miércoles, 3 de octubre de 2012

El poder del pensamiento y las emociones


Si bien desde muy antiguo es súper sabido (esotéricamente) que tanto el pensamiento como las emociones, concatenados y dirigidos, pueden obrar verdaderos milagros, recién a partir de ver la película ¡¿Y tú qué sabes?! (¡¿What de bleep do we know?!) de la cual apareció una “parte 2” con un título casi idéntico pero no recuerdo ahora, fue que me maravillé de la corroboración científica de cómo influye el pensamiento y se lo puede apreciar en fotografías de gotas de agua realizadas por Masaru Emoto. 

Al “rigor científico” y metodológico de este señor de origen japonés muchos lo ponen en duda y coincido con ellos en varios aspectos. Pero no por eso voy a desmerecer por completo a la excelente labor de difusión de evidencias de algo que, en su base, es totalmente cierto y correcto: El pensamiento, concatenado con la emoción o intención, PUEDE lograr influencias grandísimas.

Claro ejemplo de esto en su aspecto negativo, son las “psicosis colectivas” que se “contagian” y es difícil sustraerse a la conmoción de los demás cuando, por ejemplo, cunde el pánico por una alarma que no sabemos si es cierta, o falsa. Basta con que alguien grite “fuego” varias veces, que el efecto puede ser nefasto.

En el caso opuesto, están las reuniones religiosas o con fines altruistas, donde lo que se contagia es una “psicosis positiva” de clima amoroso, cálido, humano.

Algo intermedio, son las “fiestas populares” como espectáculos masivos en canchas de fútbol. Sean partidos importantes de ese u otro deporte, como recitales de música o similares. Se lo describe como “clima” o “ambiente” del evento. Pero en realidad no es otra cosa que la energía masiva predominante, emanada de los asistentes.

Tanto el señor Emoto, como en las películas “¡¿Y tú qué sabes?!”, se plantean las siguientes y muy válidas reflexiones de base:

1.- El cuerpo humano es más de un 80 % líquido.

2.- Si esto (lo que muestra Emoto en sus microfotografías) puede el pensamiento en el agua ¿qué no podrá hacer en nosotros mismos?

Lo que la mayoría de las personas que siguen, o recogieron, a la línea de estos planteos de Emoto NO PARECEN TENER EN CUENTA o advertirlo de modo obvio, es que el pensamiento propio NO ES EL ÚNICO que nos influye a nosotros, y a todo el entorno en general, planetariamente hablando inclusive.

Porque, como dije, vivimos influenciando y recibiendo influencias constantes hasta de los animales y suelo mismo. Porque todo es “impregnable” y puede tener más o menos energía que esté emitiendo y a la cual podamos ser inconscientemente “vulnerables” a acomodar parte o detalles de nuestro ser al modo en que nos influye.

Por esta razón es que, desde muy antiguo, siempre se valoró el contacto con la naturaleza, los beneficios del contacto con el agua limpia que no sólo limpia al cuerpo, sino también arrastra a energías que nos resultan nocivas y/o tensionantes, enervándonos (relajándonos).

Cabe aclarar también, que de los trabajos e investigaciones de Emoto, se da a entender que la palabra escrita TAMBIÉN mueve energías, a lo cual lo considero un grosero error. Porque las etiquetas con rótulos, por sí mismas, NO INFLUYEN (aunque sea lo que concluyeron varios con Emoto) en la forma que adopte el agua como cristal.

Este error surge de ciertas imprecisiones en llegar a conclusiones por NO HABER REPARADO en detalles que sí, influyen. En este caso, psicológicos.

Al “VER” una palabra o concepto escrito, de modo inconsciente se “agitan” o despiertan pensamientos y emociones asociados con el mismo y, POR ESO, pareciera que con tan sólo rotular se lograra influir.

Es correcto, sí, que las vibraciones sonoras del habla TAMBIÉN son energías que influyen de algún modo a todo cuerpo o materia, vivo o inerte (caso de los cristales que pueden romperse con un sonido o grito sostenido y muy agudo, como logran algunas cantantes de ópera de voz “potente”).

Pero lo escrito sólo influye, reitero, a la mente y emociones de quien lo percibe y sólo de este modo es que se crea un “efecto” o influencia.