domingo, 14 de diciembre de 2014

El Valor de un Ser Humano

En una ocasión un discípulo le preguntó a su maestro:
¿Qué valor tiene Un Ser Humano?
Entonces el maestro colocó en su mano un diamante y le dijo:
Quiero que te acerques al bazar y vayas entrando en diferentes tiendas y preguntando qué te darían a cambio del diamante. Después vienes a reunirte conmigo y me cuentas. Pero no dejes el diamante a nadie.
El discípulo llegó al bazar y comenzó a ofrecer el diamante en diferentes tiendas, preguntando qué le ofrecían por él. Mostró la gema a su vendedor de verduras, que trás mirar el diamante, dijo:
- Te podría dar por ese diamante hasta seis kilos de patatas y dos de arroz.
Después entró en una cacharrería y tras observar la joya, el propietario dijo:
- Por este diamante te daría un barreño.
Tras entrar en una bisutería, el bisutero le dijo al ver el diamante:
- Te doy a cambio un collar de piedras semipreciosas.
Visitó luego una joyería y el dueño de la misma comentó:
- Es bastante bueno este diamante. Te doy por el diez mil rupias.
Visitó por último la mejor y más reputada joyería del bazar, y el joyero, tras examinar muy atentamente el diamante, dijo:
- Amigo mío, este diamante no tiene precio. Su valor es incalculable.
El discípulo regresó junto al maestro y le contó lo sucedido. Entonces el mentor dijo:
¿Te das cuenta, querido mío? Depende de quién haga la valoración. Para el que sabe ver y tiene sensibilidad, un ser humano no tiene precio. Su valor es incalculable.

Reflexión
Hay muchos bisuteros y muchos joyeros. Los joyeros verdaderos son aquellos que consideran toda forma de vida un diamante al que no se puede dañar, aquellos que de verdad valoran la vida humana y la respetan se tornan cooperantes.
Cuando se valora a un ser humano, surge hacia él una corriente de compasión y el deseo profundo y fecundo de que pueda ser feliz y esté libre de sufrimiento.

Ya no hay envidia por sus éxitos, sino alegría por los mismos; l
as tendencias de odio se vencen a través de la benevolencia y la comprensión, y la ira mediante la ecuanimidad y la alegría, y como señala el Dhammapada uno entiende que “la victoria engendra enemistad; los vencidos viven en infelicidad, renunciando tanto a la victoria como a la derrota; los pacíficos viven felices”.
El que valora la vida humana, aprecia la propia y la ajena, y deja de abrigar cualquier sentimiento dañino hacia uno mismo o hacia los demás.