martes, 11 de junio de 2013

Nuestra mente, una máquina


La mente es una complicada estructura, situada físicamente en el cerebro, que recibe influencias de todo el organismo. Se encuentra en continua actividad y sólo durante el sueño entra en una fase de reposo relativo, ya que continúa funcionando en otros niveles.
Nuestro cerebro sigue siendo aún hoy día prácticamente un misterio, pero la ciencia no deja de avanzar en su estudio y las técnicas para descubrir su funcionamiento son cada vez más especializadas y precisas. Sus funciones afectan a todo lo que somos y hacemos; cualquier actividad realizada por el cuerpo, como mirar, tocar, digerir, moverse, sonreír o hablar, está provocada por una orden cerebral. Todo lo que llega desde el exterior tiene como punto final el cerebro; las imágenes que vemos, las captamos a través de los ojos, pero las reconocemos y sabemos qué son, gracias a la corteza cerebral. Lo mismo ocurre con el resto de las sensaciones.
Su funcionamiento psíquico es aún más complicado. La actividad mental, la vida psíquica, radica en el cerebro y el resto de las estructuras del sistema nervioso central. Nuestra mente es una máquina que piensa, está atenta, se orienta, tiene memoria, es inteligente, nos comunica con el exterior, se mantiene consciente...
La personalidad deriva también de la actividad mental. Una parte de la misma se hereda de los padres a través de la carga genética, está marcada orgánicamente. Otros aspectos de la personalidad son, en cambio, fruto del aprendizaje, que se inicia desde el momento mismo del nacimiento y continúa luego a lo largo de toda la infancia. Otros rasgos son fruto del ambiente, o los adquiere y desarrolla el propio individuo. Los aspectos psicológicos se almacenan en la memoria y van actuando con el tiempo.
Conocemos la conformación exterior del cerebro e incluso su composición microscópica, sabemos de sus conexiones con otras estructuras y de los mecanismos de transmisión de los estímulos, pero conocemos poco de sus enfermedades; en este sentido, la mente humana es todavía una gran desconocida. Los investigadores modernos se afanan en encontrar las causas últimas de la depresión, la esquizofrenia, las neurosis y todos los trastornos psiquiátricos, pero el cambio es largo y queda mucho por recorrer.

La mente.
Deberíamos aprender a serenarnos y tomarnos las cosas con mayor tranquilidad si queremos ser felices y tener buena salud.
Todos tenemos el mismo problema, se llama "mente". Como la creación del Dr. Frankestein, cuando nuestra mente escapa a nuestro control y "actúa por su cuenta", puede ser, como mínimo, una cosa molesta y, en el peor de los casos, monstruos. En el mejor de los casos, puede hacer que nos sintamos molestos, tensos, inquietos, incapaces de relajarnos y disfrutar. En el peor de los casos, podemos convertirnos en enfermos, delincuentes o dementes. Después de todo, ¿qué es la neurosis sino la persecución de nosotros mismos por nuestra mente, y qué es psicosis sino la locura homicida de la mente en acción?
Meditar es experimentar el alivio del desasosiego y de la cháchara constante de la mente para sentir el silencio y la paz interior. Hay muchas maneras de lograr esto en otro apartado sugeriremos técnicas de meditación (accesos hacia esa paz interior) con las que podremos experimentar para ver cual se adecua a nosotros mismos.
En realidad, "la mente" como entidad no existe. Si observamos, sólo existe una sucesión de pensamientos que es más o menos automática. Estos pensamientos surgen como burbujas salidas de ninguna parte. Algunos nos resultan agradables, otros desagradables y otros neutrales en contenido de sentimiento. A veces suelend desaparecer casi de inmediato, otras veces insisten en perdurar en nuestra consciencia, clamando por nuestra atención o acción, demanera obsesionante o persecutoria. Puesto que el sentimiento sigue al pensamiento, puede hacernos sentir cualquier cosa, desde feliz, satisfecho/a o eufórico/a, a deprimido/a desesperado/a o paranoico/a.
Estos pensamientos que, de buen o mal grado, entran en nuestras cabezas afectan a nuestros estados de ánimo, y puesto que lo que decidimos y hacemos habitualmente surge de lo que estamos sintiendo, también afectan a nuestras acciones y reacciones hacia los demás. Por consiguiente, nuestros pensamientos nos manipulan como a títeres. Cuando un pensamiento se apodera de nosotros, nos sentimos excitados; en otras ocasiones somos presa del pánico. Al recordar viejas ofensas sentimos aparecer la misma antigua ira, como si todo estuviese sucediendo de nuevo. Nuestros pensamientos nosimpulsan: vamos de arriba a abajo, damos vueltas y vueltas, de un lado a otro como ratones en una rueda de molino.
El origen de toda desdicha humana comienza como un pensamiento antes de ejecutarse y de manifestarse en el plano material. Y la meditación es la única forma que tenemos para superar el dominio absoluto que nuestro pensamiento tiene sobre nuestra experiencia y nuestra manera de estar en el mundo.
La esencia de "liberarse del engranaje" es romper la identificación de nosotros/as mismos/as con nuestros pensamientos para parecernos menos a robots y dejar de ser conducidos por ellos. Darse cuenta del ser que vive detrás del pensamiento, de cómo se crea el pensador con los pensamientos es tremendamente liberador. Conseguimos comprender que no tenemos por que ser perturbados por ninguna película de desastres que se proyecte en la pantalla de la mente, por recuerdos del pasado cargados de melancolía o fantasías del futuro preñadas de fatalidad. Los problemas pueden perdurar, pero ahora llegan a ser hechos que tienen que ser manejados, y serán manejados de manera más eficaz si son vistos con claridad más que a través de la bruma de sentimientos que suele reunirse en torno a ellos.
La  meditación nos permite ver lo que es real más claramente, experimentarlo más directamente, responder a ello en forma más apropiada tal como el hecho es ahora, sin ser perturbados por lo que nos dicen nuestras mentes acerca de lo que podría o debería suceder, o de lo que aconteció la última vez. Pues nuestras mentes no están en el aquí y en el ahora, sino que se hayan detenidas en el pasado o en el futuro. Tal vez lo más importante que la meditación regular hace por nosotros/as es incrementar nuestra capacidad para vivir en el momento, realzando nuestra experiencia de lo que está sucediéndonos. En realidad nos ayuda a "perder nuestras mentes y llegar a nuestros sentidos"; otro modo de decirlo es que nos hace sentir más vivos, más plenamente "aquí y ahora".

El deterioro de la mente.

A medida que vamos avanzando en años nos damos cuenta que la mente –que es el instrumento de la comprensión- se deteriora debido a su mal uso. El principal motivo de deterioro de la mente es el proceso de la opción. Toda nuestra vida se basa en la opción. En la opción nunca hay una comprensión directa, sino siempre el tedioso proceso acumulativo de la capacidad de distinguir, el cual se basa en la memoria, en la acumulación de conocimientos. Y la opción genera este constante esfuerzo.
La opción es ambición. Nuestra vida es ambición, y el “llegar a ser”, esa aspiración, ese empuje, el impulso para llegar a serlo, es el proceso de la ambición, que se basa esencialmente en la opción. Así, nuestra vida es una serie de luchas, un movimiento que va de un deseo a otro, y en este proceso de devenir, en este proceso de lucha, la mente se deteriora. La naturaleza misma de este deterioro es la opción, que es el origen de la ambición.
Pero se puede vivir una forma de vida que no se basa en la ambición, en la opción, que es un florecimiento que no proviene de una búsqueda, que es sencillez. La ambición engendra competencia. Ésta produce ciertos beneficios económicos, pero deja como secuelas el embotamiento mental y el condicionamiento tecnológico. El ser humano pierde su sencillez, su capacidad de vivenciar directamente y se crea un mundo horrible.
Se debe ser consciente de la ambición en la propia vida, investigarla y averiguar que implica. La opción es corrupción, ya que impide el florecimiento. El ser humano que florece es, no está deviniendo, llegando a ser. Existe una gran diferencia entre el ser humano que florece y el que deviene. La mente que deviene es una mente que está siempre creciendo, expandiéndose, acumulando experiencia como conocimiento. Siempre está en conflicto, en lucha, en un estado de desdicha. Esta gran diferencia que hay entre la mente que deviene y la que florece la debemos descubrir en nuestro vivir cotidiano. Vivir en florecimiento es vivir sin ambición, que es el camino de las opciones, es descubrir un florecimiento que es el camino de la Vida, que es la verdadera y apropiada acción.
Pero sin haber descubierto el camino del florecimiento de la Vida nos limitamos a decir que no debemos ser ambiciosos, pero el simple matar la ambición destruye también la mente, porque no deja de ser esta una acción de la propia mente, o sea de la opción y de la ambición. Por esto es esencial que dada uno de nosotros descubra en su vida la verdad con respecto a la ambición. A todos se nos estimula para que seamos ambiciosos; esta sociedad nuestra se basa en eso, en la fuerza del impulso dirigido a la obtención de un resultado. Pero ese modo de abordar la Vida es esencialmente erróneo, hay otro modo que es el florecimiento de la Vida, el cual puede expresarse sin acumulación alguna.
Hay una energía, una tremenda fuerza que no tiene nada que ver con el proceso acumulativo, tonel trasfondo del “yo”, del sí mismo, del ego. Ese es el camino de la creación. Si comprender esto, sin vivenciarlo, nuestra vida se vuelve muy opaca, se convierte en una serie de conflictos interminables en los que no hay creatividad ni felicidad alguna. Si pudiéramos, sin descartar la ambición, comprender sus modalidades –percibiendo, escuchando la verdad de la ambición, estando abiertos a ella- podríamos dar con ese estado de creatividad en el que hay una expresión constante que no es del ego, de la autorrealización, sino que es la expresión de esa energía libre de las limitaciones del “yo”.