sábado, 13 de abril de 2013

El éxito no depende sólo del esfuerzo


Fuerza y acción conjugadas. De ahí nace el esfuerzo. Muchos dicen que, administrándolo y canalizándolo adecuadamente, se consigue cualquier objetivo que nos propongamos.
Bueno, casi siempre…

1) El esfuerzo no garantiza el éxito

Comencemos por la lección más agria de las cinco. Porque, aunque admitamos que el esfuerzo es un componente que casi siempre está presente en las historias de éxito y que es uno de los más importantes, no es el único.
Junto al esfuerzo juegan otros factores. Entre ellos, la toma de decisiones oportunas yelementos que no podemos controlar, como el talento, el apoyo del entorno, etc.
Aquí tenemos algunos ejemplos de ésos últimos: El éxito no depende sólo del esfuerzo.
Hay veces en las que todos esos “elementos incontrolables” se alinean con el esfuerzo, haciendo más probable el triunfo. Otras veces, por el contrario, esos elementos juegan en tu contra.

2) Se puede lograr más con menos esfuerzo

La clave no es tanto CUÁNTO te esfuerces, sino CÓMO optimices ese esfuerzo. Para que éste dé los frutos que esperas has de:
  • conocerte a ti mismo,
  • saber lo que quieres,
  • tomar decisiones,
  • apegarte a ellas
  • y organizarte bien, muy bien (con descansos incluidos para recuperar fuerzas).
De esa manera, rentabilizas cada gotita de sudor que has empeñado en tu objetivo. Y, aun así, te encontrarás con otros “elementos incontrolables” y no previstos jugando a favor o en contra.
Por lo que habría que añadir algo a esa receta: flexibilidad. Ésta es necesaria para ir variando tu estrategia en función de cómo vayas evolucionando, para adaptarte a los cambios, para superar rápidamente los tropezones y también para sacar provecho de esos “elementos incontrolables” cuando juegan a favor.
Te pondré un ejemplo: Yo escribo a diario en este blog, pero no me esfuerzo todos los días lo mismo, con la misma intensidad. Unos días, porque no me sale y otros, porque no es necesario.
Entre las entradas que más aceptación han tenido, hay unas cuantas en las que puedo decir que me he esforzado bastante (leyendo sobre el tema, cuidando la redacción minuciosamente, etc.).
Pero hay muchas otras que han tenido éxito con un esfuerzo mínimo por mi parte.
Nota mental: No todos los días rendimos igual. Unos días estamos más inspirados, más alegres, más receptivos… o lo que sea. Y eso mismo le pasa a la gente. Aceptarlo y aprovecharlo hace que consigamos MÁS con menos esfuerzo.

3) Nada sustituye al esfuerzo

Ni la suerte, ni las ganas, ni la inspiración o el talento pueden reemplazar al esfuerzo personal. Quien quiere algo ha de pagarlo con su esfuerzo. (Poco, mucho… el justo.)
También cabe la posibilidad de que lo pague con dinero, “comprando” a alguien que se esfuerce en su lugar. Pero, incluso en este caso, el esfuerzo de reclutar la persona ideal en quien delegar no se lo quita nadie.
Volviendo al ejemplo que te he comentado arriba: Los días de inspiración, en mi caso, no existirían de no ser por todo el esfuerzo en aprender (con resultados más discretos) realizado en días anteriores.

4) El esfuerzo sienta bien

Existe una recompensa intrínseca al esfuerzo. Es gracioso que tanta gente le tengamiedo al esfuerzo, prefiriendo sudar lo mínimo, cuando la satisfacción del “deber” cumplido está entre una de las mejores sensaciones que podemos experimentar a diario.
Esa tranquilidad se te queda en el cuerpo cuando las cosas salen bien y también cuando no es así. Estás en paz, porque por tu parte no ha quedado. ¿Qué te vas a reprochar?

5) El esfuerzo es fuente de confianza

Cuando te esfuerzas, a veces te encontrarás que has gastado tus energías en algo que no ha valido la pena. A todos nos pasa.
Pero, si estás acostumbrado a esforzarte, menos te costará volver a ponerte manos a la obra en un objetivo que sí llegue a buen puerto.
Porque el esfuerzo desgasta, pero, una vez repuesto, te encuentras con que eres más resistente. Estás más curtido. A buen seguro, mucho más aguzado a la hora de dosificarlo en próximas ocasiones.
Eso es una gran ventaja, ¿no crees?

CONCLUSIONES

  1. El esfuerzo es uno de los pilares del éxito. Importantísimo, virtuosísimo e inexcusable, aunque no sea el único.
  2. Hemos de aprender a gestionarlo adecuadamente, sin olvidarnos de ser flexibles.
  3. Me he esforzado en esta entrada. Pase lo que pase con ella, esa satisfacción no me la quita nadie
  4. Nos gustaría que la vida fuese fácil, cuanto más fácil mejor, pero hay cosas que simplemente no lo son.
    Pierda peso mientras duerme, sin dietas ni ejercicio.
    Sea millonario en 15 días con este novedoso programa.
    Quiérase a sí mismo a partir de hoy.
    Consiga al hombre de sus sueños pronunciando este conjuro…

    ¿Te suenan anuncios como ésos? Posiblemente también te suene que detrás de ellos hay algún listillo, que pretende lucrarse con los deseos desesperados de unos cuantos.
    Aquí animamos a aprender y a dar pequeños pasos a diario en dirección hacia nuestro objetivo. Porque a veces la vida nos pide un cambio y ese cambio supone esfuerzo.
    Seguramente también sabes lo que tienes que hacer para resolver un problema. Lo único que necesitas algo de trabajo y motivación.
    Y créeme que todo trabajo largo tiene su recompensa, se llegue o no al objetivo. Por una parte, es mucho lo que se aprende tanto del objetivo como de nosotros mismos; por otra, cuando se consigue una meta importante, produce una enorme satisfacción.
    Además, la esencia de la vida está en los retos. Uno detrás de otro, ¿no crees?
    A la hora de encarar un objetivo vital, valor, constancia, paciencia y esfuerzo son algunos de los ingredientes que nos conducirán al éxito.
    El esfuerzo sólo es uno de ellos, uno de los más importantes, de acuerdo, pero no el único. Es más, a veces el éxito está condicionado por factores ajenos a nosotros, que no podemos controlar.
    Veamos algunos ejemplos para argumentar lo anterior
    * Imagina que te has preparado a conciencia para optar a un puesto de trabajo. Has puesto toda la carne en el asador. Te has esforzado al máximo y, a la hora de la verdad, rechazan tu propuesta y se quedan con la de otra u otras personas.
    Conclusión: La competencia también se esfuerza y puede obtener mejores resultados que nosotros.
    * Te has enamorado de una persona. Qué bien. Intentas agradarle ofreciendo lo mejor de ti mismo, pero ella prefiere a otro.
    Conclusión: A veces la llave de nuestro éxito está en las manos de otra persona.
    * Abres un negocio. No escatimas en aportar todos los recursos posibles para que salga a flote, pero no llegan los clientes.
    Conclusión: El tiempo importa. (Roma no se hizo en un día.) Y la buena suerte, también tiene mucho que decir.
    * Participas en una competición deportiva. Estás en plena ejecución de la prueba y… ¡crack!… una lesión.
    Conclusión: Eventos inesperados pueden dar al traste con todo el esfuerzo invertido.
    * Haces un examen. Has estudiado como nunca y respondes el cuestionario lo mejor que puedes. A tu lado hay una persona que copia y, al final, saca mejor nota que tú.
    Conclusión: Hay personas que toman atajos para ahorrarse el esfuerzo y a veces les sale bien.
    Como puedes ver, eso de que si te esfuerzas verás buenos resultados, carece de fundamento. No siempre es así.
    Tengo un familiar muy cercano al que la buena suerte le ha sonreído durante la mayor parte de su vida. Heredó un negocio exitoso. Se casó con la mujer que quería. Las inversiones que realizó dieron más frutos aún de los que esperaba… y no hubo eventos como enfermedades o catástrofes naturales que se interpusieran en su camino.
    Pues bien, este familiar piensa que si yo no tengo el trabajo que quiero o, en general, si no alcanzo lo que me propongo, es únicamente porque no me esfuerzo lo necesario. Así me lo dice.
    No pienso poner en una balanza cuánto me he esforzado yo respecto a él o respecto a otras personas. Sólo sé que sí me he esforzado y a quien da todo lo que tiene, no se le puede pedir más.
    Lo anterior no quiere decir que dejemos de esforzarnos, no. El esfuerzo no deja de ser importante si queremos ver resultados con el paso del tiempo.
    Lo que he intentado es justificar que no debemos reprocharnos nada cuando nos hemos esforzado todo lo posible y, a pesar de eso, el éxito nos esquiva. Hay que contar con que existen factores que escapan a nuestro control.
    Dejemos de culparnos por las situaciones en las que algo sale mal y no ha sido por una negligencia nuestra. La vida es una lucha constante y es inevitable perder alguna batalla. Aprendamos y sigamos adelante.