miércoles, 22 de mayo de 2013

Un cambio de pensamiento



La historia de la humanidad está jalonada de revoluciones, levantamientos y sublevaciones que pretendían dar un cambio positivo a la evolución de nuestra especie. A pesar de estos reajustes violentos, la marcha de la humanidad ha seguido una derrota inexorable que parece alejarnos de los ideales perseguidos.
En la antigüedad, unos imperios florecían mientras otros se extinguían. En nuestros días, el desarrollo espectacular de las comunicaciones ha servido para tender una maraña de intereses económicos, políticos y de todo tipo que convierten a los pueblos del planeta en una piña compacta, proyectada hacia un destino común.
Hay, en esta piña, seis mil millones de piñones revueltos caóticamente, sin orden ni concierto, sin coordinación en su esfuerzo, sin un objetivo común. ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿De qué naturaleza es la fuerza que nos impulsa?
La fuerza que ha movido siempre a la humanidad es el pensamiento. El hombre actúa de acuerdo con sus pensamientos. Quien piensa egoístamente, obra egoístamente. La ambición, la avaricia y el ansia de fama, poder y riquezas han empozoñado la mente humana y han canalizado los logros del hombre hacia objetivos materialistas, hurtándole su paz interna, su alegría y su salud. El lodo ha añadido peso a sus alas. Su vuelo es ahora fatigoso y rasante. Ha perdido altura, se ha desorientado y no encuentra el camino.
El hombre, ciego a otra realidad superior, ha dirigido sus esfuerzos hacia la satisfacción de deseos materiales que le permitieran disfrutar de los objetos groseros que componen el universo de los sentidos. Ahora comienza a comprender que ha perdido su tiempo y ha equivocado su camino. Pero no es la solución limitarse a cambiar las estructuras externas; es preciso cambiar la fuerza que ha dado lugar a esas estructuras. Hay que llevar a cabo una revolución del pensamiento. Somos seis mil millones de seres, seis mil millones de mentes, seis mil millones de fuerzas, de distintas intensidades y direcciones, que se oponen para dar una resultante: la dirección en que se mueve la humanidad.
Para cambiar el rumbo errante de nuestra civilización es preciso estimular pensamientos positivos que se fundan en nubes, masas, fuerzas, sobre las que no pueda prevalecer la negra amenaza del egoísmo y la negatividad.
Esta es la labor del hombre hoy, emitir pensamientos positivos y poderosos que se propaguen en la atmósfera psíquica y que despierten pensamientos similares en otros hombres de buena voluntad, cuyas mentes se hallen en sintonía de simpatía.
El pensamiento es la mayor fuerza del universo. El pensamiento crea y destruye las civilizaciones. A nuestra humanidad decadente no puede salvarle más que un cambio de pensamiento. La inercia del subconsciente colectivo puede modificarse y superarse mediante el esfuerzo consciente de los individuos.
Dejémonos de alardear de inteligencia. El hombre autosuficiente sólo esconde ignorancia. El intelectualismo y la erudición no son más que adornos, una especie de ballet mental, en el mejor de los casos, que no aporta ninguna solución práctica. Lo que nuestro mundo necesita son hombres y mujeres prácticos, mentes poderosas, pensamientos puros y positivos que den lugar a una nueva forma de vida, a una Nueva Civilización.

Estilo de pensamiento y actitud ante la vida.



Todos pensamos, pero nuestro estilo de pensamiento es diferente.

El estilo de pensamiento es nuestra forma de percibir, analizar, sacar conclusiones y relacionarnos con las diferentes situaciones que vivimos.

Si es equivocado, nuestro sufrimiento y problemas aumentan.
Es personal, aprendido y lo repetimos una y otra vez.


Nuestro pensamiento puede enfocarse hacia el lado positivo y optimista o hacia elnegativo o pesimista.

La dirección que tomemos, determina nuestra actitud ante la vida.
Nuestros sentimientos, relaciones y conductas.


Determina la manera de:
  • Interpretar nuestro pasado.
  • Vivir y relacionarnos con nuestro presente.
  • Predecir nuestro futuro.


Un estilo de pensamiento basado en lo negativo es inadecuado porque:

  • Nos hace sufrir.
  • Nos impide ver las cosas tal como son.
  • Nos dificulta encontrar la solución a nuestros problemas.

Nuestro estilo de pensamiento es aprendido y por lo tanto, puede ser cambiado.

Algunos estilos de pensamiento se basan sólo en los aspectos negativos de nosotros, de los demás o de la vida.
Niegan una parte importante de la realidad.
Por eso nos perjudican y hacen sufrir.


Cambiando nuestros pensamientos equivocados.
¿Cómo puedes estar tan seguro de lo que piensan los demás, si todos somos diferentes.

Aunque tengamos características parecidas, hemos tenido distintas experiencias y educación. Aún los hermanos, no son exactamente iguales.

Posiblemente, porque conoces a alguien, puedes creer que sabes como piensa.
Pero existen muchos elementos que pueden estar influyendo en él en ese momento.
Desde su estado de ánimo y salud, hasta algún problema o éxito.

Mejor pregunta. 
.



El detallista.
Observa a tú alrededor:
¿Cuantas personas perciben o califican una misma situación de manera diferente?
¿Todos están equivocados menos tú?

Piensa en tus padres, abuelos, maestros que tuviste ¿Dónde y de quién aprendiste a pensar así?

Cuando te des cuenta de que estás poniendo atención sólo o principalmente a los detalles o aspectos negativos, aun si son importantes, busca los elementos positivos.

Escríbelos y sigue buscando más.
No importa si son importantes o no.

Pregúntale a otras personas que ven de bueno o que les gusta de esa situación y apúntalo.

Date cuenta de todos los aspectos que, con frecuencia, no tomamos en cuenta y piensa siempre que no es tan malo como tú lo estás viendo. 



El egocéntrico.
Si este es un estilo frecuente en ti, pregúntate:
¿Qué pruebas tengo para respaldar mis afirmaciones?

Ten en cuenta que el valor de una persona no depende de unas cuantas características o conductas.

Somos mucho más que lo que hacemos o lo que mostramos y nuestro valor depende del potencial emocional, psicológico y espiritual que tenemos como seres humanos. 



El exagerado.
Sacar conclusiones a partir de un solo hecho es un error.
Es como querer juzgar un libro a partir de unas cuantas páginas.

Aun cuando el hecho puede ser importante, es sólo una pequeña parte de la información necesaria para tener una visión completa.

Este tipo de pensamiento está muy relacionado con el extremista, que acaba pensando que las cosas siempre van a ser igual.

Todo y todos cambiamos.
Por lo tanto el hecho de que algo suceda una o más veces no indica que así van a continuar.

En ti está buscar ese cambio. 



El modesto.
Recuerda que lo que recibimos o dejamos de recibir de pequeños, está más relacionado con las características de aquellos que nos criaron, que con nosotros mismos.

Si sientes que tienes una autoestima baja, trabaja en ella.

Siempre puedes fortalecerla, aunque posiblemente requieras de la ayuda de un profesional. 



El juzgador.
Piensa que una situación puede no gustarnos, pero nuestras preferencias no cambian las circunstancias.

En nosotros está tratar de cambiar la situación, cuando depende de nosotros.
Cuando no podemos resolverla, podemos alejarnos de ella, si es posible o vivirla con una actitud diferente.

Aceptar no quiere decir aprobar o justificar.
Quiere decir reconocer que eso es lo que está sucediendo en esos momentos. 



El terco.
¿De donde crees que viene esa necesidad de demostrar que tienes la razón?

¿Qué es lo peor que puede pasar si estás equivocado?
Posiblemente nada.

Recuerda que somos seres humanos y por lo tanto, somos falibles.
Es decir, cometemos errores.

No existe la persona perfecta, solo existe aquella que trata de dar siempre una imagen y aun así no lo logra. 



El etiquetador.
Si tiendes a etiquetarte o a calificar a los demás, haz una lista de todas las conductas que alguna vez has tenido y de todas las que puedes hacer.

Así como de todas las características, cualidades y defectos que has mostrado a lo largo de tu vida.

¿Crees que se puede calificar a alguien tan complejo como el ser humano, por unas cuantos aspectos?

¿Califica tus conductas, para ver los errores y corregirlos, pero no te califiques como persona. 



El justiciero.
Determinar lo que es justo y lo que es injusto es sumamente difícil.
Aun a nivel de países, lo que se aprueba en uno, como por ejemplo la pena de muerte, en otros se desaprueba.

Para el dueño de un negocio, correr a un empleado que le causa problemas es justo y para el empleado, es injusto.

En vez de enfocarte en el aspecto de la justicia, analiza las cosas en función de los resultados.
De cómo te sientes, de las reacciones de la gente importante para ti y de sus efectos, positivos y negativos.

Respeta a los demás y su derecho a pensar y a ser diferentes que tú.



El vidente.
Nadie puede saber con seguridad lo que va a pasar.

Hay situaciones que no dependen de nosotros, aunque puedan afectarnos.
Podemos tomar en cuenta la probabilidad de que ocurran.
Pero no podemos garantizarlo.

Tomar una decisión basada en esta actitud de pensamiento es un error.
Preocuparme constantemente por un futuro que no conozco y que no se si va a suceder o no, también lo es.

Analiza que tan probable es que suceda lo que crees.
Busca información correcta al respecto.
Pregunta y si es importante, elabora un posible plan de acción. 



El emotivo.
Nuestras emociones son sólo eso: emociones.

Son la respuesta a nuestros pensamientos y nuestras vivencias y son subjetivas.
Por lo tanto no pueden ser reflejo de la realidad. 



El iluso.
Rara vez las cosas cambian, para mejorar, simplemente con el paso del tiempo.

Poner nuestro bienestar en la suerte o en la esperanza de que algo suceda para que nuestros problemas se resuelvan, es una actitud equivocada.

Nuestro bienestar depende de nosotros.
De nuestras acciones, nuestra manera de vivir la realidad y de nuestros deseo de bienestar.