viernes, 5 de octubre de 2012

El poder del entusiasmo


El ‘entusiasmo’ que se apodera a veces de nosotros es ‘exaltación del ánimo’, un ‘fervor interior’ que parece venir de fuera, de...


alguna fuerza superior a la nuestra.

La palabra, que existió en el latín tardío ‘enthusiasmus’, viene del griego ‘ενθουσιαμüς’
–enthousiasmos:

‘inspiración divina’, ‘arrebato’, ‘éxtasis’. Una voz formada de ‘entheos’ o ‘enthous’ (que lleva un dios dentro: ‘en’ + ‘theos’).

El entusiasmo era el ‘furor o arrobamiento de las sibilas al dar sus oráculos’.

¿Sabemos verdaderamente qué es el entusiasmo?

Por mucho que nos refugiemos en las definiciones, por mucho que la mente analice conceptos y expresiones, percibimos que el entusiasmo es algo mucho mayor y que no basta con comprender-lo para sentirlo.

¿Hay diversos tipos de entusiasmo?

Podríamos afirmar que sí. Uno es el «hermano menor» y otro es el auténtico entusiasmo.

El «hermano menor» es una fuerte emoción, una cierta exaltación de la psiquis y aún de la mente, ante las ideas que despiertan en el alma la posibilidad de elevarse, volar, superar sus propios límites...

Pero el esfuerzo cotidiano, el ejercicio de paciencia y voluntad que hacen falta para conseguir lo que se entrevió apenas en ese arrebato emocional, van apagando un fuego que, por su potencia, se hubiera considerado inextinguible en el primer momento.

No son las ideas que generaron el entusiasmo inicial las que se apagan. Las ideas están allí... escondidas tras la enorme cantidad de pasos que hay que dar para llegar hasta ellas. Y, sobre todo, para hacer de estas ideas algo consciente y permanente.

No obstante, que aún en el caso del «hermano menor» -la emoción-, son las grandes ideas las que le dan vida.

El auténtico entusiasmo es mucho más que una emoción, aunque las emociones pueden llevar a él, si son cuidadosamente dirigidas.

Ese entusiasmo superior vive en un plano más alto, donde reside la intuición, en la fuente misma de la inspiración sagrada.

Por eso es «Dios en nosotros», la inspiración divina o aquello que los dioses inspiran en nosotros.

Las intuiciones surgen como una chispa inmediata de comprensión total y profunda; son de fuego, como las emociones, pero de un fuego mucho más estable porque no está sometido al devaneo de la psiquis ni al juego de las dudas de la mente.

El gran entusiasmo es de la misma naturaleza que las grandes ideas, las que reavivan el alma y la llaman a su destino.

Los Ideales, las Ideas Vivas, radican en el mundo de los Arquetipos. Y allí también está la raíz del Entusiasmo.

Arquetipos, ideales, inspiración, intuición de las verdades, entusiasmo: he aquí un universo especial que se asemeja al de los sentimientos, pero que tiene una calidad mucho más sutil y una perdurabilidad tan prolongada, como los mismos Arquetipos o la Divinidad que nos los sugieren.

Si se quiere sostener el entusiasmo menor -el impulso emocional- sin elevarse constantemente hacia las ideas que lo hicieron nacer, habremos fracasado.

La idea encendió la chispa del impulso, pero es la dedicación, la investigación, el servicio, la devoción, los que abrirán un surco claro para las ideas; y las ideas, con su claridad, mantendrán el fuego del sentimiento fervoroso.

Si se ha logrado elevarse hasta el plano de la intuición -cosa difícil por ahora-, donde todo se capta sin necesidad del intrincado engranaje intelectual, hará falta, no obstante, una forma mental para expresar esas intuiciones.

Aunque es sumamente arduo «traducir» una intuición en palabras, hay que conseguir volcar los Ideales en ideas, las vivencias superiores en expresiones razonables y transmisibles.

Serán, pues, ideales convertidos en justas ideas, ideas capaces de contener el fuego perpetuo del Entusiasmo.

Henos aquí, como seres humanos, en el difícil estado intermedio de la razón, a mitad de camino entre las emociones y las intuiciones, entre el fuego inestable y el fuego permanente.

El gran Entusiasmo es uno con los grandes Ideales; no puede separarse de ellos.

El pequeño entusiasmo necesita comprender los Ideales para no apagarse. En uno y otro caso, la mente juega un papel importante: es la Casa de las Ideas, las que ayudan a subir hasta los Ideales y las que ayudan a traducir los Ideales.

La mente es un maravilloso puente por el que descienden los Arquetipos y por el que se asciende hacia los Arquetipos.

Pero el puente no es la meta. La meta es el Entusiasmo, el verdadero Ideal, el domicilio del Fuego.

“... Ataquemos las enfermedades de todo tipo antes de que se declaren y, en todo caso, contagiémonos del entusiasmo de quienes se saben inmunizados ante los males, con la sencilla fuerza del Bien, la Belleza y la Justicia”.
-Delia Steinberg Guzmán-

Entusiasmo.
 Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive.

Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño.

 Furor o arrobamiento de las sibilas al dar sus oráculos.

 Inspiración divina de los profetas.

Inspiración fogosa y arrebatada del escritor o del artista, y especialmente del poeta o del orador.

Entusiasmo es un componente obvio en la ecuación. También valdría la palabra "pasión", pero entusiasmo expresa con ventaja lo mismo y carece de connotaciones de sufrimiento.

Además, su etimología es bella: en griego clásico viene a significar "Dios en mí".

Así es: cuando estamos entusiasmados llevamos a nuestras espaldas un ejército invisible.

La Administración necesita políticos entusiastas, funcionarios entusiastas, ciudadanos entusiastas.

Introduzco además el principio de ironía para combatir el fanatismo, escombrera de muchos entusiasmos. La ironía como valor implica reconocer que somos falibles, que no poseemos toda la razón, que casi todo es opinable.

Añade humor y tolerancia a nuestra fórmula. Sirve de válvula de escape para los excesos de pasión. Engrasa.

-El estado del entusiasmo-

"No nos quedan más comienzos". Es con esa parca frase que se abre uno de los libros más profundos y fascinantes de los últimos tiempos, que trata en realidad, nada más, pero tampoco nada menos, del estado de ánimo de nuestra civilización.

Me refiero a un texto de George Steiner, solitario representante de una erudición humanista con más riesgo de extinción que la más amenazada de las especies.

Aludo aquí, particularmente, a "Gramáticas de la Creación" (Ed. Siruela, Madrid, 2.001).

"Es precisamente el estatus de la esperanza lo que hoy resulta problemático", continúa Steiner con una moderación casi exasperante, pero que no pretende ocultar la profundidad y las características de la crisis actual.

Una crisis que para quien no es todavía de sentido, es sólo porque es de sobrevivencia.

Sigue Steiner, "El liberalismo y el positivismo científico del siglo XIX veían natural la esperanza de que la extensión de la escolaridad, del conocimiento científico y tecnológico... llevaría a una mejora sostenida en la civilidad, en la tolerancia política, en las costumbres tanto públicas como privadas.

Cada uno de estos axiomas propios de una esperanza razonable han sido probados como falsos.

No se trata sólo de que la educación se ha revelado incapaz de hacer que la sensibilidad y el conocimiento sean resistentes a la razón asesina...

La evidencia es que esa refinada intelectualidad, esa virtuosidad artística y su apreciación y la eminencia científica han colaborado activamente con las exigencias totalitarias o, como mucho, se han mantenido indiferentes al sadismo que las rodeó".

No es necesaria mucha suspicacia para confirmar las evidencias en torno a que el progreso moral no sólo no ha acompañado al progreso científico y tecnológico, sino que más bien ha ido en la dirección opuesta.

Buscar explicaciones, aun a tientas, a este sin sentido será muy poco, pero tal vez ese poco es todo lo que hoy tenemos, para intentar la ciclópea tarea de refundar la esperanza.

Una esperanza sobre la cual el entusiasmo es el único termómetro que tenemos disponible para verificar su existencia.

¿Será entonces que nos hemos quedado sin comienzos porque nos hemos quedado sin entusiasmo?

¿Quién duda que sea el estatus del entusiasmo el que hoy resulta problemático?

¿Quién duda que casi todo el entusiasmo se encuentre hoy en las peores manos y se concentra en las peores causas?

También como entre los humanos, los parentescos entre las palabras no son inocentes. Rastrear en su etimología, que es el árbol genealógico de estas últimas, ofrece a veces resultados sorprendentes.

Un ejemplo de ello son los vínculos para nada evidentes entre entusiasmo y fanatismo.

En su origen, la palabra entusiasmo deriva de la palabra griega que significa arrobamiento o éxtasis, que a su vez procede de otra palabra griega que significa inspiración divina.

Más clara es todavía la palabra fanático, tomada del latín fanaticus, derivado de fanum que significa templo. El fanaticus es entonces el inspirado, exaltado, frenético o servidor del templo.

¿No será entonces la colonización y captación del entusiasmo por el fanatismo, una hipótesis plausible para explicar la desolación, el pesimismo y la falta absoluta de entusiasmo de los hombres razonables?

Un fanatismo estéticamente diverso pero, en esencia, "democrática-mente" distribuido entre Oriente y Occidente.

Es probable que no haya ningún atisbo de salida de la crisis sin reflexión y más probable aún, que no haya reflexión sin preguntas. 


“Nada que valga la pena se logro jamás en la vida, SIN entusiasmo” Emerson.
El Entusiasmo es un requisito indispensable para el éxito en la vida.
Fueron los griegos los que inventaron la palabra “entusiasmo” (Gr. En-theos-usmus) que quiere decir “Dios activo dentro de mí”. En términos mas modernos La energía Creadora del Universo activa dentro de mí. Tienes el poder de crear dentro de ti.
El entusiasmo es una fuerza que se genera voluntariamente. Actúa con entusiasmo y éste te vendrá. Sin importar como te sientas, actúa con entusiasmo. Con firmeza y dinámica en tu voz. Alegría en tu saludo. Levantando tus hombros y con una agradable sonrisa en tus labios. Arriba ese animo!
Mantén tu conexión directa con La Energía Creadora del Universo por medio de tu mente. Allí hay ideas geniales para innovar y conseguir los mejores resultados en tu vida.
La Energía del Entusiasmo te apoyará para que puedas realizar las cosas que sean necesarias durante el día para obtener resultados positivos. Así no habrá cabida para el desanimo, frente a cualquier adversidad que pueda aparecer en tu camino.
El Entusiasmo te permitirá persistir, insistir, resistir y nunca desistir. Nada puede reemplazar la determinación. Una vez que estás decidido a lograrlo, lo conseguirás, nunca falla.
El Universo premia la acción. La acción impulsa el entusiasmo. La actitud férrea de triunfar te genera energía suficiente para conseguir los mejores resultados. Eso es Entusiasmo.
Revisa tus pensamientos. Obliga a tu mente a pensar siempre positiva-mente  Impide que los pensamientos negativos se aniden en tu mente.
Recuerda que el Poder está en las palabras. Hablar positiva mente alimenta tu Entusiasmo. Cuando uses una palabra o frase negativa, cancela inmediatamente y expresa palabras positivas que desplacen las negativas.
El Cerebro lee también tus actitudes. Permanece alerta sobre la postura corporal que adoptas en cada momento. Levanta la frente. Camina erguido. Sonríe y habla con firmeza.
Únicamente las personas entusiastas, ganan los juegos, alcanzan sus objetivos, hacen realidad sus sueños o se hacen profesionales o empresarios exitosos. Si podemos!