir su ira hacia otra persona. Cual nubarrón que oculta el Sol, las oscuras nubes de la ira ocultan el sol del alma.

Si una persona se acuesta sintiéndose injustamente colérica con alguien, la funda astral, conocida por ka, puede salir de esa persona cargada de ira y la puede dirigir contra la confiada víctima. Incluso sin que uno sea consciente de ello, la ira que no hemos controlado puede ser un instrumento provocador de desgracias o incluso de muerte súbita para nuestro prójimo.

Mientras una persona duerme la mente subconsciente asume el control y, entonces, el fantasmal ka, que no está bajo el gobierno de la mente consciente y con capacidad de discernimiento, se dedica a realizar los deseos desenfrenados. Cuando la persona se despierta por la mañana, no conserva recuerdo alguno de las fechorías de su ka. Sin embargo, será kármicamente responsable del daño que su subconsciente haya inflingido a un enemigo o a una víctima inocente.

Por lo tanto, antes de que se ponga el Sol y te acuestes, es importante hacer las paces con el Ser de Luz y con el hombre en todos los niveles de conciencia.



Abre la puerta de la alegría y la realidad

Cuando los hombres se atavían con la vestidura de la avaricia y del egoísmo, se cubren de absurdas idiosincrasias. Cuando moldean sus vidas con caprichos en lugar de con la geometría de la ley cósmica, cuando imaginan que Dios es por completo impersonal y que no siente interés personal por ellos o por su destino, le cierran la puerta a la alegría y a la realidad.

Para quien está comenzando a comprender que él mismo es un componente del Ser de Luz, el mundo es una nova. La aurora de cada día le reanima. El mundo renace a su alrededor. Su cansada alma se deshace de fantasías y frustraciones. Al fin, abre los ojos y contempla la realidad.

Desde el principio de los tiempos hasta el final, Dios ha enviado y enviará maestros servidores para que enseñen a Sus hijos a seguir los caminos de la automaestría que les conducirán a reunirse con Él. El Ser de Luz procura que todos Sus hijos sean elevados gradual y permanentemente a la visión del yo que revela la totalidad del hombre divino, el Yo real.



***

¿Que es la consciencia?
¿Es el mecanismo biológico que nos da cuerpo como seres individuales?
¿El que nos define como ser, distinto, a los "otros"?
Durante mucho tiempo se ha considerado que la vida psíquica sólo tenia lugar en la esfera consciente del hombre y que aquellos procesos que no se actualizaban en la conciencia carecían de existencia. Si se admite esta afirmación nos encontraremos con que nos es imposible comprender una serie de fenómenos que diariamente observamos. Así, por ejemplo, ¿cómo nos explicaremos que un joven de catorce años se dedique a robar dinero a pesar de la educación familiar y contra todo punto de vista lógico? El muchacho sabe que no debe robar (consciencia) que el persistir en su conducta le traerá complicaciones e incluso severos castigos, pero a pesar de todo, roba. Algo le impulsa desde su interior a realizar estas acciones.
Es la exteriorización de lo inconsciente.
Vemos pues, que en el inconsciente tiene lugar un proceso psiquico muy complicado que se manifiesta a través de una conducta extraviada. Si preguntáramos a este muchacho por qué sigue robando, seguramente sería incapaz de darnos ninguna respuesta.
El acontecer psíquico inconsciente no actúa solamente en casos excepcionales, sino que influye en toda nuestra vida consciente con fenómenos de los que no podemos dar razón. En todos los casos tienen lugar muchos más acontecimientos en la vida inconsciente que en la propia esfera consciente.
Sólo una parte pequeña de lo que nos sucede se manifiesta con claridad consciente; la mayor parte permanece oculto aunque influye decisivamente en nuestra vida y la condiciona terrible y fatalmente.
Analizando estas razones, nos damos cuenta, de que debemos ejercitar la consciencia lo máximo posible.
Para comprender los innumerables problemas que tiene cada uno de nosotros, ¿no es esencial que haya conocimiento propio (consciencia)?
Esa percepción alerta respecto de uno mismo es una de las cosas más difíciles que hay; no significa aislamiento, un retirarse del mundo. Obviamente, es esencial que nos conozcamos, pero ello no implica que hayamos de separarnos de nuestras relaciones. Sería, por cierto, un error pensar que uno puede conocerse a sí mismo de una manera significativa, completa, plena, mediante el aislamiento, la exclusión, o acudiendo a algún psicólogo o a algún sacerdote, o que puede aprender conocimiento propio por medio de un libro.
El conocimiento propio es un proceso, no es un fin en sí mismo, y para conocernos debemos estar atentos a nosotros mismos en la acción, la cual es relación. Uno se descubre a sí mismo, no en el aislamiento, no en el retiro, sino en la relación: relación con la sociedad, con nuestra esposa, nuestro marido, nuestro hermano; relación con la humanidad.
La transformación del mundo resulta de la transformación de uno mismo, porque uno mismo es producto y parte del proceso total de la existencia. Sin conocer lo que somos, no hay base para el recto pensar ni puede haber transformación alguna.
El conocimiento propio es el descubrimiento, de instante en instante, de las modalidades del "yo", de sus intenciones y de su actividad, sus pensamientos y apetitos. Jamás puede existir "su experiencia" y "mi experiencia"; la expresión misma "mi experiencia" indica ignorancia, demuestra que uno acepta la ilusión.
Y en ella aflora... la inconsciencia.

viernes, 20 de septiembre de 2013

INCONSCIENCIA ORDINARIA E INCONSCIENCIA PROFUNDA


¿A qué te refieres cuando haces mención a diferentes niveles de inconsciencia?

Como probablemente sabes, cuando duermes, pasas constantemente de una fase de sueños a otra fase sin sueños. Asimismo, en el estado de vigilia, la mayoría de la gente alterna únicamente entre la inconsciencia ordinaria y la inconsciencia profunda. Lo que yo llamo inconsciencia ordinaria es estar identificado con tus emociones y procesos de pensamiento, con tus reacciones, deseos y aversiones. Es el estado normal de la mayoría de la gente. En ese estado estás regido por la mente egotista y no eres consciente del Ser. No es un estado de dolor o infelicidad agudos, sino de incomodidad, descontento, aburrimiento o nervios casi continuos: una especie de ruido de fondo. Puede que no te des cuenta de ese zumbido de fondo porque ha pasado a formar parte de tu vivencia «normal», del mismo modo que no te das cuenta del zumbido del aire acondicionado hasta que apagas el aparato. Cuando lo apagas, sientes una sensación de alivio. Mucha gente hace uso del alcohol, las drogas, el sexo, la comida, el trabajo, la televisión o incluso ir de compras como anestésicos, en un intento inconsciente de apartar esa incomodidad básica. Cuando esto ocurre, una actividad, que puede ser muy amena si se hace con moderación, queda imbuida de una cualidad compulsiva o adictiva, y todo lo que consigues con ella es un brevísimo alivio de los síntomas.
La incomodidad de la inconsciencia ordinaria se convierte en el dolor de la inconsciencia profunda —un estado de sufrimiento o infelicidad más agudo y evidente— cuando las cosas «van mal», cuando el ego está amenazado o ha de afrontar un gran desafío o una pérdida, real o imaginaria, en su situación de vida o en un conflicto relaciona!. La inconsciencia profunda es una versión intensificada de la inconsciencia ordinaria, distinta de ésta no en cuanto a cualidad, sino en cuanto a grado.
En el estado de inconsciencia ordinaria, la resistencia habitual o la negación de lo que es crea la incomodidad y el descontento que la mayoría de las personas aceptan como parte de su vida normal. Cuando esta resistencia aumenta a causa de alguna amenaza o desafío, se produce una negatividad intensa que da paso a una reacción de ira, miedo cerval, agresión, depresión, etc. La inconsciencia profunda a menudo indica que el cuerpo-dolor ha sido activado y uno se ha identificado con él. La violencia física sería imposible sin la inconsciencia profunda, que también surge fácilmente cuando una multitud de gente, o incluso toda una nación, genera un campo colectivo de energía negativa.
El mejor indicador de tu nivel de conciencia es tu forma de afrontar los desafíos de la vida. Estos suelen hacer que la persona inconsciente se vuelva más profundamente inconsciente y que la persona consciente se haga más agudamente consciente. Puedes aprovechar un desafío para despertar, o puedes permitir que te empuje a un sueño aún más profundo. En tal caso, el sueño de la inconsciencia ordinaria se convierte en una pesadilla.
Si ni siquiera puedes permanecer consciente en circunstancias normales, como cuando estás solo en una habitación, cuando das un paseo por el bosque o estás escuchando a otra persona, es evidente que no podrás mantener la conciencia cuando algo «vaya mal», cuando tengas que enfrentarte a personas o situaciones difíciles, cuando se produzca una pérdida real o potencial. Serás arrastrado por una reacción que, en último término, siempre es expresión del miedo, y arrastrado hacia la inconsciencia profunda. Los desafíos de la vida son tus pruebas. Tu manera de lidiar con ellas es el único indicador válido que te mostrará y mostrará a los demás cuál es tu verdadero nivel de conciencia, que no depende de cuánto tiempo puedes estar sentado con los ojos cerrados o de las visiones que tengas.
Por tanto, es esencial llevar más conciencia a tu vida en las situaciones ordinarias, cuando todo va relativamente bien. Así irá creciendo el poder de tu presencia, que genera en ti y a tu alrededor un campo de energía de alta frecuencia vibratoria. Ninguna inconsciencia ni negatividad, ninguna discordia o violencia podrán entrar en ese campo y sobrevivir, del mismo modo que la oscuridad no puede sobrevivir en presencia de la luz.
Cuando aprendes a ser testigo de tus pensamientos y emociones, que es parte esencial del estar presente, te sorprende el ruido de fondo de la inconsciencia ordinaria y te das cuenta de que muy pocas veces te sientes verdaderamente cómodo contigo mismo, si es que te ocurre alguna vez. A nivel mental, encontrarás abundantes resistencias en forma de juicios, descontento y proyecciones mentales que te alejan del ahora. A nivel emocional, notarás una corriente subterránea de incomodidad, tensión, aburrimiento o nervios. Todos estos contenidos son aspectos de la mente en su habitual modalidad de resistencia.

LA LIBERACIÓN DE LA INFELICIDAD


¿Te disgusta hacer lo que haces? Tal vez te disguste tu trabajo; o puede que hayas aceptado hacer algo y estés haciéndolo, pero hay una parte de ti que se resiente y se resiste. ¿Sientes un resentimiento no expresado hacia alguna persona cercana? ¿Eres consciente de que la energía que emanas tiene unos efectos tan dañinos que te contamina y contamina a los que te rodean? Mira detenidamente en tu interior. ¿Existe algún rastro, por pequeño que sea, de resentimiento o de mala disposición? Si lo hay, obsérvalo tanto a nivel mental como emocional. ¿Qué pensamientos crea tu mente en torno a esa situación? Después observa la emoción, que es la reacción corporal a esos pensamientos. Siente la emoción. ¿Te resulta agradable o desagradable? ¿Es una energía que elegirías tener dentro de ti? ¿Tienes elección?
Quizá se están aprovechando de ti, tal vez estás haciendo un trabajo tedioso, quizá alguien cercano a ti es deshonesto, irritante o inconsciente, pero todo eso es irrelevante. Es indiferente que los pensamientos y las emociones que te provoca esa situación estén justificados. El hecho es que te estás resistiendo a lo que es. Estás convirtiendo el momento presente en un enemigo. Estás creando infelicidad, conflicto entre dentro y fuera. Tu infelicidad está contaminando tu ser interno, a los que te rodean y la totalidad de la psique humana de la que formas parte inseparable. La contaminación del planeta sólo es el reflejo externo de una contaminación psíquica interna: millones de individuos inconscientes que no se responsabilizan de su espacio interno.
Deja de hacer lo que estás haciendo, habla con la persona implicada y exprésale claramente lo que sientes, o bien suelta la negatividad que tu mente ha creado en torno a la situación y que no sirve a otro propósito que el de fortalecer un falso sentido de identidad. Es importante reconocer su futilidad. La negatividad nunca es la mejor manera de hacer frente a una situación. De hecho, la mayoría de las veces te mantendrá cautivo en su seno, bloqueando el cambio real. Cualquier cosa que hagas con energía negativa quedará contaminada por ella y con el tiempo producirá más dolor, más infelicidad. Además, cualquier estado interno negativo es contagioso: la infelicidad se transmite más fácilmente que las enfermedades físicas. Activa y alimenta la negatividad latente en los demás por resonancia, a menos que sean inmunes, es decir, muy conscientes.
¿Estás contaminando el mundo, o lo estás limpiando? Eres responsable de tu espacio interno —nadie más lo es— y también eres responsable del planeta. Lo mismo que ocurre dentro, sucede fuera: cuando los humanos limpiemos la contaminación interna, también dejaremos de generar polución externa.

¿Cómo podemos soltar la negatividad, tal como sugieres?
Soltándola. ¿Cómo sueltas un trozo de carbón ardiente que te quema en la mano? ¿Cómo sueltas un equipaje pesado e inservible que estás llevando? Reconociendo que no quieres sufrir el dolor ni seguir llevando la carga, y después dejándola caer.
La inconsciencia profunda, como el cuerpo-dolor o cualquier otro dolor profundo, como la pérdida de un ser querido, generalmente ha de ser transmutada mediante la aceptación combinada con la luz de tu presencia: tu atención mantenida. Por otra parte, hay muchas pautas de inconsciencia ordinaria que puedes soltar cuando te das cuenta de que ya no las necesitas, cuando te das cuenta de que puedes elegir, de que no eres tan solo un amasijo de reflejos condicionados. Todo esto requiere tener acceso al poder del ahora. Sin él no tienes elección.

Si llamas a algunas emociones negativas, ¿no estás creando una polaridad mental entre bueno y malo, como explicaste antes?
No. La polaridad se creó en una etapa previa, cuando tu mente juzgó que el momento presente era malo; seguidamente ese juicio creó la emoción negativa.

Pero si llamas negativas a algunas emociones, ¿no estás diciendo que no deberían estar presentes, que no está bien tenerlas? Yo entiendo que deberíamos darnos el permiso de experimentar cualquier sentimiento que surja en lugar de juzgar que es malo o decimos que no deberíamos tenerlo. Está bien estar resentido; está bien estar enfadado, irritado, alterado o cualquier otra cosa; de otro modo caemos en la represión, en el conflicto interno o en la negación. Todo está bien tal como es.

Por supuesto. Una vez que el patrón mental, la emoción o la reacción ya se han desencadenado, acéptalos. No fuiste lo suficientemente consciente como para poder elegir en ese sentido. Esto no es un juicio, sino un hecho. Si tuvieras elección, si te dieras cuenta de que tienes elección, ¿qué elegirías: el sufrimiento o la alegría, la relajación o la incomodidad, la paz o el conflicto? ¿Elegirías un pensamiento o sentimiento que te alejara de tu estado natural de bienestar, de la alegría interna? Hay un tipo de sentimientos que denomino negativos, que simplemente significa malos. Y no lo digo en el sentido de «no deberías tenerlos»; me refiero a ellos como algo simple y llanamente malo, como un dolor de estómago.
¿Cómo es posible que sólo en el siglo XX los seres humanos hayan matado a más de 100 millones de congéneres? El hecho de que los humanos se hayan causado mutuamente un sufrimiento de tal magnitud es absolutamente inconcebible. Y eso sin tener en cuenta la violencia física, emocional y mental, la tortura, el dolor y la crueldad que se siguen infligiendo cada día unos a otros y a los demás seres sensibles.
¿Actúan así porque están en contacto con su estado natural, con la alegría interna? Por supuesto que no. Sólo personas que están en un estado profundamente negativo, que se sienten muy mal, crearían una realidad así como reflejo de lo que sienten. Ahora se están dedicando a destruir la naturaleza y el planeta que los sustenta. Increíble pero cierto. Los seres humanos son una especie peligrosamente loca y muy enferma. Esto no es juicio, es un hecho. Y también es un hecho que debajo de la locura está la cordura. Podemos acceder a la sanación y a la redención ahora mismo.
Volviendo concretamente a lo que has dicho, es cierto que cuando aceptas tu resentimiento, mal humor, enfado, etc., ya no estás obligado a expresarlos ciegamente, y es menos probable que los proyectes en los demás. Pero me pregunto si no te estás engañando. Después de haber practicado la aceptación durante cierto tiempo, como tú la has practicado, llega un momento en que tienes que pasar a la etapa siguiente, en la que dejas de crear esas emociones negativas. Si no lo haces, tu «aceptación» se convierte en una etiqueta mental que permite a tu ego continuar cayendo en la infelicidad y fortalecer su separación de los demás, de tu entorno, de tu aquí y ahora. Como sabes, la separación es la base del sentido de identidad del ego. La verdadera aceptación transmutaría esos sentimientos de inmediato. Y si realmente supieras en lo profundo de ti que «todo está bien», cosa que por otra parte es cierta, ¿crees que tendrías esos sentimientos negativos? Si no hubiera juicio, si no hubiera resistencia a lo que es, no surgirían. Mentalmente tienes la idea de que «todo está bien», pero en el fondo no te lo crees, por lo que los viejos patrones de resistencia emocional y mental siguen en su sitio. Eso es lo que hace que te sientas mal.

Eso también está bien.
¿Estás defendiendo tu derecho a ser inconsciente, tu derecho a sufrir? No te preocupes: nadie te lo va a quitar. Cuando te das cuenta de que cierto alimento te pone enfermo, ¿qué haces? ¿Sigues comiéndolo y afirmando que está bien estar enfermo?

miércoles, 18 de septiembre de 2013

La intuición

Por medio de la intuición podemos encontrar un conocimiento cuya procedencia está por encima del nivel de la racionalización. 

La intuición es una sensación, se capta, se percibe consciente o inconscientemente sin la participación del pensamiento. Algo se anticipa que va a suceder o aconteció, pero no entendemos por qué estamos al tanto. La intuición tiene que ver con los instintos. En los animales la vida es instintiva, espontánea, básicamente impensada. Las respuestas ante el peligro o el ataque son impulsivas, pero el animal intuye generalmente cuando es una trampa. Presiente y sospecha qué alimentos pueden ser venenos y él y su especie sobreviven gracias a los instintos.

En el ser humano, el pensamiento, el lenguaje, la comunicación y la cultura transmitida nos hacen actuar de acuerdo a normas. Por ello, a la especie humana sólo le quedarían los instintos de conservación y de reproducción. Sin embargo, no deja de sorprender cuanta veces "ella es muy intuitiva" o "él actúa por instinto".

En psicología la intuición es el conocimiento que no es producto del método científico, ni se llegó a su comprensión de forma racional pero está allí, existe. Intuir es comprender las cosas instantáneamente sin necesidad de razonamiento. Es la percepción de una idea o verdad que le aparece como evidente a quien la tiene. (RAL)

En la especie humana el cerebro evolucionó a niveles asombrosos del pensamiento complejo y de inteligencia. No obstante, respiramos, hacemos digestión y nuestro corazón late. Como los animales, una parte de nuestro cerebro gobierna de manera automática las funciones básicas. En estas áreas se encuentra la vida emocional y las emociones, las cuales a veces, nos "hacen perder la razón". El raciocinio nos permite tomar el control.

El conocimiento y las reglas sociales nos hacen vivir lógicamente, y cada vez perdemos más la capacidad de intuir.

Leonardo da Vinci proyectó helicópteros, maquinas para volar, calculadoras, el paracaídas, armas, tanques y hasta el submarino y equipos de buceo. Cristóbal Colón, entrevió un nuevo mundo. Julio Verne vislumbró súperedificios, automóviles de gas, complejas calculadoras y una "red" mundial de comunicaciones (¿Internet?).

Pareciera que el conocimiento está presente en todo momento y en todas partes. Es como una persona que piensa y actúa acorde a su vida, pero en cada una de sus células está toda la información genética, y todas juntas comenzando con el óvulo y el espermatozoide, siguiendo sus "instintos" y sus códigos, hacen al individuo y lo conforman. Quizás todos los seres formamos parte de una sola conciencia universal y somos algo así como sus células. Si nos dejamos guiar por nuestra intuición tal vez podamos encontrar los códigos y la sabiduría

martes, 17 de septiembre de 2013

La alegría de desear lo que se tiene.


El relato pedagógico budista que presentamos a continuación, triste y hermoso, muestra de manera elocuente cómo puede alcanzarse la paz de espíritu por la renuncia al deseo de Más.
Una vez, una madre desolada se presentó ante el Siempre Compasivo (el Buda) llevando en brazos a su hijo pequeño, que había muerto, y le suplicó que lo devolviese a la vida. Él, después de escuchar sus súplicas, le encargó que le trajese una semilla de mostaza de una casa donde no hubiera muerto nadie. Ella pasó mucho tiempo buscándola en vano, y regresó y le contó su fracaso.
-Hermana, has encontrado-dijo el maestro-, buscando lo que nadie encuentra, ese bálsamo amargo que tenía que darte. El que amabas dormía ayer muerto en tu regazo; hoy sabes que todo el ancho mundo llora tu pesar: el dolor que todos los corazones comparten se aminora para uno.
El "bálsamo amargo" que tenía que dar el Buda a la desgraciada mujer era la comprensión de que nadie se libra de la pena, de la humillación, de la enfermedad, del dolor y de la muerte. Ella no estaba en condiciones de escuchar ni comprender. Ella tenía que aprender, más bien, a partir de su experiencia personal. Paradójicamente, el descubrimiento de que estas cosas son inevitables le hizo sentirse mejor en lugar de peor. Antes se había sentido elegida cruelmente por el destino, lo que le provocaba un sufrimiento insoportable. Cuando salió de su error, su sufrimiento se resolvió, aunque yo supongo que le quedaría algo de pena dolorosa. (No olvidemos la diferencia entre dolor y sufrimiento.)
La renuncia no suele ser un término popular ni que suscite alegría. Cuando saludo a un conocido diciéndole: "¿Cómo estás?", no espero que me responda: "¡Fenomenal! ¡Deseo menos que nunca!" No creo que la asociación Nacional de Emisoras patrocine nunca un anuncio de servicio público en televisión que me recuerde que ya tengo mucho más de lo que necesito y de lo que merezco. La renuncia suele evocar imágenes de monjes medievales solitarios, tristes y reprimidos sexualmente. Pero a esto no es a lo que yo me refiero.
Pensándolo un poco nos damos cuenta de que la idea de la renuncia no es tan deprimente como parece a primera vista. El conocimiento de que nadie se libra de la pena, de la humillación, del dolor y de la muerte sienta las bases de la compasión universal e incondicional. Si sabemos que estas cosas no se pueden evitar, entonces podemos intentar competir, desear, esperar y temer con algo menos de frenesí, y así nuestra vida podía ser más divertida. En otras palabras, cuando comprendemos de verdad que la vida será dolorosa en ciertos momentos, sentimos una mayor inclinación a "detenernos a oler las rosas". Si fuera posible evitar por completo el dolor a base de planificar, de desear y de preocuparse con la decisión suficiente, entonces sólo un necio se detendría a oler las rosas.
La mayor parte de las situaciones corrientes se pueden vivir como deliciosamente agradables o como amargamente decepcionantes. Depende de cómo las valoremos. Cuanto más esclavizados estemos por nuestros deseos, más probable es que nos parezca decepcionante cualquier situación dada.
El disfrute de los placeres de la vida, grandes o pequeños, no surge necesariamente de la satisfacción de los deseos. Es igualmente frecuente que el deseo entorpezca o destruya el disfrute.
A la inversa, la renuncia al deseo no entorpece necesariamente el disfrute profundo.
Algunas veces sí sucede que la satisfacción de un gran deseo produce un placer y una excitación profundos, pero el efecto no es constante y suele ser breve. ¿Cuántas personas pasan años enteros anhelando poseer un coche verdaderamente bueno, para descubrir al final que el coche verdaderamente bueno les produce mucho menos placer del que habían esperado? El goce de una buena relación sexual no suele durar más de una hora o dos; dura aproximadamente lo mismo que el placer que produce una comida excelente. La alegría de recibir un ascenso importante o un beneficio económico inesperado puede durar varios días. Conocí en cierta ocasión a un hombre que albergaba desde hacía muchos años un anhelo sexual profundo e imposible. Cierto día conoció, por pura casualidad, a unos compañeros sexuales atractivos y dispuestos a participar en aquellos actos con los que había soñado todos los días desde su adolescencia. Cuando llegó el gran momento, estaba tan lleno de angustia y de asco que tomó sus ropas y huyó. Al día siguiente ya estaba anhelando de nuevo.
Cuando sabemos que el deseo de Más provoca, en efecto, sufrimientos innecesarios y que dificulta la alegría, ¿qué hacemos? ¿Es realista intentar dejar el deseo de Más como si se tratase de dejar de fumar? Si renuncio al deseo de Más, ¿perderé el deseo de comer, de dormir o de respirar? ¿Y el deseo de seguir viviendo? Si hemos de renunciar a algunos deseos pero no a todos, ¿a cuáles renunciar, y cómo justificarnos el hecho de conservar el resto? El suicidio parece un medio bastante eficaz para renunciar al deseo. ¿Es el suicidio la renuncia por excelencia? Y ¿qué pasaría si intentamos dejar el deseo de Más pero nos sentimos solos, aburridos o deprimidos como consecuencia? Y ¿qué hay de la diversión? ¿Hay que renunciar al deseo de divertirse?
No es posible que desaparezcan nunca por completo todos nuestros deseos. De un modo u otro, siempre querremos trabajar, reír,divertirnos, cumplir nuestras responsabilidades familiares y sociales. De un modo u otro, siempre querremos ver salir el sol, oír cantar a los pájaros una vez más. La renuncia significa dejar la idea de que tenemos derecho a Más; significa dejar la idea de que no conseguir Más es una catástrofe; significa dejar la idea de que si no conseguimos siempre Más es que hemos fracasado de algún modo; significa dejar la idea de que conseguir Más es tan fundamental que no importa hacernos daño a nosotros mismos o hacer daño a los demás para conseguirlo.

La filosofía perenne.


Cuando decimos que el secreto de la felicidad es desear lo que se tiene, damos a entender que la vida corriente es rica y profunda y que es suficiente por sí misma. Anteriormente hemos dicho: "Éste es el presente precioso." Podríamos llamarlo también "sagrado". Desear lo que se tiene es pensar, obrar y sentir como si la vida corriente fuera sagrada. Algunos filósofos pueden afirmar que la vida corriente no es inherentemente sagrada, pero que nosotros la hacemos sagrada al vivirla como tal. Otros pueden afirmar que su carácter sagrado siempre ha estado allí, pero que normalmente lo pasamos por alto. No sé quién tiene la razón. Opino que no importa.
La idea de que la vida corriente es sagrada tiene una historia larga y respetable. La mejor exposición de esta idea y de su historia fue la que hizo Aldous Huxley en su libro La Filosofía Perenne, cuya primera edición inglesa apareció en 1945. Todavía se publican nuevas ediciones de este libro, que es muy respetado por teólogos y filósofos. Huxley tomó el término "Filosofía Perenne" de Gottfried Leibniz, filósofo y matemático del siglo XVII que observó que, al parecer, en todas las religiones (fuera cual fuese la época y el lugar donde surgieran) se repetían ciertas ideas fundamentales. Huxley describe exhaustivamente los elementos de la Filosofía Perenne y cita a maestros de todas las religiones para poner de manifiesto las semejanzas subyacentes entre sus ideas.
Según Huxley, la Filosofía Perenne tiene tres elementos esenciales. En primer lugar, las cosas corrientes, las vidas corrientes y las mentes corrientes están compuestas de un material divino. En segundo lugar, en el núcleo de cada cosa viva se encuentra un trozo de la Realidad divina. En tercer lugar, la tarea más importante de la persona es descubrir la divinidad de las cosas corrientes, de las vidas corrientes y de las mentes corrientes y descubrir su identidad con la Realidad divina. Huxley indica que la exposición más clara de la Filosofía Perenne fue la que apareció hace 2.500 años en las enseñanzas de Gautama Buda, pero que desde entonces se ha expresado repetidamente en todas las tradiciones religiosas y en todas las lenguas importantes de Europa y de Asia.
La Filosofía perenne contrasta marcadamente con casi todas las ideas religiosas populares contemporáneas. Según la Filosofía Perenne, la Realidad divina no tiene por qué hacer nada. Simplemente, está allí. No necesariamente libra del peligro a un avión o hace que otros se estrellen. No necesariamente creó el universo ni lo sustenta. Según la Filosofía Perenne, la vida después de la muerte es una cuestión sin importancia. La cuestión esencial es si llegaremos alguna vez a estar plenamente vivos antes de morir.
Las personas acostumbradas a la religión popular contemporánea podrían dudar del valor de una religión basada en la Filosofía Perenne. Algunos lectores se preguntarán: "¿De qué sirve un Dios así? ¿De qué sirve un Dios que no hace nada?"
Creo que esta pregunta surge de un mal entendimiento de lo que significa "la Realidad divina", como la llama Huxley. Podría llamarse de muchos otros modos. El Buda habló de "lo Absoluto" o de "lo No Nacido". Podríamos utilizar el término "Ser Supremo". En las escrituras hebreas la deidad se designa con un nombre compuesto únicamente de letras mudas. Y, naturalmente, siempre podemos contar con el nombre tradicional "Dios". Por comodidad y por claridad, me quedaré con el término de Huxley. Seguramente sea propio de la naturaleza humana concebir a la Realidad divina como un ser que de algún modo tiene forma humana y funcionamiento humano, como si la realidad divina fuera un rey o un padre infinitamente poderoso y lleno de amor. En realidad, yo mismo caigo en ello. No es casual que en el
Cristianismo, en el judaísmo y en otras religiones se llame con tanta frecuencia a la Realidad divina "Rey de Reyes", "el Señor" y "Padre nuestro", aparte de los nombres "Madre Divina", "Madre Naturaleza" y otros nombres similares que se aplican a las diosas.
No quiero discutir con las personas que quieren seguir concibiendo de este modo a la Realidad divina, pero debo señalar algunos problemas que puede dar tal concepción. Los buenos padres y los buenos reyes nos protegen e intentan concedernos al menos algunos de nuestros deseos. Cuando nos imaginamos que la realidad divina tiene una naturaleza similar, podemos llegar fácilmente a pasarnos la vida entera esperando que la Realidad divina nos gratifique del mismo modo. Así, el natural impulso religioso humano puede llevarnos a pasar la vida entera preocupados por el deseo de Más y a sufrir en consecuencia.
Pero existen otras maneras de concebir la Realidad divina. Estas otras maneras tienden a fomentar la renuncia más que el deseo. Tienden a movernos a desear lo que tenemos.
La filosofía de desear lo que tenemos se apoya en el supuesto de que en el mundo existe belleza, significado, verdad, amor y misterio en todas las ocasiones y bajo todas las circunstancias, aunque a veces sea difícil percibir estas cosas, o incluso imaginarlas. Si yo no aceptara este supuesto, habría hecho un escrito muy diferente, que podría haber titulado Vencer o morir. La belleza, el significado, la verdad, el amor y el misterio no se limitan a añadir sus respectivas cuotas de bondad a la vida. El todo es mucho mayor que la suma de sus partes. La belleza, más el significado, más la verdad, más el amor, más el misterio, equivalen a algo imponente, sin nombre e inconcebible. A ese algo podríamos llamarlo Realidad divina. Cuando yo me imagino a la Realidad divina, veo la mano derecha de una figura humana inmensa y reluciente. Los dedos de la mano son la belleza, el significado, la verdad, el amor y el misterio. Me imagino que sus otros dedos, sus otros miembros, sus órganos internos y su rostro son fuerzas igualmente importantes, pero que yo no puedo nombrarlas ni concebirlas.
Lo que representa la gran figura reluciente es la Realidad divina tal como la reconoce la Filosofía Perenne. Este concepto de la Realidad divina nos mueve a desear lo que tenemos. Y por eso desear lo que tenemos puede ser mucho más que un método de autoayuda psicológica. Al cabo, desear lo que tenemos es una forma profunda de culto.
A algunos lectores quizás les cueste todavía apreciar el valor de una Realidad divina que no se ocupa de las cuestiones humanas como lo haría un buen rey o un buen padre. Otra manera de abordar el problema es preguntarse: ¿Qué valor tienen una lluvia de estrellas fugaces, una sinfonía, una buena carcajada, una poesía, el canto de un pájaro, un acto de amabilidad desinteresada o la sonrisa de un niño? Estas cosas son valiosas porque, de manera callada y persistente, dan significado a la vida. No todo el mundo percibe el mensaje de una lluvia de estrellas fugaces o de una sinfonía, no todo el mundo es capaz de apreciar los actos de amabilidad desinteresada o las buenas carcajadas. Las personas que son capaces de apreciar estas cosas son benditas. A las que no son capaces de apreciar estas vivencias les valdría la pena aprender a apreciarlas. Si no son capaces de aprender o no lo intentan, tienen encima una maldición cuyo alcance no comprenden.
Según la Filosofía perenne, la Realidad divina debe ser conocida directamente. No es posible explicarla ni describirla. ¿Cómo podríamos describir una carcajada en un mundo en que no se conociera la risa, o una sinfonía en un mundo donde no se hubieran inventado todavía la másica? No obstante, muchas personas intuyen la Realidad divina y albergan la esperanza secreta de conocerla algún día.

La vida exterior reflejo de la interior.


Se descubren muchas cosas curiosas, interesantes y sorprendentes cuan­do se realiza un trabajo interior, cosas que son sumamente efectivas cuando se entienden. Una de ellas es que la confusión y multiplicidad de nuestras circunstancias en el mundo, de las cosas que nos ocurren, de las situaciones que vivimos, no son otra cosa que la confusión y contradicción que hay en nuestro propio interior.
Todo lo que hay en nuestro interior tiende a materializarse en nuestro exterior. Y no se puede materializar de un modo distinto a como esté dispuesto en nuestro interior. Porque nuestro interior y nuestro exterior no son dos cosas distintas sino dos ver­tientes de la misma cosa. La vertiente interior, o subjetiva, y la vertiente exterior, u objetiva, son la cara y la cruz de la misma cosa.
Durante muchos años nos hemos habituado a que nuestro interior sea simplemente el reflejo de nuestra situación exterior. Si las circunstancias me han sido favora­bles, nos sentimos bien; si las circunstancias no nos han sido propicias, nos sentimos mal. Esto ha creado en nuestro interior, además de unos estados de confusión y duda constan­tes, una semilla de contradicción; y nuestra vida tiende a perpetuar esta contradicción.
Pero llega un momento en que uno se da cuenta de que no puede pasarse todo el tiem­po echando la culpa a las circunstancias, o confiando en las circunstancias. Llega un momento en que uno descubre que, de hecho, el problema que uno vive, la insatisfacción, las dificultades, lo vive por culpa de algo que hay dentro, por un modo de ser de uno, pues otras personas en similares circunstancias, y quizás en peores, consiguen vivirlo de un modo distinto y mejor.
Mientras nos pasemos la vida atribuyendo la culpa de nuestros problemas a las demás personas, o a las cosas exteriores, no hay para nosotros la menor esperan­za; es decir, sólo queda la esperanza de que un día descu­bramos que las cosas no son así. El echar la culpa al exterior puede ser una gran satisfacción para el amor propio: uno queda libre de responsabilidad, uno es la víctima, el héroe, etc. Pero esto no arregla, ni ha arreglado nunca, nada. Cuando uno se da cuenta de que el problema -aunque his­tóricamente está relacionado con circunstancias exteriores- es debido a un modo de ser que ha quedado en uno y que tiende a i perpetuar, entonces es cuando se hace posible que uno, cam­biando este modo interno de sentir, cambiando su actitud interior, pueda cambiar estas circunstancias exteriores.
Cuando las utopías socialistas han propuesto que se llevara a cabo un reparto equitativo de las riquezas, fácilmente se ha previsto que, aunque a todo el mundo se le diera la misma cantidad de dinero, y esto de momento pareciera solucionar los pro­blemas de muchas personas, al cabo de muy poco tiempo la situación volvería a ser la misma de antes; porque las personas, aunque recibieran dinero, no habrían cambiado su modo de ser y de hacer, y esto las conduciría a plasmar en el exterior el modo deficiente o contradictorio que tienen en su interior.
Pensemos que esto no se refiere sólo al uso del dinero, sino a las personas que nos rodean, a nuestras circunstancias económicas, a la situación profesional, a todo. En nuestra pequeña y limitada mente, nosotros hacemos unas distinciones muy claras entre lo que es el dinero, la familia, la vida íntima, nuestras creencias e ideales, etc. En realidad, todo está unido, todo son campos universales de energía, todo es un torbellino dentro de este océano de conciencia, y, según sea ese foco de conciencia en ese mar de conciencia, así serán las cosas que se mueven a su alrededor.
La persona que interiormente tiene miedo, tiene angustia, de un modo inevi­table estará atrayendo situaciones de miedo, situaciones angustiosas, y, mientras no cambie, se pasará la vida repi­tiendo esas situaciones, sean cuales sean las circunstancias o el medio ambiente en que se encuentre. La persona que, dentro de ese miedo, tiene resentimiento, tiene hostilidad, por la razón que sea, estará provocando y atrayendo inevi­tablemente circunstancias agresivas contra ella, que tende­rán a justificar una vez más su hostilidad y su resentimien­to, las cuales, a su vez, provocarán nuevas situaciones de dificultad, de injusticia, de maldad, y de este modo se irá reforzando su círculo. Y el círculo nunca se rompe en lo exterior, porque es la persona, desde su foco de concien­cia, quien lo está creando y manteniendo.
En la medida en que nosotros seamos capaces de cambiar el contenido de nuestro foco, de nuestra conciencia interior, en esta misma medida cambiará lo que nos rodea. Y esto ocurre de un modo ine­vitable. Esto es muy interesante, ya que, si se puede intuir que realmente es así, entonces uno se da cuenta que tiene en sus propias manos la responsabilidad de su vida, que depende de uno el elegir que su mundo gire de un modo o de otro, sea de un color o de otro.
Y el mundo alrededor de uno girará de un modo o de otro, según sea el mundo in­terior real, no el supuesto, no el teórico. Si uno interiormen­te se obliga a vivir una conciencia de fuerza, de amor, de comprensión, no un poco de amor o de comprensión o de fuerza, sino a vivir profundamente esto hasta la raíz, si hacemos de esto nuestra consigna, si nos obligamos a instalarnos en esto, veremos como, al cabo de muy poco tiempo, de muy pocas sema­nas, o días, nuestras circunstancias exteriores cambian. La gen­te a nuestro alrededor cambia; tal vez no lo haga ella, en sí, sino sólo en relación con uno. Y los que no puedan cambiar en relación con uno mismo, cambiarán... de sitio; es decir, dejaremos de estar en contacto con esas personas.
Es imposible que la persona viva en el exterior algo distinto de lo que vive en el interior. Y, por esto, aprender a tomar la dirección, apren­der a afirmar la realidad por uno mismo, es aprender a to­mar una parte activa dentro de este juego exterior de la vida, de la manifestación.
Claro que esto no tiene ninguna importancia si lo que uno está buscando es la propia Realidad más allá de toda forma, más allá de toda idea. Pero esto es algo que cada uno ha de decidir: es decir, si realmente a uno le es del todo indiferente vivir de una manera o de otra en su mundo, en su existencia. Si a uno realmente le da igual, entonces no tiene por qué modificar nada y puede tratar de abrirse a ese Centro último que está más allá de lo bueno, de lo malo, de lo agradable, de lo desagradable.
Pero mientras la persona esté dando valor a su modo de vivir, mientras la persona esté luchando por solucionar dificultades, por mejorar circuns­tancias, entonces la persona no se ha de engañar diciendo que busca otra cosa. Aquello que nos hace sufrir, o aque­llo que nos hace reír, aquello es lo que tiene valor real para nosotros. No lo que un sector de nuestra mente diga, sino lo que en nuestra vida diaria tenga peso.
Cuando la persona comienza a ser consciente es natu­ral que esta gran ley de que lo interior es la causa de lo exterior se pueda aplicar a todos los estados de la vida inte­rior; no sólo a las circunstancias familiares, económicas, profesionales, etc., sino también a los estados de vida interior. Si, por ejemplo, estamos haciendo oración -en el su­puesto de que siga la línea religiosa- pidiéndole a Dios una serie de cambios en nuestra vida, o en la vida de los que nos ro­dean, pero en nuestro interior hay miedo, lo que se perpetua­rá en el exterior será el miedo, porque la ley de materializa­ción es una ley que obedece a la profundidad y continuidad del estado subjetivo, no a la intensidad emocional de la ora­ción, sino a la profundidad, a la sinceridad de lo que pro­fundamente se siente, se desea, se espera, se aspira. Por eso, el problema de la persona en la vida de oración consis­te en llegar a querer, a amar, a Dios de tal manera que se elimine su miedo, su duda. Porque, mientras la persona esté haciendo oración manteniendo subconscientemente el temor de que su demanda, como tantas otras veces, no será contestada, ese temor que está detrás de lo que uno dice es lo que da vigencia al fracaso. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

La familia disfuncional, la dinamia de los grupos y sus aplicaciones


La familia disfuncional es una familia donde los conflictos crecen a medida que las comunicaciones cesan o desaparecen enteramente.
Le Bon fue el investigador más distinguido entre los que estudiaran la dinamia de los grupos, seguido por otros quienes aplicarían los principios del conocimiento psicoanalítico para formular el entendimiento del proceso generado por las interacciones familiares. Hoy se aplican las técnicas del psicoanálisis para tratar las familias disfuncionales.
Quizás hay que explicar por qué la terapia de grupo es afín en su naturaleza a la terapia familiar. Lo es, porque la familia es el origen de todo grupo, como el apego a la madre y el cuidado que ella profiere a sus hijos forman las bases del desarrollo harmonioso individual.
Primero, hablemos…

La familia ancestral

Es un asunto establecido que todavía no sabemos con certeza lo que caracterizaba nuestro estilo de vida durante el período paleolítico. Lo que sí reconocemos es que debido al hecho de que nuestro nacimiento era azaroso y nuestro desarrollo postrado, que, para sobrevivir necesitábamos la presencia de la figura de dos padres, o de sus dos equivalentes.
Ese esquema familiar permanece en vigencia y persiste, aun y a pesar de que la estructura de nuestras relaciones domésticas han sido alteradas por la presencia del reconocimiento de la validez de las relaciones homosexuales y el acato de la poligamia y de la disolución de la estructura familiar tradicional.




FAMILIA FUNCIONAL Y LA FAMILIA DISFUNCIONAL
FAMILIA FUNCIONAL: Son familias cuyas relaciones e interacciones hacen que su eficacia sea aceptable y armónica. Éstas se caracterizan por los factores siguientes:

1. Los padres son y se comportan como padres y los hijos son y se comportan como hijos --- algo que, para algunos, resulta extraordinario.
2. La organización jerárquica es clara. Padre y Madre comparten la autoridad en forma alternada, sin conflictos y balanceada.
3. Los límites para el comportamiento son claros y legítimos. Se cumplen y se defienden.
4. Las fases del ciclo vital y sus puntos críticos se atraviesan sin dificultad para identificar y resolver problemas.
5. Los miembros tienen capacidad para reconocer y resolver dilemas personales por medio de la comunicación abierta.
6. La comunicación misma, es clara y directa.
7. Los miembros de la familia tienen identidad personal propia, y se aceptan unos a otros tal cual son, pero, lo hacen sin imponer comportamientos desatinados en los demás.
8. Cada cual puede expresar lo que siente sin que se creen conflictos entre los miembros del grupo, pero lo hacen sin esperar que se acaten normas conflictivas con los valores establecidos y con las reglas señaladas.
9. Se admiten las diferencias o discrepancias de opiniones cuando éstas surjan.
10. La conducta de cada miembro es consonante con su autoridad sus deberes y su persona misma.
11. Cada miembro invierte en el bienestar de otros. Todos trabajan y todos contribuyen al bienestar común.
12. El control de la conducta es flexible.
Para Virginia Satir, la Familia Funcional, la cual ella llama "nutridota" se caracteriza por:
  • Escucharse unos a los otros, hablando claro.
  • Se aceptan las diferencias, los desacuerdos y los errores de cada quien, con juicio crítico.
  • Se acepta la individualidad fructifica.
  • Se promueve la madurez.
  • Todos se miran cara a cara cuando hablan.
  • Hay armonía en las relaciones.
  • Se demuestran y manifiestan mucho contacto físico entre unos y otros.
  • Se hacen planes juntos y todos disfrutan el compartir juntos.
  • Todos son honestos y sinceros entre ellos.

La familia disfuncional: cómo reconocerla y buscar ayuda

Ser buen padre o buena madre es una tarea difícil. Es un trabajo diario que nunca termina. Es tal vez la tarea más ardua que realizará cualquiera de nosotros; porque implica estar mentalmente sano y dotado de paciencia en extremo. Se necesita saber satisfacer las propias necesidades con los propios recursos y tener, además una pareja que lo/la apoye a uno en el proceso.
Es sorprendente comprobar que en nuestra sociedad existe una sutil, pero cierta, exigencia que consiste en que, por el hecho de crearse un nuevo grupo familiar, sus miembros están obligados socialmente a criar a sus hijos de una manera "sana y exitosa" --- whatever that means….
Se espera que una vez constituida una familia, ésta, por sí sola pudiera lograr o debiera alcanzar el propósito señalado. Tal vez por esto, es que los jóvenes se lanzan poco precavidamente a formar nuevas familias, sin conocimientos o sin orientación.

Experiencias nutritivas y saludables

Pero, también es cierto que siempre se ha insistido en lo difícil que es ser padres, especialmente en los tiempos actuales.
De manera general puede afirmarse que las habilidades, las destrezas y competencias que cada pareja puede exhibir en la compleja tarea de ser padres y educar, depende muy importantemente del conjunto de experiencias nutritivas y saludables que cada miembro de la pareja, pueda haber tenido en su propia práctica de hijo/a dentro de una determinada familia.
Es como si cada uno de nosotros, en base a las costumbres de la niñez, dentro de nuestra familia, haya ido grabando su propio disco duro mental construyendo ese necesario padre/madre interior protector, habilidoso que en la vida adulta se va a exponer para guiar y formar a los hijos propios.
Pero no todas las personas tienen la suerte de grabar un disco duro mental saludable y creativo, que le sea efectivo más adelante para cumplir su rol paterno.
Es más, una gran mayoría de personas, de acuerdo a los resultados que vamos observando diariamente en los medios de comunicación, ha grabado un impresionante conjunto de mensajes contradictorios, confusos, defectuosos, negativos y poco sanos, que llevan al fracaso en la tarea encomendada: la de criar hijos sanos y felices --- por esa razón el mismo ciclo desacertado se perpetúa.

Una familia ineficiente y problemática

Cuando esto ocurre con ambos miembros o con los familiares cercanos, decimos que se ha creado una familia disfuncional, es decir una familia ineficiente, problemática, que no funcionará bien, porque no sustenta, no escucha, no incentiva, critica y manipula y por lo tanto: una familia que no realizará sus objetivos.
Una familia disfuncional tiene diversas características específicas, investigadas por los terapeutas familiares y otros especialistas en la materia.
Revisemos algunas de las características más centrales de estas familias:
  1. Dentro de una familia disfuncional existe una incapacidad para reconocer y satisfacer las necesidades emocionales básicas de cada uno de sus miembros; aunque pueda existir el deseo de encargarse y proteger a los niños, no se sabe o no se entiende claramente cómo hacerlo en una forma natural y espontánea. Ambos padres o uno de ellos se siente íntimamente presionado a cumplir con su tarea, y tal presióninterna se convierte en ansiedad, en desasosiego y exigencias hacia el propio niño para que cumpla su desarrollo de acuerdo a lo que los padres esperan y no de acuerdo al ritmo natural evolutivo propio. Cuando esta presión interna es muy intensa y persistente, los participantes caen en la desesperación que suele convertirse en castigos físicos y/o malos tratos psicológicos que dañan profundamente la psiquis del niño o joven. Que lo confunden, lo angustian y lo atemorizan. Porque el niño necesita oír a su alrededor voces acogedoras, tiernas y tranquilas.
  1. Los miembros de una familia disfuncional, generalmente son personas psicológicamente rígidas, exigentes, críticas y desalentadoras; que no pueden, no quieren, o no saben reforzar y recompensar cálidamente los logros paulatinos de los niños y premiar sus esfuerzos, si este se comporta bien. Seres que piensan, rígida y equivocadamente, que es deber del propio niño cumplir correctamente y a tiempo todas sus operaciones.
  2. Siendo personas rígidas, éstas adoptan gestos, aficiones e intereses que tratan de imponer a toda costa a los demás miembros, mientras asignan cerradamente sus criterios a los demás destruyendo la comunicación y la expresión natural y personal de cada uno y con ello, anulan su desarrollo como persona.

    Desorden de roles y sentimiento de abandono emocional

  3. Tampoco saben cómo discutir abierta y naturalmente los problemas que aquejan al grupo familiar y se recurre, entonces al mecanismo de negar u ocultar los problemas graves. Se imponen sutil o abiertamente prohibiciones o tabúes dentro del grupo, se desarrolla una sobreprotección melosa que impide que el niño pueda aprender de sus propios errores. El sentimiento de fracaso de los padres en su tarea puede llevarlos, y muchas veces lo tienen de antes, a un vacío interior y a un estado de angustia que suelen paliar a través de consumo de tranquilizantes, alcohol o drogas, o a comportamientos adictivos, como son el trabajo excesivo, el comer en exceso, o la actividad sexual promiscua --- lo que, por sí, sólo agrava el problema. Cuando el vacío es mayor, y se produce un distanciamiento anormal y el abandono real del niño, la familia se quiebra y se descompone y se pierden los objetivos vitales.
  4. Dentro de una familia disfuncional se produce un desorden y confusión de los roles individuales, llegándose a una real inversión de papeles por lo cual los padres se comportan como niños y éstos recibiendo exigencias de adultos, se siente obligados a confortar a sus inmaduros padres y al no lograr hacerlo, los niños se sienten culpables de los conflictos de los mayores.
    Se esfuma así la inocencia, la creatividad, la transparencia de la niñez y se desarrollan actitudes de culpabilidad, fracaso, resentimiento, ridículo, depresión, auto-devaluación e inseguridad ante el mundo social que les rodea.
  5. Cuando un niño se desarrolla dentro de una familia disfuncional lo que más siente es el abandono emocional y la privación. Cuando esto sucede, el niño responde con una vergüenza tóxica muy arraigada que engendra ira inicial, ya que no hay nadie que lo acompañe y se dé cuenta de su dolor. En estas familias los niños sobreviven acudiendo a todas las defensas de su ego y su energía emocional queda congelada y sin resolver.
    7. Cuando los padres toman conciencia que contaminan sus vidas con arranques de ira, reacciones exageradas, problemas conyugales, adicciones, paternidad inadecuada, miedos y relaciones dolorosas y nocivas, tienen que asumir conscientemente sus propias limitaciones como personas y buscar ayuda en otras personas sanas, ya sean familiares o amigos o terapeutas que tengan condiciones personales para ayudar de manera segura y eficaz.
Entendemos por personas sanas aquéllas que entre otras características saben escuchar, aceptan sin juzgar, son claras, y en las relaciones, no son competitivas ni generan mensajes conflictivos.

En resumen

Las familias que son funcionales son familias donde los roles de todos los miembros están establecidos sin que existan puntos críticos de debilidades asumidas y sin ostentar posiciones de primacía, artificial y asumida, por ninguno de los miembros; y donde todos laboran, trabajan, contribuyen y cooperan igualmente y con entusiasmo por el bienestar colectivo.

Bibliografía

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Le Bon, G: A Study of the Popular Mind (2002) Dover NY
Yalom, I. and Leszcz, M: The Theory and Practice of Group Psychotherapy (2005) Basic Books
Lassiter, M. D: The Silent Majority (2007) Princenton University Press NY
Larocca, F. E. L: (May 1987) Self-Help: An Economical, Practical, and Essential Therapeutic Tool for the Treatment of Eating and Mood Disorders. Published Proceedings of the International Symposium on Eating Disorders Jerusalem. Haifa
Satir, V: Satir Model: Family Therapy and Beyond (1991) Science and Behavior Books NY
Larocca, F. E. F: De la Función Dinámica y del Poder Singular de los Grupos
Larocca, F. E. F: El Grupo de Apoyo Mutuo Como Religión Secular