lunes, 17 de junio de 2013

Las fantasías. Vivir fuera de la realidad

Lo que entendemos, generalmente, por «fantasía» se denomina, en lenguaje técnico, fantasía representativa. Como su nombre indica, consiste en la representación mental de objetos o personas que no tenemos ante nuestra vista en esos momentos, o bien en escenas que no están ocurriendo y que no se responden tampoco con una experiencia vivida anteriormente (entonces constituiría lo que llamamos recuerdos). Puede tratarse de algo que existe y que no conocemos —el aspecto de un lugar que nunca hemos visitado—, pero que podemos imaginarnos, por medio de la fantasía; otras veces se puede imaginar cómo será algo que todavía no ha sucedido, y que quizá no llegue incluso a suceder nunca, como es el caso de una adolescente que se imagina a sí misma teniendo un encuentro amoroso con alguno de sus ídolos cinematográficos.
Hay tres tipos fundamentales de fantasía representativa: la fantasía creadora, la fantasía de deseos y la fantasía de temores.
La fantasía creadora se caracteriza por la elaboración de algo nuevo con una finalidad más o menos concreta, es decir, no se limita a proyectar en el futuro experiencias anteriores o algún tipo de deseo. Es la fantasía que permite al artista crear sus obras, la que vertebra la labor de los inventores, los investigadores, los poetas, etc., la que es inherente, en una palabra, a todos los procesos creativos.
La fantasía de deseos consiste en vivir mediante la fantasía lo que no hacemos en la vida real; es un fenómeno conocido también como «soñar despierto», y que se da con relativa frecuencia en el niño y en el adolescente, y que va disminuyendo a medida que madura la personalidad. La fantasía como vía de realización de deseos insatisfechos puede llegar a tener un carácter patológico si ocupa una gran parte del tiempo de una persona, tal como ocurre cuando se tiene una personalidad inmadura o un desarrollo neurótico de la personalidad. Soñar mucho despierto es un mecanismo psicológico que puede disminuir gravemente las actividades enmarcadas dentro de la vida real. Al fin y al cabo, mediante la fantasía se obtienen satisfacciones rápidamente, a pesar de que no estén emarcadas dentro de un contexto real, con lo que se pueden convertir de forma más o menos automática en una especie de refugio donde conseguir estimación, poder, autoafirmación, protagonismo, etc. A veces se busca satisfacer deseos eróticos o puramente materialistas. Esto se contrapone con una realidad en la que una satisfacción más moderada implica un esfuerzo y unas dosis de paciencia, por lo que se puede llegar a renunciar a una de estas satisfacciones de la vida real por las que se pueden conseguir a través de la fantasía. Cuando una de estas personas llega a comportarse como si fuesen realidad algunas de sus fantasías contando falsas historias y mentiras en relación con ellas, puede dar lugar a un cuadro psicopatológico denominado «pseudología fantástica» que abunda entre las personalidades histéricas. Estas personas se pueden mostrar más o menos reticentes a reconocer lo irreal de sus planteamientos y conductas, pero si se ven claramente descubiertas llegan a reconocer la verdad, lo cual las diferencia de la creencia patológica propia de los cuadros psicopatológicos delirantes.
La fantasía de temores constituye algo similar a la fantasía de deseos, pero con un signo opuesto. Estas personas se representan desgracias que piensan que podrían ocurrir y que precisamente las asustan particularmente. A veces piensan como reaccionarían ellos y qué sería de su vida sí esto ocurriese. La fantasía de temores es relativamente frecuente entre las personas inseguras y las que padecen ciertos trastornos de tipo neurótico, guardando una estrecha relación con la ansiedad anticipatoria.