martes, 18 de septiembre de 2012

Transformar y superar la negatividad


"Podemos transformar nuestra actitud para convertirnos en personas optimistas, positivas y entusiastas por la vida... ello nos impulsa a disfrutar cada momento"


 Las relaciones a menudo se rompen a la mínima frustración, al mínimo desencuentro. Cuando se es incapaz de profundizar en lo que ha sucedido, ni escoger como una oportunidad de crecimiento y de resolución de temas personales, la situación de desencuentro y de conflicto para reconocer un aspecto importante de sí-mismo.
El vacío interno, la falta de contacto, es una enfermedad, aunque ignorada por los medios oficiales. Esta forma de actuar es cada vez más frecuente. La dificultad de compromiso y entrega proviene, a menudo, de la falta de atención y contención emocional vivida en la primera infancia, que generaron desconfianza, desarraigo y dispersión (entre otras cosas).
En el fondo nunca dejaron de ser unos niños, y como tal necesitan placer inmediato y no entienden la importancia del esfuerzo y de la permanencia.
Existen personas que parecen tener una especie de radar para captar lo negativo y ninguna capacidad de percibir lo positivo. La actitud negativa siempre nos lleva a pensar y a imaginar las cosas de la peor manera, estimulados por los miedos, los comentarios malintencionados que nos hacen las demás personas y cualquier experiencia difícil que hayamos tenido. Es así como, sin darnos cuenta, comenzamos a perder la confianza, la esperanza y el optimismo, convirtiéndonos con nuestras ideas y comentarios en una nube gris que también desanima y atemoriza a otras personas.  

Los pensamientos negativos nos afectan a todos de diferentes maneras, se cuelan como invitados que no deseamos en nuestra vida, nublando el presente y el futuro, llenándonos de emociones destructivas y tergiversando nuestra realidad hasta el punto de confundirnos y hacernos ver que no podremos afrontarla, resolverla o superarla, de manera que lo único que nos quedaría por hacer es huir de ella, evadirla o hundirnos en la negatividad y en el estancamiento total. De ahí que sea tan importante aprender a manejarse adecuadamente para vivir mejor.  

Muchos de nosotros hemos sido educados con el miedo, por eso mantenemos una actitud negativa, temerosa y pesimista frente a la vida, convirtiéndonos, muchas veces, en el obstáculo más difícil de superar cuando buscamos cumplir nuestros sueños.  

Por otro lado, las células del sistema inmunitario no permanecen ajenas a nuestro monólogo interno, y cada vez que tenemos un pensamiento negativo en el cual profundizamos, el cerebro libera sustancias que influyen sobre el sistema nervioso, la musculatura y los sistemas cardiovascular, respiratorio y digestivo. La diferencia entre un pensamiento negativo y uno positivo es que el primero no conduce a la acción, sólo considera las limitaciones y los posibles obstáculos.