lunes, 15 de octubre de 2012

Emociones ocultas en un gesto

El rostro es el reflejo más puro e inmediato de la reacción que provoca un sentimiento
 La sorpresa es una de las situaciones que desenmascaran al ser humano. Esa acción o palabra que se recibe desprevenidamente puede ser un arma de doble filo al crear un gesto o una micro-expresión: a favor o en contra.

Basta con analizar cada una de las respuestas y reacciones corporales que damos –o recibimos de alguien más– ante situaciones personales, laborales y sociales para saber –casi en su totalidad– lo que realmente piensa esa persona ante nuestra presencia o el diálogo que entablamos.

Ejemplo: ¿Cómo reacciona alguien cuando es descubierto de su mentira? Al momento de enfrentarlo verbalmente, aunque la persona lo niegue, su cuerpo y su rostro manifiestan al instante que la verdad es otra y que su “teatrito” se desmorona lentamente: su respiración se agita, los párpados suben y parpadea más de lo normal, su mandíbula es apretada por momentos, traga saliva constantemente, su boca se seca, las manos tiemblan y el tartamudeo es inevitable.

Estos pueden ser algunos signos de nerviosismo, aunque no necesariamente descifren y confirmen que la persona miente.

¿Pensar antes de actuar?


Se podría decir que los segundos son los enemigos de las expresiones faciales, pues antes de que el cerebro formule y analice la reacción adecuada ante equis situación, en ese efímero lapso de tiempo el rostro ya determinó tu verdadero sentir, aún así vaya a negarse o modificarse.

El psicólogo estadounidense Paul Ekman, estudió todos los músculos de la cara y cómo la gesticulación trae consigo una emoción de fondo. Este experto es considerado el pionero en el detallado análisis de la expresión facial, a tal grado que el FBI y sus diferentes dependencias de investigación criminal se han refugiado en sus amplios conocimientos para descifrar el comportamiento de ciertas personas.

El sitio web lenguajecorporal.org explica que Ekman creó el Facial Action Coding System (FACS), un método que clasifica los movimientos asociados a los músculos del rostro, dando por resultado las llamadas micro expresiones: movimientos involuntarios de los músculos de la cara, que se ejecutan en momentos emotivos relacionados a una situación que genera ansiedad positiva o negativa.

Se menciona que actualmente se han determinado siete emociones básicas: alegría, rabia, tristeza, sorpresa, desprecio, miedo y asco, reflejadas en las micro expresiones, que no pueden ser “falsificadas” debido a que los músculos de la cara actúan –comúnmente– de manera automática e involuntaria.

En este sentido, Renata Roa, consultora de imagen y experta en comunicación facial (del Instituto Lotus de Lillian Garnier Bridges), confirma que una microexpresión es el “reflejo involuntario del cerebro (que expresa) lo que realmente estás sintiendo respecto a lo que estás hablando”.

Observar, leer y decidir


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“Nuestra cara va cambiando con el tiempo; si experimentamos de manera constante una emoción, podemos ver que la cara se va transformando de acuerdo a ésta. La comunicación facial es una herramienta que nos sirve de auto diagnóstico, y el diagnóstico de otras personas por medio del rostro. ¿Qué se ve? Facciones y micro expresiones”, explica Roa y detalla que a decir de los expertos chinos, desde que se nace hasta los 25 años de edad el ser humano mantiene el rostro que heredó por genética; de los 25 a los 50 años la cara se va transformando a diario, y de los 50 años en adelante “se tiene la cara que merecemos”.

Existen algunos parámetros para determinar qué tipo de micro expresión presentamos, y no por el tamaño del gesto que se haga, sino por la velocidad y durabilidad con la que es realizada.

Paul Ekman dijo: “Mientras que nuestros pensamientos son totalmente privados, la mayoría de nuestras emociones se detectan por una señal distinta que ayuda a los demás a comprender cómo nos sentimos”, y aunque habría que convertirse en un experto en la lectura del rostro para comprender y acertar en lo que nuestros ojos creen ver, Renta Roa asegura que en primera instancia podemos detectar –o al menos acercarnos– con qué tipo de persona estamos interactuando, dependiendo de las áreas de su rostro.

Para tomar decisiones habrá que detectar cuál es el segmento más amplio de la cara en tres diferentes zonas:

• De la base del cabello al entrecejo: es una persona mental que necesita de muchos datos específicos.

• Del entrecejo a la punta de la nariz: es una persona muy práctica, que gusta de saber los beneficios directos que puede obtener, así como el modo más rápido de hacer las cosas. Puede ser intolerante a los procedimientos que no están hechos a su manera.

• De la punta de la nariz a la barbilla: es una persona intuitiva que toman decisiones basadas en las texturas, entornos y experiencias.

A primera vista


“Cada facción tiene su historia. No podemos quitar la parte genética que tenemos. Por ejemplo: las arrugas son el mapa que nos va a guiar en nuestro trabajo emocional”, afirma Renta Roa al considerar que la comunicación facial es una herramienta que puede aplicarse en cualquier tipo de situación, incluso para mejorar la relación con uno mismo o para comprender óptima-mente al cliente, al jefe o al equipo de trabajo.

Con base en las investigaciones de Paul Ekman se pueden identificar diversas emociones con facilidad:

• Alegría: existe una contracción del músculo cigomático (del pómulo al labio superior) y del orbicular que rodea a los ojos. Las mejillas se elevan, formando en ocasiones las llamadas “patas de gallo”.

• Tristeza: los párpados superiores están caídos y las cejas se angulan hacia arriba. El entrecejo tiende a arrugarse y los labios se estiran horizontalmente.

• Ira: se muestra una mirada fija, cejas juntas en dirección hacia abajo, y los dientes o la mandíbula es apretada.

• Sorpresa: los párpados superiores suben mientras que los inferiores están relajados, y la boca es abierta.

• Asco: hay una ligera contracción del músculo existente entre el nacimiento piramidal de la nariz a los ojos y cejas, y el labio superior tiende a elevarse.

• Miedo: los párpados superiores y cejas se elevan a su punto máximo y los inferiores son tensados; los labios se alargan hacia atrás.

• Desprecio: similar a la del asco, esta expresión se efectúa en un solo lado del rostro cuando una de las comisuras del labio se eleva.