miércoles, 19 de agosto de 2015

Cómo reconocer a una persona controladora

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Considera cómo te sientes alrededor de las personas que hay en tu vida antes de todo. ¿Tienes alguna relación en la que te sientes asfixiado, mangoneado, confundido o estresado, o simplemente harto de que te digan lo que tienes que hacer la mayor parte del tiempo (y sintiéndote culpable por ceder)? ¿Hay alguien en tu vida cerca del cual tienes que ir con pies de plomo y ser muy cuidadoso para aplacarle y no se enfade? ¿Conoces a alguien que parece tener “puntos” que le hacen perder el control contigo por cualquier cosa que dices o haces, a menudo sin razón? Si sientes que cualquiera de estas situaciones te es familiar, entonces es posible que estés lidiando con una persona controladora. Si es el caso, sigue leyendo.
Una persona controladora puede ser hombre o mujer; ya sea la relación romántica o de amistad. Sé precavido con cualquier amigo celoso que odie a tu pareja por serlo, especialmente si tu amigo no es feliz con sus relaciones.
El hecho de que una persona tenga una personalidad fuerte no implica que sea controladora. La prueba es: “Te deja ser tú mismo, o influencia exageradamente tu comportamiento”. Deberías poder determinar esto instintivamente.
Distingue una personalidad de límites de una persona controladora comprobando sus reacciones frente a otras cosas. Si una persona siempre estalla si le tocan sin permiso pero no reacciona de un modo controlador si cambias tu pelo o pierdes o ganas peso, etc., es un problema de límites. Las opciones personales de otros como cambiar de religión, reconocer una homosexualidad o transexualidad, hacer dieta, entrenar o hacer ejercicio son temas de límites. Incluso si crees que estás en lo correcto y los demás son los equivocados, alguien que es sensitivo a estos temas mantiene un límite cuando se trata de lo que hacen con su vida y cómo se les trata. Cuando empiezan a decirte quién eres, qué ropa llevar, cómo pensar, sentir y hacer es cuando te están controlando.
No te sientas mal si descubres que a veces controlar a otras personas en tu vida, sobre todo si has crecido con un padre controlador. En un nivel más profundo, aquello con lo que creces lo ves como “normal” y requiere tiempo dejar de tratar a los demás de la misma manera que te han tratado a ti. Es una parte muy importante de la recuperación el romper este patrón en ti mismo. Si te das cuenta a tiempo, puede ayudarte a corroborarlo y disculparte con la persona cuyos límites has propasado. Esto puede salvar las relaciones saludables de amistad y pareja que haya en tu vida.
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Busca cambios de humor repentinos. Esto es señal de una persona controladora, precisamente porque aquellos con personalidades cambiantes tienden a meditar sobre los daños e injusticias que perciben han recibido y buscan el remedio a su dolor interno y mejora de su situación controlando a otros. ¿Qué mejor que tener a alguien a tu disposición y otra que acepta la culpa o tiene miedo cuando no quieres ahondar en la solución del origen de tu propio dolor?
Las personas con cambios de humor suelen ser caprichosas ponen una cara larga en medio de un momento de alegría.
Los narcisistas con frecuencia enviarán una señal cuando no se les está prestando atención a ellos y sus necesidades. Esta es una forma de manipulación a la que es difícil decir no, pues la persona a menudo dirá que siente un dolor, está molesto, dolido y similares, haciendo así que la otra persona se sienta mal por él.

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Sospecha de cualquier persona que tenga temperamento y lo use con frecuencia. Las frecuentes explosiones de temperamento, especialmente aquellas acompañadas de acoso (el cobarde que trata de controlar a otros) o amenazas (es más fácil dirigir sus advertencias de hacerte daño a ti que buscar el origen interno de su dolor) son signos de una personalidad controladora. Las explosiones de temperamento a menudo se producen cuando difieres de su opinión (tanto si lo haces tranquilamente como amablemente) o no haces exactamente lo que ellos quieren que hagas (algo que a veces es difícil de deducir, pues muchas personas controladoras esperan que seas capaz de “leerles la mente”). En su mente, tú estás desafiando su autoridad cuando no estás de acuerdo con ellos o no llevas a cabo sus deseos.
En conjunto con los cambios de humor, las personas con estallidos de temperamento pueden ser realmente problemáticas porque nunca sabes qué postura mantener con estas personas. Desafortunadamente, su inhabilidad para manejar su ira o resentimiento puede resultar en agresión física, verbal, emocional o sexual. No permitas nunca que una persona te haga daño; no es tu culpa que estén heridos en su interior; tristemente, es más que posible que alguien en su juventud se comportara de la misma forma con ellos y estén perpetuando ese mal ciclo.

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Piensa cómo reacciona esta persona a preguntas comunes. Las preguntas pueden revelar bastantes cosas en lo que respecta a una persona controladora cuando responden de una manera frustrada o condescendiente:
Como ya se ha dicho anteriormente, una persona controladora piensa que puedes leer su mente. Si le haces preguntas sencillas sobre qué hacer juntos, dónde ir, qué es lo que quieren, etc., pueden frustrarse fácilmente porque esperan que tú tengas todas sus necesidades en cuenta y por encima de las tuyas. Las preguntas implican que hay que tomar una decisión, y una persona controladora cree que la decisión ya está tomada, siendo todo para ellos y su conveniencia.
La gente controladora frecuentemente asume que entiende cómo piensas, incluso cuando no es así. Pueden frustrarse porque la imagen que se han construido de ti no se corresponde con lo que dices.
Las preguntas pueden irritar a una persona controladora porque ellos prefieren tener el control a la hora de preguntar, y no los demás.
Las preguntas pueden afirmar para una persona controladora que aquel que pregunta necesita ayuda y control porque no conocen la respuesta. Esto puede agravarse con el tiempo porque el controlador busca que la persona controlada dude de sus propias habilidades a la hora de tomar decisiones.

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Busca elogios. Es común que las personas con problemas de control no sean buenos a la hora de elogiar sinceramente. No quieren que te sientas bien contigo mismo porque puede quitarles el control y hacer que se pierda la atención sobre ellos. Los elogios, cuando los dan, son maliciosos, mordaces y lo que hacen realmente es señalar una imperfección o defecto de la otra persona.
Por ejemplo: Cassie es el mejor referente de Maya para sentirse bien consigo misma y le gusta mangonear a Cassie. Así que, Maya suele decir a Cassie que es una buena amiga pero nunca le llama su mejor amiga aunque Cassie siempre se refiere a Maya como su mejor amiga; en este caso, Maya siempre tiene la posibilidad pero nunca lo hace. Cassie tiene un buen cuerpo y a Maya le enoja la atención que los chicos le prestan, por lo que Maya constantemente le dice a Cassie que a pesar de que tiene muy buen cuerpo, no debe presumir de ello ya que los chicos hablan de ella a sus espaldas.
Ten cuidado si eres muy atractivo(a) y la persona controladora no lo es. En este caso, es posible para una persona controladora hacer tu vida miserable. Tu aspecto se convertirá en un obstáculo es una relación de control, porque muy probablemente sentirán celos y harán lo posible para que pierdas la confianza en tu apariencia. Por ejemplo, una madre puede sentirse amenazada por la juventud de su hija e intentará hacer que su hija sienta que carece de estilo, incluso ayudará a que esto ocurra eligiendo su ropa o limitando su posibilidad de elegirla o de llevar maquillaje, etc. En una situación en la que la persona controladora sin atractivo se siente amenazada por el de la otra persona, rara vez lo elogiará; si acaso, lo más probable es que te recuerde tus defectos.
Una persona controladora intentará controlar tu manera de vestir y hablar, o incluso criticará tu opinión.

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Sé precavido con cualquier persona que parezca incapaz de entender o aceptar un “no”. Esta persona es un problema con tendencias controladoras, y estás destinado a que te pase por encima. Esta persona tenderá a insistir hasta que te agobies y rindas, cambiando tu firme no a un frágil sí, y dejándote con el sentimiento de culpa y vergüenza de ti mismo. Recuerda que estás en tu derecho de tomar decisiones, incluyendo aquellas que son negativas y hacen que te opongas a hacer lo que esta persona te pide.

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Considera qué ocurre cuando quieres ser tú mismo o actuar por tu cuenta.¿Te encuentras a menudo cambiando tu propia personalidad, planes o puntos de vista para que se ajusten a los de otra persona, incluso si habitualmente eres una persona fuerte? Si es así, es posible que estés tratando con una persona controladora. En lo que respecta a ti, estos son algunos puntos clave que llevan a estar en la posición de ser controlado:
¿Esta persona ignora, cambia o reinterpreta tu propia experiencia o expresiones de tus emociones? Los controladores intentan definir tu realidad. Si dices que estás cansado y la otra persona te dice que no, es una señal de que él o ella es una persona controladora.
¿Te encuentras a menudo sintiendo que debes cambiar tus planes por esta persona? Digamos que tienes tu día planeado, y entonces recibes la llamada de un amigo, y le cuentas tus planes. La persona quiere unirse a tus planes, con la excepción de que tu horario no le viene bien, o quizá no es el sitio al que quiere ir. Lo siguiente que te encuentras, es que tus planes han cambiado totalmente. Acabas viendo una película que no querías ver, en un momento en el que ni siquiera ni apetecía.

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Analiza cómo esta persona ve las situaciones difíciles, los momentos de tomar decisiones mutuas o cuestiones de responsabilidad. Es en estos campos en los que realmente puedes ver a una persona controladora por completo. A diferencia de una persona con fuertes opiniones (que puede ser molesta en sí misma pero no busca controlar, solo exponer sus opiniones de manera contundente), una persona controladora carece de la habilidad de tolerar o aceptar diferencias entre vosotros dos. Es más, una persona controladora siempre busca maneras de cambiar partes de tus rasgos o personalidad, transformándote en parte de su intento débil de controlar el mundo a su alrededor. Mientras que puede decirse que las relaciones no son democracias, tampoco son dictaduras. Es importante buscar un equilibrio en el que te encuentres a gusto en cualquier relación y la habilidad de comprometerse, tolerar, ser flexible y dar y recibir en ambos sentidos es esencial para las relaciones sanas.
La mayoría de personas controladoras siempre sacan a relucir durante las discusiones las expresiones, “tú eres el problema”, o “tienes un problema”. Nunca es su culpa.
La gente controladora suele tener dificultades para lidiar con los problemas de manera objetiva y manipularán la conversación para culpar a otros cuando señalan sus errores. Cuando esto ocurre, termina la discusión sin dejar que la persona controladora te eche la culpa o desacredite a ti u otros.
Si realmente quieres a esta persona, el “amarre” que tiene sobre ti puede hacer que te sea difícil ver y escapar de ella porque tu amor puede hacer que intentes excusar su comportamiento.
La gente controladora suele degradar o criticar a otros para crecerse y parecer superiores y con el control. De hecho, una persona controladora es fácil de localizar por su constante monólogo sobre cuán despreciable, estúpido, malvado, ridículo, molesto, etc. es el resto del mundo (aunque posiblemente nunca es ninguna de esas cosas).

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Observa lo que ocurre con tus otras relaciones. Cuando la persona controladora esté cerca de tus amigos y conocidos, ten cuidado. La persona controladora intentará causarte problemas entre tú y tus amigos, lanzando rumores, intentando crear divisiones (divide y vencerás) e incluso llegarán a contar mentiras (exageraciones para ser más suaves) sobre ti hacia ellos o viceversa, para intentar romper tu unión con ellos. Su principal objetivo es aislarte de los demás para que puedan tenerte para ellos mismos, dentro de la realidad que intentan tejer para ti. Permanece alerta; cualquier intento de alejarte o degradar a tus amigos y conocidos de tu vida es una bandera roja.
Evita conversaciones sobre interacciones, intereses mutuos y relaciones de amistad o pareja que tengas cuando la persona controladora esté presente. Sabes que le hará estallar y si tienes que dar la impresión de que eres un ermitaño en su presencia, es mejor a que haga trizas tus demás relaciones con sus comentarios maliciosos e insensibles.

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Observa la vida social de esta persona. La gente controladora normalmente no tiene amigos cercanos, y en raras ocasiones tiene amigos que sean más atractivos, inteligentes o bien parecidos que ellos. Suelen sentir celos de la gente popular, exitosa, y criticarán a aquellos que los demás tengan en buena estima. La falta de amigos cercanos puede ser una señal adicional de un incapacidad de tolerar a otros y de su necesidad de controlar firmemente las relaciones.
Las relaciones de amistad y pareja no se crean sobre quién tiene el control. Son interacciones mutuas basadas en compartir el dar y recibir y buscar siempre un equilibrio.

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Busca si existe abuso de poder administrativo o social, incluyendo cuando hay derechos compartidos. Una persona controladora tiende a mantener lazos sociales o legales (como amenazas de litigio, divorcio, matrimonios amañados, contratos de alquiler a compañeros de piso, planes de llamadas telefónicas compartidos, mal uso de un crédito compartido y contratos similares), especialmente si hay derechos administrativos incluidos. Incluso en las redes sociales, podrá bloquear y desbloquear a una persona antes que romper la relación, como otro intento de controlar una relación complicada o fallida.
Sospecha de la excesiva generosidad de una personalidad controladora pues puede ser una forma de impresionar y controlarte. Aparentando que te da muchas cosas, te hace creer que siempre te estás beneficiando de alguna forma, haciéndote sentir como si le debieras algo, quizás incluso pasado el tiempo. Entonces ellos utilizan ese sentimiento de obligación que tienes hacia ellos para controlarte.