sábado, 15 de junio de 2013

Los complejos


Los complejos son conflictos psicológicos inconscientes; es decir, conflictos que permanecen fuera del campo de la conciencia, en el llamado inconsciente, con lo que la persona que los padece no se da cuenta de que éstos existen.
¿Cómo se puede constituir un complejo? Cuando se produce un conflicto psíquico de cierta importancia, hay personas, sobre todo aquellas que tienen un yo débil, que no son capaces de elaborarlo y asimilarlo psicológicamente de forma adecuada, con lo que tienden a rechazarlo por el denominado mecanismo de represión fuera de la conciencia, hasta el inconsciente. El mecanismo de represión equivale en cierto modo al no querer ver el conflicto, como el avestruz que esconde la cabeza entre sus alas, con la particularidad de que generalmente la represión se lleva a cabo de forma automática e involuntaria. De este modo se consigue que el conflicto quede ignorado en el plano de la conciencia. Para evitar que el conflicto retorne a la conciencia desde el inconsciente en el cual ha quedado albergado, el sujeto pone en marcha una serie de mecanismos psicológicos de inhibición y bloqueo. De este modo se establece una personalidad perturbada en la que el conflicto originario, transformado ahora en complejo, cobra una importancia cada vez mayor, ya que va creciendo progresivamente a costa de nuevos conflictos similares que van surgiendo a lo largo de la vida y que, como en el primer caso, el sujeto reprime hacia el inconsciente.
La instauración de un complejo dentro de la personalidad depende, pues, de la debilidad del yo y de la intensidad del conflicto, pero la circunstancia determinante no es el conflicto psicológico en sí mismo, sino la represión del conflicto. La posesión de un complejo da lugar a una afectividad conflictiva y ambivalente, que dificulta las relaciones humanas sanas y sinceras, creando problemas de adaptación al ambiente familiar y social en el marco de una personalidad caracterizada fundamentalmente por la inseguridad y un difícil manejo de la angustia y la agresividad.
El término complejo proviene del psicoanálisis y representa una forma de conducta, de comportarse. Para Freud, cada persona tendría sus complejos en alguna medida. Jung los definía como un conjunto de ideas con una carga emocional muy elevada que nos pauta una forma de ser.

Freud describe el clásico complejo de Edipo y de Electra, que se da en los hombres y mujeres que no pueden vivir sin su padre o madre, respectivamente.

Los complejos de superioridad o de inferioridad son muy populares. Usualmente se señala: "fulano tiene complejo de superioridad" o "esa es una acomplejada".

El primero en hablar sobre estos complejos fue Adler quien manifestaba que nuestra misma incapacidad para valernos solos cuando pequeños, desde el nacimiento, nos hace proclives al sentimiento de inferioridad. Cuando este sentimiento se hace permanente y en la edad adulta surge entonces el "complejo de inferioridad".

La psicología ha estudiado otros complejos. Entre ellos podemos mencionar el "complejo de castración" que es el temor que el niño tiene de perder sus genitales, asociado al "complejo del pene o los senos pequeños" o el "complejo de Caín", que tiene que ver con la rivalidad fraterna.

Algunos autores en la actualidad han descrito ciertos complejos como el de "Peter Pan" para referirse a adultos masculinos inmaduros. El "complejo de Wendy", para definir a algunas mujeres que asumen el rol de "madre sustituta" de su pareja. El "complejo de Culpa", donde la persona vive aquejada de sensación de culpabilidad, por ejemplo, la culpa que sienten muchas madres al trabajar fuera de la casa y que piensan que no le dedican tiempo suficiente a sus hijos o el "complejo de Superman" en algunos hombres que se creen su supremacía física o mental por encima de otros, el cual se observa mucho en los gimnasios y en círculos intelectuales. El complejo presidencial nos describe que muchos se creen con capacidades de ser presidentes cuando en realidad disimulan un complejo de inferioridad.

Para superarlos lo primero es reconocer que existe el complejo, preguntando a las personas que nos rodean. Luego analizar las razones por la que necesitamos practicar esta conducta. Es necesario entender que todos tenemos defectos y virtudes y ser conscientes de nuestras limitaciones, aceptarlas y ver cuales pueden ser cambiadas y cuales no.

Por último, tenemos que renunciar a las ideas tanto de superioridad como de inferioridad o de otro complejo que nos aparte de la plenitud y que entorpezcan las relaciones con las demás personas y, también, aceptar una visión más realista de la propia personalidad.