lunes, 20 de mayo de 2013

Déficit de atención con hiperactividad en los niños

Los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) están siendo diagnosticados en forma creciente en niños y adolescentes. Recientemente se ha comenzado a detectar que esta condición persiste en los adultos y es con frecuencia causa subyacente a problemas laborales, legales y maritales. Esto se debe a que a la deficiencia de atención y a la distracción se le agrega la impulsividad y la incapacidad de quedarse quieto.

Hoy se sabe que no se trata de un trastorno psicológico puro, sino que la causa es una entidad neurológica con trastornos bioquímicos a nivel de la zona frontal de la corteza cerebral, la cual se ha identificado como un intrincado centro de planificación.

Lo que sucede es que la persona (niño, adolescente, adulto) no puede inhibir sus acciones (actúa antes de reflexionar), tiene dificultad en establecer empatía emocional y, por encima de todo, no puede mantener una acción repetitiva (esfuerzo, metas lejanas) porque tiende a vivir en el "aquí y ahora". El placer a breve plazo tiende a regir su vida, lo cual, a la larga, acarrea consecuencias negativas. Este trastorno no desaparece con el crecimiento, pero muchos aprenden a controlarlo o a compensar ciertas funciones.

Básicamente tres grandes características definen este trastorno: la desatención, la impulsividad y la hiperactividad. Hay adolescentes que son más desatentos que impulsivos-hiperactivos, mientras que en otros sucede lo contrario. Los síntomas se distribuyen en dos grandes bloques: desatención e impulsividad-hiperactividad (aunque haya síntomas específicos debidos a la falta de control de los impulsos y otros al exceso de actividad).

Este trastorno aparece, en la mitad de los casos, antes de los cuatro años (en la guardería ya advierten que son niños muy movidos); aunque a menudo el problema no es identificado hasta que el niño entra en la escuela. Por definición (DSM-IV), el trastorno comienza antes de los siete años.

También, para diagnosticar a un adolescente con este problema, hay que ceñirse a un criterio diagnóstico: tiene que presentar seis o más síntomas de desatención, o seis o más síntomas de hiperactividad-impulsividad, y han de estar presentes en el paciente al menos durante seis meses. Y con el requisito de que los síntomas deben darse en dos o más situaciones, como por ejemplo en la escuela (o en el trabajo) y en casa. Todo ello conlleva una perturbación o deterioro, clínicamente evidente, en el funcionamiento social, académico y ocupacional del adolescente.

Es de suma importancia detectar cuanto antes a estos pacientes para poder actuar con prontitud en el tratamiento médico (a base de eficaces fármacos psicoestimulantes: metilfenidato, dexedrina o pemolina de magnesio), en el soporte psicoterápico del paciente y la familia, y en el contacto con la escuela, para establecer una estrecha colaboración del estamento docente y sanitario. Una curiosidad farmacológica es que si estos chicos reciben un sedante, a menudo tienen una reacción paradójica: en vez de tranquilizarse se excitan más. Mientras que los psicoestimulantes a los que aludíamos tienen una acción -aparentemente incomprensible- tranquilizante, porque estimulan los centros inhibidores cerebrales, facilitando el enfocar, planear y pensar antes de actuar.

Es preciso saber que son jóvenes con un buen nivel intelectual (potencial), que sufren por su propio comportamiento incontrolable y por las alteraciones que provocan en el entorno familiar, escolar o laboral, que, a su vez, generan reacciones ambientales adversas: reprimendas continuas, castigos, expulsiones de escuelas o de lugares de trabajo, etc. Se crea así un círculo vicioso en el que queda atrapado el propio adolescente, que, a su vez, termina pasando de la defensiva a la ofensiva, volcando su impotencia y agresividad contenida contra el entorno amenazante que le ataca continuamente. El resultado es que las conductas delictivas y adictivas son muy frecuentes en estos adolescentes que no han sido tratados adecuadamente.


* Criterio para el diagnóstico del trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Todos los síntomas que se exponen a continuación los tiene el adolescente a menudo.

Desatención:

• No presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.

• Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.

• Parece no escuchar cuando se le habla directamente.

• No sigue las instrucciones, no finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones en el centro de trabajo (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender las instrucciones).

• Tiene dificultades para organizar tareas y actividades.

• Evita, le disgusta o se muestra reacio en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (como trabajos escolares o domésticos).

• Extravía objetos necesarios para realizar tareas u otras actividades (por ejemplo, ejercicios escolares, libros o herramientas).

• Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes ("se distrae con el vuelo de una mosca", dicen padres y maestros).

• Es descuidado en las actividades diarias.


Hiperactividad:

• Mueve en exceso manos o pies, o se mueve en su asiento.

• Abandona su asiento en las clases o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.

• Corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud).

• Tiene dificultades para dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.

• "Está en marcha" o suele actuar como si tuviera un motor.

• Habla en exceso.


Impulsividad:

• Precipita respuestas antes de que le hayan completado las preguntas.

• Tiene dificultades para guardar turno.

• Interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (por ejemplo, se entromete en conversaciones ajenas).