martes, 11 de diciembre de 2012

Salidas y llegadas

SALIDA: Cada segundo.....
LLEGADA: Nunca lo sabrás....
DESTINO: LA VIDA!

Un día, leí un libro que comparaba la vida con un viaje en tren.
Una comparación extremadamente interesante cuando es bien
interpretada

Interesante, porque nuestra vida es como un viaje en tren, llena de
embarques y desembarques, de pequeños accidentes en el camino, de
sorpresas agradables, con algunas subidas y bajadas tristes.

Cuando nacemos y subimos al tren, encontramos dos personas queridas,
que nos harán conocer el viaje hasta el fin: “nuestros padres.”

lamentablemente, ellos en alguna  estación se bajarán para no volver a
subir más…
Quedaremos huérfanos de su cariño, protección y afecto.

Pero a pesar de esto, nuestro viaje deberá continuar…
conoceremos otras interesantes personas durante la larga travesía,
entre ellos nuestros hermanos, hijos, amigos y amores

Muchos de ellos solo realizarán un corto paseo, otros estarán siempre a
nuestro lado, compartiendo alegrías y tristezas.

En el tren, también viajarán personas que andarán de vagón en vagón
para ayudar a quien lo necesite.

Es curioso ver como algunos pasajeros a los que queremos deciden
sentarse alejados de nosotros, en otros vagones...!

Muchos se bajarán y dejarán recuerdos imborrables,
para ellos el viaje “TERMINO”.
Otros, en cambio, viajarán ocupando asientos, sin que nadie perciba que
están allí sentados…

Eso nos lleva a realizar el viaje distantes de ellos.
Pero eso no nos impedirá, aunque tal vez con alguna dificultad,
acercarnos a ellos.

Lo difícil es aceptar que, a pesar de estar cerca… no podremos sentarnos
juntos, pues muchas veces otras son las personas que los acompañan.
Este viaje es así, lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, llegadas
y partidas.

Sabemos que este tren solo realiza un viaje,
el de ida…

Tratemos, entonces, de viajar lo mejor posible, intentando tener una
buena relación con todos los pasajeros, procurando lo mejor de cada uno
de ellos, recordando siempre que, en algún momento del viaje, alguien
puede perder sus fuerzas y deberemos entender eso.

A nosotros también nos ocurrirá lo mismo y seguramente alguien nos
entenderá y ayudará…
El gran misterio de este viaje es que no sabemos en cual estación nos
tocará descender.

Pienso: cuando tenga que bajarme del tren ¿sentiré añoranzas?
Mi respuesta es SÍ; dejar a mis hijos viajando solos será muy triste…
Separarme de los amores de mi vida, será doloroso.

Pero tengo la esperanza de que en algún momento nos volveremos a
encontrar en la estación principal y tendré la emoción de verlos llegar
con mucha más experiencia de la que tenían al iniciar el viaje.

Seré feliz al pensar que en algo pude colaborar para que ellos hayan
crecido como buenas personas.
Ahora, en este momento, el tren disminuye la velocidad para que suban
y bajen personas.

Mi emoción aumenta a medida que el tren va parando…
¿Quién subirá?.
¿Quién será?

Me gustaría que TU pensaras que el desembarcar del tren, no es sólo una
representación de la muerte o el término de una historia…

Estoy feliz de ver como ciertas personas, como nosotros, tienen la
capacidad de reconstruir para volver a empezar…
Eso es señal de lucha y garra!
Saber vivir es poder ofrecer lo mejor a todos los pasajeros…

Agradezco , porque e estamos compartiendo este viaje y,
a pesar de que a veces nuestros asientos no estén juntos, con
seguridad el vagón en el que vamos y el maquinista son los
mismos.

A tí, que compartes estos minutos
GRACIAS
y que tengas un “BUEN VIAJE”...

Pánico Escénico


¿Qué es?

El pánico escénico es conocido también bajo el nombre del miedo escénico  y hace referencia al miedo intenso que puede llegar a sentir una persona ante la situación de hablar en público, o a actuar ante una audiencia.

¿Cuales son los Síntomas?

Los síntomas que presenta una persona con pánico o miedo escénico son comunes a los de la ansiedad y el estrés y entre ellos tenemos:
A Nivel Físico
* sudoración o transpiración excesiva
* taquicardia
* ganas constantes de ir al baño
* diarreas
* Dolor de Cabeza
* Sensación de sequedad en la boca o de que no se produce la suficiente saliva
* Nauseas
* Escalofríos
* Ponerse rojo o achantarse
A nivel Psicológico
* Tartamudeo
* Dificultades con la atención
* Dificultad para concentrarse
* Auto-crítica y auto-exigencia
* Temor al Fracaso
* Temor al rechazo
* Miedo a hacer el ridículo
* Parálisis: se evita la acción
* Temor a las respuestas de los otros en cuanto a nuestra ansiedad.

¿Por que se Presenta el pánico escénico?

Las causas son muchas
1. traumas o dificultades anteriores en experiencias similares
2. falta de confianza y seguridad en sí mismo
3. sentimientos que no se maneja al grupo: si son conferencias, exposiciones
4. miedo al que dirán y a los comentarios y reacciones después de la actividad
5. está asociada a sentimientos o experiencias anteriores donde se ha sentido falta de control, vergüenza, haberse sentido expuesto o ridiculizado.
6. Miedo a decir algo incorrecto, inadecuado o fuera de lugar.

¿Sabes cual es el mensaje que te das a ti mismo?

No puedo
No soy capaz
No lo lograré
No soy lo suficientemente bueno en ello
Con lo cual, como si fueras un imán lo que lograrás... será exactamente eso

¿Se presenta solo cuando hay que actuar el Público?

Aunque el miedo escénico está asociado a presentarse ante un público, actuar para él o dar una conferencia, lo cierto es que también puede presentarse en otras situaciones en nuestra vida como cuando sentimos un inmenso miedo al asistir a una entrevista de trabajo, declararle nuestros sentimientos a otra persona, pedir un aumento de sueldo o toda situación que nos implique estar frente a otra persona y demostrar nuestras habilidades sociales.

¿A que se debe todo esto?

El pánico escénico se presenta por el concepto y la evaluación que la persona hace de sí misma, esto hace referencia a auto-crítica y auto-juicios donde la persona se descalifica y se desvaloriza ante sí misma, y con ello lo único que puede esperar del medio o de su público es que también le den una valoración negativa de como actúa o se desempeña.

¿Qué ocurre entonces?

El miedo a actuar en público dispara la señal en el organismo, la persona se siente nerviosa y lo expresa a través de su cuerpo.
¿cómo?
Paradójica-mente implicando aquella parte de su cuerpo que necesita para su presentación, la voz por ejemplo, o las piernas en el caso de un bailarín.
Los consejos que recibe la persona es intenta que no se te note, haz de cuenta que no pasa nada, con lo cual se trata de "disimular el miedo" consiguiendo muy contrariamente a lo que se desea un mayor miedo un mayor descontrol que solo ocasiona más y más miedo y una auto-crítica y un auto-juicio mucho mayor que solo genera más y más dificultades.
Lo que ocurre es que la persona genera una conexión entre sus sentimientos de miedo y el hecho de tener que actuar ante el público y mientras más fuerte sea esta conexión se disparará mucho más rápidamente y nos volveremos mucho más sensibles a la experiencia  y a situaciones en las que estamos con otras personas. 
Dicho en otras palabras nos volvemos más sensibles a la situación, con lo cual cosas muy mínimas son capaces de dispararnos este miedo, con lo cual la conexión se hace cada vez más y más fuerte y más difícil de romper.
Nos juzgamos y nos criticamos aún más por lo que ocurre, esto muchas veces impide que pidamos una ayuda apropiada en el momento en que lo necesitamos por que sentimos vergüenza o nos sentimos inapropiados, o que debemos resolverlo solos, con lo cual lo único que hacemos es reforzar más y más esta conexión.

¿Cual es la Solución?

"Ignorar el miedo" no es lo que lo soluciona, por que esto es solo una señal de alerta de nuestro cuerpo y lo que requiere para solucionarlo es ponerle atención.
Para solucionar aquello que nos pasa es necesario es necesario trabajar en dos frentes:
1 Puesto que en la mayoría de los casos no podemos evitar la situación conflictiva por que hace parte de nuestro vida laboral,. profesional o de estudiantes es necesario que podamos controlar la situación.
Lo que tenemos hasta el momento es una conexión negativa entre la situación y la respuesta de nuestro cuerpo que cada vez se intensifica mucho más.
Las reacciones de nuestro cuerpo son una señal de alarma o alerta que nos indica que la situación es difícil para nosotros y que requiere de nuestra atención.
Lo ideal entonces sería poder lograr conexiones positivas que logren disparar en nosotros estados de control, de tranquilidad y de serenidad en vez de aquellos de angustia, miedo y tensión que se nos presentan.
Con lo cual esta conexión positiva es capaz no solo de neutralizar la situación conflictiva sino que podemos lograr un control de nosotros mismos y estar serenos, relajados y tranquilos para nuestra entrevista de trabajo, o para nuestra presentación o para aquello que necesitemos.
2. Encontrar el porque tenemos este miedo, para que la desconexión de él sea completa y podamos liberarnos de la situación. 




Manifestaciones de la Angustia o de estres


Manifestaciones de angustia o de estrés en mi comportamiento

Me siento alterado, con poca paciencia e irritable
Me salgo de control o de casillas, con mucha facilidad
Me extraña este tipo de comportamientos, pero es superior a mi y no lo puedo controlar
Mis movimientos son rápidos, acelerados, indican nerviosismo o por el contrario, mis movimientos son lentos

Manifestaciones de angustia o estrés a nivel de la motivación

Las cosas no me motivan al igual que antes, no siento ninguna pasión, por aquellas cosas que antes si, es como si no encontrará la motivación adecuada para hacerlo.
Es como si todo me diera lo mismo.

Manifestaciones de angustia o estrés a nivel del sueño

No puedo quedarme dormido con facilidad,
Tengo insomnio
Me cuesta para dormirme, parece que en vez de descansar lucho con la cama, no encuentro la posición adecuada, doy vueltas sin cesar y no consigo relajarme.


Manifestaciones de angustia o estrés a nivel personal


He sentido cambios en mi apetito, no puedo comer ni pasar bocado
O por el contrario, como en exceso, no lo puedo controlar, es como si quisiera calmar la angustia a través de la comida
No puedo concentrarme, pierdo el hilo con facilidad.
Siento que mi mente no está en lo que está
Me siento débil, agotado físicamente y con poca energía para realizar las actividades del diario vivir
Me siento mal conmigo mismo, no he logrado cumplir con mis objetivos personales, familiares y económicos, lo que me producen una sensación de que he fracasado, no valgo lo suficiente, mi familia, o mi pareja merecen algo mejor que yo.
Siento que no tengo fuerzas para enfrentar la vida o solucionar ese problema que me acongoja
He llegado a pensar que mi familia está mejor sin mí, o he tenido deseos de no existir más, de que llegue la hora de mi muerte.
Me siento triste, deprimido y sin ganas de vivir.

No siento seguridad en mi mismo, y creo que tengo problemas con mi autoestima.
La solución es determinar la situación o situaciones que me generan estos estados de ansiedad, y buscar unaayuda profesional, por que una vez que se soluciona el conflicto o lo que lo causa la crisis no se volverá a presentar y por otro lado, es importante que aprendamos a controlarnos en estas situaciones, para no tomar decisiones precipitadas, a la ligera o bajo estrés, que en muchas ocasiones no serán acertadas y que podemos por ende arrepentirnos de ellas
Si deseas aprender a controlar  y vencer la ansiedad te regalo el reporte como vencer la ansiedad que puedes solicitarlo llenando el sigueinte formulario y poneindo en motivo de consulta Recibir el reporte como vencer la ansiedad

SER LO MÁS IMPORTANTE: NOSOTROS MISMOS


La inseguridad, la falta de confianza en sí mismos y la autoestima van de la mano
Implica el conocimiento personal, que incluyen cualidades, virtudes y límites, ser sinceros con nosotros mismos.
Muchas veces la falta de seguridad está relacionada con cítricas, frustraciones experiencias del pasado, en donde hemos fracasado, o en situaciones que nos han marcado en la vida, frustraciones de tal forma que nos generan una barrera, un muro de contención que no nos deja plena libertad para actuar ante las circunstancias actuales.
Las experiencias negativas van sumando, y poco a poco nos convencemos de que no somos capaces de seducir a una persona, o no podemos conseguir pareja, o no tenemos las habilidades necesarias para conseguir el trabajo que deseamos, o superarnos a nivel personal, profesional, social o de pareja.
Darnos por vencidos antes de empezar a luchar asegura sin lugar a dudas nuestro fracaso en cualquier ámbito de nuestra vida.
Así como a lo largo de nuestra vida hemos ido acumulando experiencias negativas, también lo hemos hecho con las positivas, nuestras habilidades en todos los niveles y lo que hemos aprendido, además de que hemos madurado, nos permiten la adquisición de herramientas y tener recursos que posiblemente no teníamos cuando tuvimos aquellas primeras experiencias negativas que nos dejaron marcados.
Por ello es importante, identificar cuando, por que y como es que empezaron las dificultades con la seguridad y la confianza en nosotros mismos. Identificar los recursos y las herramientas que hoy tenemos para afrontarlas.
Todas las personas cometemos errores, pero lo importante es poder aprender de ellos, llevarlos a enseñanzas prácticas en nuestra vida, que nos permitan afrontar las cosas desde otra perspectiva, y no desde una barrera limitante, que solo nos llevaría a encerrarnos más en nosotros mismos y a limitar aún más nuestro comportamiento.
De igual manera es importante identificar que comportamientos actuales, mantienen y refuerzan mi inseguridad, para poder encontrar los que contrariamente reforzarían la seguridad en mi mismo.
Una adecuada autoestima y autoconfianza implicaría aceptarme tal y como soy, en todos los niveles que ello implica, conocerme a mi mismo, con mis limitaciones y cualidades, buscando la superación personal, aprender de mis experiencias y sacar provecho de ellas, desarrollar y potenciar mis virtudes, trabajar por aquellas cosas que me gustaría llegar a superar, utilizando los recursos y herramientas personales, que he adquirido a lo largo de la experiencia y los años vividos
La inseguridad en nosotros mismos, y la falta de confianza se permea en todos los factores de nuestra vida, haciendo que no estemos satisfechos con nosotros mismos, con la forma como somos y nos comportamos, lo cual por ende golpearía nuestra autoestima
Lo importante con todo esto, es que tiene solución, podemos trabajar en nuestro crecimeinto personal y en sentirnos mejor con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, mejorando con ello nuestra calidad de vida. En este tipo de situaciones es importante una ayuda profesional que nos permita contactar con nuestros recursos, con nuestras capacidades, superar nuestras dificultades y hacer de nuestra vida aquello que en realidad queremos. Si no deseas encaminarte por la ayuda profesional hoy en día contamos con las estrategias para adquirir habilidades sociales y ser esa persona popular Y extrovertida que deseas ser. 

viernes, 7 de diciembre de 2012

SENTIDO Y SENSIBILIDAD HUMANA


La naturaleza es muy pródiga y ha construido un ser impresionantemente complejo. Un ser compuesto por infinidad de partes, con funciones muy específicas y con una dinámica muy característica. Este ser es el hombre; es el humano que nace, se forma, se desarrolla, se capacita, produce, SIENTE y fenece para terminar su ciclo.
SENTIR es experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas, siendo los sentidos los encargados de transmitirlas. El SENTIDO es la única función para la cual el organismo percibe las diferentes formas de energía

Con su inteligencia, el hombre sabe, o cuando menos intenta saber, lo que son las cosas reales. Estas cosas están "dadas" por los sentidos. Pero los sentidos, se nos dice, no nos muestran lo que son las cosas reales. Este es el problema que ha de resolver la inteligencia y sólo la inteligencia. Los sentidos no hacen sino suministrar los "datos" de que la inteligencia se sirve para resolver el problema de conocer lo real. Lo sentido es siempre y sólo el conjunto de "datos" para un problema intelectivo. Es la concepción de todos los racionalismos de una u otra especie, por ejemplo, de Cohen: lo sensible es mero "dato". 
Que esto sea verdad en lo concerniente a un conocimiento estricto y riguroso, es algo innegable. Pero aquí se trata de lo que constituye la indole propia de lo sensible tomado en sí mismo. Y situada así la cuestión nos preguntamos: ¿está ausente de lo sensible el momento de realidad? Porque lo primero en que se piensa, y con razón, es en que si los datos sensibles no poseyeran el momento de realidad ¿de dónde se lo iba a sacar la inteligencia? Tendríamos con la inteligencia "ideas". pero jamás la realidad. Y es que el vocablo y el concepto de "dato" es manejado en esta concepción con una singular imprecisión. Por un lado, "dato" significa dato para un problema. Es lo que se nos acaba de decir. Pero esto, con ser verdad, no es la verdad primaria. Porque—es el otro sentido de la palabra "dato"—un dato sensible no es primariamente dato para un problema, sino dato de la realidad. Y al amparo del primer sentido, se nos quiere hacer olvidar el segundo que es el primario y radical. La función de lo sensible no es plantear un problema a la inteligencia, sino ser la primaria vía de acceso a la realidad. La concepción anterior es una gigantesca preterición de la sensibilidad en el problema filosófico del enfrentamiento del hombre con las cosas reales. Lo sentido es dato de la realidad. Y entonces se plantea inexorablemente la cuestión de en qué consiste el carácter de estos datos, esto es, cuál es la estructura esencial de la sensibilidad humana.


La estructura esencial de la sensibilidad humana.

Como datos de la realidad, se nos dice, los datos son "intuiciones". Sentir es formalmente intuir. La inteligencia entra en juego precisamente para entender lo que intuimos y hasta lo que no intuimos, Pero ¿qué se entiende aquí por intuición?
Desde los tiempos de Platon y de Aristóteles, lo que llamamos intuición sensible se ha considerado como un conocimiento (gnñsij). Y se ha caracterizado este conocimiento por su inmediatez. Sí no el vocablo, la idea está en aquellos grandes maestros griegos. En la intuición el objeto está inmediatamente presente sin la mediación de otros factores tales como las imágenes, los recuerdos, los conceptos, etc. La intuición sería el conocimiento por excelencia, Kat’ exoc¿n. La inteligencia es, entonces, el sucedáneo conceptual que elaboramos para conocer aquello de que no tenemos intuición.
Esta concepción del sentir no es falsa; pero ¿es suficiente? Porque lo cierto es que el hombre carece, por ejemplo, de una intuición suprasensible. Su intuición es pura y simplemente "sensible". La filosofía ha propendido a hacer de la sensibilidad una especie de intelección minúscula, olvidando justamente el momento que la caracteriza formal. mente: el ser "sensible". ¿Qué significa este adjetivo como momento estructural del sentir?
En la filosofía de Husserl ha cruzado el problema de una caracterización más precisa de lo que es la intuición. En la intuición, el objeto está dotado de una presencia originaria; es decir, no es una presencia a través de un intermedio tal como una fotografía. Pero esto no basta. Es menester que esta "originariedad" sea tal que el objeto esté presente leibhaftig, podríamos traducir "en carne y hueso". Pero ¿en qué consiste esta presencia? Husserl no nos lo dice, precisamente porque no se hace cuestión del carácter sensible de nuestra intuición.
Y es que a pesar de todos estos esfuerzos, se ha eliminado el momento más característico y propio de la intuición sensible a beneficio del momento meramente cognoscitivo, intuitivo. ¿Qué es, pues, nos volvemos a preguntar, lo sensible de nuestra intuición? No es una "presencia" todo lo inmediata que se quiera, sino una presencia en "impresión". Sentir es la presencia impresiva de las cosas. No es mera intuición sino intuición en impresión. Lo sensible de nuestra intuición está en este momento de impresión.
Dicho así, sin más, esto en rigor no es ninguna novedad. Pero era menester volver a ello y preguntarnos qué es impresión. Impresión es, por lo pronto, "afección". El objeto afecta físicamente a los sentidos. Cuando Aristóteles quiere establecer una diferencia entre la inteligencia (noãj) y el sentir (aŠsqhsij) caracteriza a la inteligencia como algo "inafectado", "impasible" (¦paq¿j). La inteligencia puede ser pasiva pero es impasible, no sufre afección física como los sentidos. La filosofía moderna ha tomado este concepto de impresión como afección. Y como toda afección es subjetiva, lo sensible, como mera afección del sujeto, queda desligado de lo real. Todo el empirismo se apoya en esta concepción. Pero esto es a todas luces insuficiente. Porque el ser afección no agota la esencia de la impresión. Ya desde siglos atrás se había visto que en la afección de la impresión nos es presente aquello que nos  afecta. Este momento de alteridad en afección es la esencia completa de la impresión. Por esto las impresiones no son meramente afecciones subjetivas. Y por eso también, lo sensible es a una un dato de la realidad y un dato para la intelección de lo real.
Ahora bien, ¿cuál es la estructura de esta impresión así entendida? Por lo pronto nos encontramos con lo que aparentemente es lo más problemático de ella: lo que llamo su contenido específico. Es lo que en cada caso y en cada momento nos ofrecen los sentidos de lo que son las cosas. El empirismo lo llamó "cualidades secundarias". Y a ellas dirigió su implacable crítica negativa: el color real no es la impresión visual del color, etc. No vamos a entrar aquí en este problema. Pero en el caso del hombre, esto no agota la que llamamos impresión de las cosas. Porque el hombre no sólo siente impresivamente este "verde", por ejemplo. sino que siente impresivamente la "realidad" verde. En el caso de las impresiones humanas, la alteridad en afección no está constituida solamente por su contenido sino también por su formalidad de realidad. El hombre siente impresivamente la realidad de lo real. Ciertamente este momento de realidad no puede llamarse impresión sin más, porque no es una segunda impresión junto a la impresión del verde. Pero es que tampoco puede llamarse sin más impresión al contenido, Contenido y realidad son dos momentos de una sola impresión: la impresión humana. Pero para contraponerme más explícitamente al empirismo, y también al racionalismo, he centrado el problema de la impresión en el momento de realidad, y para abreviar he llamado a su aprehensión sensible impresión de realidad. Es un momento en el que no ha solido reparar la filosofía.
En virtud de su sensibilidad, el hombre se encuentra formalmente inmerso en la realidad. El animal tiene también impresiones, pero la alteridad que en ellas se le da, es la de algo meramente "objetivo", esto es, distinto e independiente de la afección que sufre. El animal reconoce la voz de su dueño como algo perfectamente distinto de sus afecciones, etcétera. Pero esto no pasa de ser un "signo objetivo" para sus respuestas. La alteridad del animal lo es siempre y sólo de un signo objetivo. Esta objetividad no pasa de ser eso: la independencia respecto de la afección, la objetividad de un estímulo cuya afección como tal se agota en la estimulación por algo distinto del afectado. El animal puede ser y es objetivista, tanto más objetivista cuanto más perfecto sea. Pero no es ni puede ser jamás realista. Y esta es la cuestión: el animal no tiene  impresión de realidad. Por eso en el rigor de los términos, el residuo de que nos hablan los fenomenólogos es no el contenido determinado de la impresión, sino el momento mismo de realidad. El animal carece de este residuo.
¿Qué es este momento de realidad? En un estímulo, lo estimulante no tiene más carácter objetivo que el de desencadenar una respuesta. Su contenido es sólo de y para una respuesta. En cambio, en la impresión humana el contenido nos afecta como algo que es propiedad suya, por así decirlo, propiedad de aquello que nos muestra la impresión; es, como suelo decir, algo de suyo. posee como caracteres propios suyos los contenidos de la impresión. Por esto el momento de realidad no es un contenido más, sino un modo del contenido, lo que he llamado formalidad. Es una formalidad según la cual se nos presenta el contenido de las impresiones sensibles. El momento de realidad no es algo que está allende lo que los sentidos nos dan en sus impresiones. Pero lo que estas impresiones nos dan son las "cualidades" como algo de suyo. Sentimos como impresión de la roca, por ejemplo, algo que en mi sentir mismo se me presenta como siendo ya algo de suyo, la roca de suyo. Este "de suyo" expresa el momento o formalidad de lo real.
Esta formalidad es aquello según lo cual nos enfrentamos primariamente con las cosas. Pero no es algo meramente subjetivo sobre lo cual la inteligencia razonara para llegar a la realidad de suyo de las cosas; no se trata de esto. El momento de realidad pertenece física y formalmente a la impresión en cuanto tal. El mero contenido sensorial se nos presenta en la impresión como siendo impresivamente ya algo de suyo. Y este "ya" expresa con toda exactitud lo que venimos diciendo. La versión a la realidad, al "de suyo", es un momento físico de la impresión en virtud del cual la formalidad de realidad pertenece a la impresión misma en su modo de alteridad, Las cosas no nos son simplemente presentes en la impresión, sino que nos son presentes en ella, pero como siendo ya de suyo. Como he solido decir, este momento del "ya" expresa que en el impresionar, la realidad de lo que impresiona es un prius respecto del impresionar mismo. Un prius que no es cronológico, pero sí algo previo según su propia razón. Y por eso la remisión a la cosa real es una remisión física y posee una inmediatez física también. En la impresión sensible estamos físicamente remitidos a la realidadpor la realidad misma. Este momento de realidad, es decir, el "de suyo", no se identifica con el contenido, pero tampoco con la  existencia; ambas son reales tan sólo en la medida en que competen "de suyo" a lo que impresiona. Tal es la estructura esencial de la sensibilidad humana, radicalmente distinta de la sensibilidad animal.
Siendo esto así surge inevitablemente la pregunta de qué sea la inteligencia humana y su intelección.


La estructura formal de la inteligencia.

Ahora volvamos la mirada hacia la intelección misma en cuanto tal, Innegablemente hay una diferencia esencial con el sentir. El hombre no sólo recibe impresiones de las cosas, sino que además las concibe y entiende de una manera u otra, forma proyectos sobre ellas, etc. Ninguno de estos actos puede ser ejecutado por los sentidos; los sentidos, por ejemplo, no pueden aprehender ideas generales ni pueden juzgar acerca de lo que las cosas son. Esto es suficiente para distinguir ya desde la entrada en el problema, la intelección y todo el sistema de sentires humanos.
Pero esto no basta. Estos actos están ejecutados tan sólo por la inteligencia, sí, pero ¿en qué consiste formalmente la intelección en cuanto tal? Es decir, ¿en qué consiste formalmente lo intelectual en cuanto tal? ¿Es lo formal de la inteligencia el idear y el juzgar?
Para acercarnos a este problema procedamos por pasos contados.
1 .Todos los actos a que acabamos de aludir son exclusivos de la inteligencia. Pero la verdad es que si queremos hacer una descripción más precisa de tales actos nos encontramos siempre con que hay que decir lo siguiente: concebir es concebir cómo son o pueden ser las cosas en realidad, juzgar es afirmar cómo son las cosas en realidad, proyectar es siempre proyectar cómo habérnoslas realmente con las cosas, etc. Aparece siempre en todos los actos intelectuales este momento de versión a la realidad. Todos los actos y actividades intelectuales se mueven siempre en algo que, para facilitar la expresión, llamaré aprehensión de las cosas como realidades. Sólo aprehendidas como reales es como la inteligencia ejecuta sus actos propios, forzado a ello por la realidad misma de las cosas, En este sentido, la aprehensión de realidad es el acto elemental de la inteligencia. 
2. La aprehensión de realidad no es sólo el acto elemental de la inteligencia, sino que es un acto exclusivo de ella. Ciertamente, hemos dicho que en la impresión de realidad—que es sensible—aparece el momento de realidad. Pero se trata de la sensibilidad humana. El adjetivo "humano" era esencial en el problema de la sensibilidad. Dejemos, pues, de lado cuanto hemos dicho de la sensibilidad humana y atendamos tan sólo al puro sentirtal como se da en el animal. Esto nos permitirá descubrir a una la esencia del sentir y la esencia de la inteligencia.
¿Qué se entiende por pura sensibilidad? Sentir, tanto fisiológica como psíquicamente, es la liberación biológica del estímulo en cuanto tal. La sensibilidad se constituye y se agota en la estimulidad. Por esto es por lo que el animal se mueve, según vimos, entre meros signos objetivos. Un estímulo es siempre y sólo algo que suscita una respuesta biológica. La estimulación se agota en este proceso: es lo propio del puro sentir en cuanto tal. El carácter formal de la pura sensibilidad es, a mi modo de ver, la estimulidad. Toto coelo distinto es e! carácter de realidad. La realidad es el carácter según el cual las cosas son de suyo, estimulen o no al hombre, duren o no duren más que lo que dure la estimulación. Por eso los estímulos reales no se agotan en el proceso de estimulación. Además, el puro estímulo es siempre específicamente determinado, mientras que realidad es algo por lo pronto inespecífico, indeterminado. En el rigor de los términos es más que inespecífico, es trascendental, pero es un aspecto del problema que excede de nuestro actual propósito. Estimulidad y realidad son dos Formalidades completamente distintas. La estimulidad es la formalidad de las cosas en mera suscitación de respuesta; realidad es la formalidad según la cual las cosas son de suyo. Lo primero es exclusivo del puro sentir; lo segundo es exclusivo de la intelección.
3. Esta versión a la realidad no es sólo el acto elemental y exclusivo de la inteligencia, sino que es el primario y más radical de sus actos. La aprehensión de realidad es el acto radical de la inteligencia. Es por esto lo que formalmente constituye el inteligir en cuanto tal. La aprehensión de realidad es, en efecto, el punto preciso en que surge en el animal humano el ejercicio de la intelección, Veámoslo.
Todo sentir, toda estimulación, tiene tres momentos: un momento receptor, un momento tónico en que se encuentra el viviente en cuestión y un momento efector o de respuesta adecuada, Los tres {349} momentos no son sino tres momentos de un solo fenómeno unitario: la estimulación. Según sea la complicación interna del animal, debida a una estructura de formalización (que no voy a exponer aquí), las respuestas adecuadas a un mismo estímulo pueden ser, y son, muy varias; es lo que constituye la riqueza del sentir animal (prescindo, naturalmente, de la riqueza de especificación), Pero por amplio que sea, el elenco de estas respuestas adecuadas está asegurado, en principio, por las estructuras mismas del sentir animal.
Pero en el caso del hombre la cosa es más compleja. La complicación estructural del hombre es tal que el elenco de posibilidades de respuesta adecuada al estímulo que la suscíta no queda siempre asegurado por la estructura de su puro sentir: el hombre es el animal híperformalizado. ¿Qué tiene que hacer entonces el hombre? Suspende, por así decirlo, su actividad responsiva y, sin eliminar la estimulación, sino conservándola, hace una operación que en los adultos llamamos hacerse cargo de la realidad. Se hace cargo de lo que son los estímulos y de lo que es la situación que le han creado. No es que abandone el estímulo y se ponga a considerar cómo pueden ser las cosas en sí mismas; esto es inicialmente quimérico. Lo que hace es aprehender los estímulos como algo "de suyo", esto es, como realidades estimulantes. Es justamente el orto de la intelección. La primera función de la inteligencia es estrictamente biológica; consiste en aprehender el estímulo (y el propio organismo, naturalmente) como realidad estimulante, lo cual le permitirá elegir la respuesta adecuada. La inteligencia se moverá a partir de aquí en el ámbito de la realidad abierto en este primer acto psico-biológico de hacerse cargo de la realidad, en este acto de aprehender el estímulo y la situación creada como algo "de suyo". La inteligencia está así, por un lado, en continuidad perfecta con el puro sentir, pero, por otro, situada en el ámbito de lo real, se ve forzada por las cosas mismas a concebirlas, juzgarlas, etc.: es el desarrollo intelectivo del "primer" acto psico-biológico de hacerse cargo de la realidad.
La inteligencia aparece, pues, en su función aprehensora de la realidad precisa y formalmente en el momento mismo de superación del puro sentir mediante una suspensión del carácter meramente estimulante del estimulo. Por consiguiente, la aprehensión de realidad no es tan sólo lo que subyace elementalmente a todo acto intelectual ni es tan sólo una operación exclusiva de la inteligencia, sino que es el  acto más radical de ella. La inteligencia consiste formalmente en aprehender las cosas en su formalidad de realidad. Sí se quiere hablar de "facultad" habrá que decir que la inteligencia es la facultad de lo real, no, como suele decirse, la facultad del ser.
Pero entonces surge aquí un grave problema, que antes hemos dejado expresamente de lado y con el que ahora hemos de enfrentarnos. La sensibilidad humana, no la animal, siente impresivamente la realidad; está, pues, desde si misma, vertida a la realidad. Sus impresiones, en efecto, lo son de realidad, pero sí la inteligencia consiste formalmente en aprehender el estímulo como realidad surge la cuestión esencial: ¿cuál es la "relación", digámoslo así, entre la inteligencia humana y la sensibilidad humana? ¿Cuál es, en definitiva, la estructura de la inteligencia humana en cuanto tal?

La estructura esencial de la inteligencia humana: inteligencia sentiente.

Hacíamos ver antes que el sentir humano posee un momento propio, la impresión de realidad, esto es, que por su propia índole la sensibilidad humana no es puro sentir, sino un sentir cuyo carácter humano consiste en su intrínseca versión al estimulo como realidad. Ahora bien, acabamos de ver que la versión a la realidad es el acto formal propio de la inteligencia, lo cual significa que el sentir humano es un sentir ya intrínsecamente intelectivo; por eso es por lo que no es puro sentir. Por otra parte, la inteligencia humana no accede a la realidad sino estando vertida desde sí misma a la realidad sensible dada en forma de impresión. Todo inteligir es primaria y constitutivamente un inteligir sentiente. El sentir y la inteligencia constituyen, pues, una unidad intrínseca. Es lo que he llamado inteligencia sentiente. Lo humano de nuestra inteligencia no es primaria y radicalmente finitud sin más, sino el ser sentiente. Aclaremos algo este concepto, solamente algo, porque el desarrollo completo del problema excede de los límites de estas sucintas notas introductorias.
Digamos primeramente lo que no es la inteligencia sentiente.
a) No se trata únicamente de que haya una prioridad cronológica del sentir respecto del inteligir, es decir, no se trata de que nil  est in intellectu quod prius non fuerit in sensu. Porque, cuando menos por lo que respecta al momento de realidad, este momento está aprehendido en un solo acto. La impresión de realidad es, en efecto, un momento del sentir humano y es a la vez el acto formal de inteligir. En este punto no hay dos actos, uno anterior al otro, sino un solo acto.
b) Tampoco se trata de dos actos, uno de sensibilidad y otro de inteligencia, que tengan el mismo objeto. Que no exista sino un solo y mismo objeto es algo que, con razón, viene afirmándose desde Aristóteles hasta nuestros días frente a todo dualismo platónico o platonizante. No hay un mundo propio de los sentidos, un mundo sensible. y un mundo propio de la inteligencia, el mundo inteligible; no hay sino un solo mundo real. Esta mismidad del objeto sentido y del intelígído envuelve innegablemente para ser aprehendido en su mismidad alguna unidad en el acto aprehensor mismo. Esta unidad consistiría en que ambos actos, el sensible y el intelectivo, son conocimientos, son actos cognoscitivos. El intelectivo es cognoscitivo porque conoce y juzga lo que los sentidos aprehenden, y el acto de sentir es también un conocimiento intuitivo, una gnñsij. Son dos modos de conocimiento. En su virtud, el propio Aristóteles atribuyó a veces caracteres noéticos al sentir.
Kant va más lejos: ni sentir ni inteligir son dos actos cognoscitivos, sino que la inteligencia y la sensibilidad son dos actos que producen por coincidencia un solo conocimiento, caracterizado por esto como sintético. Husserl amplía estas consideraciones; sentir e inteligir serian dos actos que componen el acto de conciencia, el acto de "darme-cuenta-de" un mismo objeto. Esta unidad del objeto permitió alguna vez a Husserl hablar de "razón sensible" (sinnliche Vernunft); expresión utilizada a su vez por Heidegger para una exposición (por demás insostenible) de la filosofía de Kant.
En todas estas concepciones, sin embargo, se parte de dos ideas: que el sentir es por sí mismo intuición cognoscente y que lo propio de la inteligencia es "idear", esto es, concebir y juzgar.
Sin embargo, ya vimos que el sentir no es primariamente mera intuición, sino aprehensión impresiva de las cosas como realidades, y que inteligir no es formalmente idear, sino aprehender las cosas como realidad.
La unidad de sensibilidad e inteligencia no está constituida, pues, por la unidad del objeto conocido, sino que es algo más hondo y  radical: es la unidad del acto aprehensor mismo de la realidad como formalidad de las cosas.
Trátase, pues, de un solo acto en cuanto acto. Es lo que significa la expresión "inteligencia sentíente". Ciertamente, entre el puro sentir y la inteligencia existe una esencial irreductibilidad. La prueba está en que pueden separarse. El animal siente, pero no tiene impresión de realidad, no aprehende la realidad, no intelige. Y en el hombre mismo, la inmensa mayoría de sus sentires son puro sentir. Sentir no es algo exclusivo de esos complejos que llamamos órganos de los sentidos. Toda célula siente a su modo y la transmisión nerviosa es una estricta liberación del estímulo, es decir, es un auténtico sentir. Sin embargo, ninguna de estas funciones constituye un "hacerse cargo de la situación" ni contiene una impresión de realidad, ¿Qué sería del hombre sí tuviera que hacerse cargo de la situación a propósito, por ejemplo, de cada transmisión sináptica?; no podría ni empezar a vivir. Hay, pues, un sentir puro, esto es, un sentir que no es intelectivo, que para nada necesita del momento intelectivo de versión a la realidad. Pero la recíproca no es cierta, Toda aprehensión de la realidad lo es precisamente por vía impresiva; la inteligencia no tiene acceso a la realidad más que impresívamente. Y el momento de versión a la realidad es intrínseco y formalmente un momento intelectivo; sólo por esto es por lo que existe una impresión de realidad en los sentidos. En cierto nivel humano, cuando faltan las respuestas adecuadas al estimulo, el hombre se hace cargo de la situación real, esto es, siente la realidad o, lo que es lo mismo, intelige sentientemente lo real. En este nivel no hay dos actos: uno, de sentir, y otro, de inteligir, sino un solo acto para un mismo "objeto": la formalidad de realidad. Inteligencia sentiente expresa, no la subordinación de lo inteligible a lo sensible ni tan sólo la unidad del objeto, sino la estricta unidad numérica del acto aprehensor de la formalidad de realidad. La inteligencia humana, en tanto que inteligencia en su acto formal y propio (la aprehensión de realidad), está constitutiva y unitariamente inmersa en el acto del puro sentir; y el sentir, en su nivel no-puro, está formalmente constituido por un momento intelectivo, Trátase, pues, de la unidad de un solo acto de intelección sentiente. No es una unidad objetiva, sino una unidad subjetiva del acto en cuanto acto. La inteligencia aprehende la realidad sintiéndola, así como la sensibilidad humana siente intelectivamente. La inteligencia no "ve" la realidad impasiblemente, sino  impresivamente. La inteligencia humana está en la realidad no comprensiva, sino impresivamente.
Cuál sea la índole de esta unidad estructural es un problema que. como dije al comienzo, excede del ámbito de estas fugaces notas, que no pretenden sino acotar el fenómeno de la intelección sentiente. Pero aun reducida a estos límites la idea me parece esencial. Frente al dualismo platónico de Ideas y Cosas sensibles, Aristóteles restauró (en una forma u otra, no vamos a entrar en el problema) la unidad del objeto, haciendo de las Ideas las formas sustanciales de las Cosas. Pero mantuvo siempre el dualismo de sentidos e inteligencia; cada una de estas facultades ejecutaría un acto completo por sí mismo. Creo, sinceramente, que es menester superar este dualismo y hacer de la aprehensión de realidad un acto único de intelección sentiente. Ello no significa reducir la inteligencia al puro sentir (seria un absurdo sensualismo) ni hacer del sentir, como Leibniz, una intelección oscura o confusa. En su esencial irreductibilidad, sin embargo, sentir humano e inteligir humano ejecutan conjuntamente un solo y mismo acto por su intrínseca unidad estructural. No es una cuestión de alcance meramente dialéctico, es algo, a mi modo de ver, decisivo en el problema del hombre entero (no sólo en su aspecto intelectivo) y en especial en el problema de todos sus conocimientos, inclusive los científicos y los filosóficos.

TE QUIERO O TE NECESITO?


Hay personas que se enamoran siempre de personas que necesitan ayuda, pero no para amarlas sino para sentirse útiles y queridas. 

Si la pareja no te importa no te impliques, si no te afecta de alguna manera no es una relación armónica y madura, que es el ideal al que todos aspiramos. 

La coodependencia más común es la de una pareja en la que unos de sus miembros sufre una enfermedad o una adicción, el otro dedica su vida a cuidarle y a ayudarle pero sin dejar que se cure completamente, ya que, lo que da sentido a su vida es sentirse útil y necesitado. 

Esto explica que hay personas que tienen un rasgo común en todas sus relaciones, siempre se enamoran de alcohólicos, personas sin trabajo que hay que mantener, personas que necesitan algún tipo de ayuda. 

Esto es una lucha en que cada uno ejerce su forma de control del otro asumiendo papeles de víctima o de salvador. Los expertos coinciden en que quien está inmerso en una relación de coodependencia, nunca se da cuenta de ello por sí mismo, corresponde a un tercero desde fuera la responsabilidad de hacerlo evidente. 

La coodependencia puede provocar también una serie de síntomas psicosomáticos inespecíficos, dolores de cabeza, desarreglos digestivos menstruales, insomnio o trastornos psicológicos o enfermedades como la depresión, la obesidad, la bulimia. Los primeros síntomas de alarma serían no estar a gusto, no sentirse feliz, no querer llegar a casa, no sentir deseo. Ante esto siempre cabe preguntarse a uno mismo que me pasa. 

El temor de comprometerse 

El miedo a la intimidad, al compromiso, a la dependencia amorosa que hoy día se da con mucha frecuencia es también un tipo de relación dependiente. Hay muchas personas que cuando les surge el deseo, la atracción por alguien o se enamoran les aparece automáticamente el miedo a la dependencia, al compromiso. Suelen darse estas situaciones en personas con experiencias anteriores dolorosas y frustradas o en personas con padres separados. 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

CAUSALIDAD PSÍQUICA ANSIEDAD Y ANGUSTIA



La angustia, la ansiedad sería el componente esencial que es necesario objetivar, que es necesario
reconocer cuando nos enfrentamos al hecho de la entrevista, al hecho de qué es lo que le está pasando al otro.
Efectivamente, esa vivencia de ansiedad tendría dos límites. Un límite, por decirlo así, superior, y un límite
inferior. El límite inferior sería el pánico. El límite superior el miedo. Supuestamente tendríamos que decir que
entre el pánico y el miedo podríamos situar toda una serie de continuos –de estados vivenciales, en los que
ubicaríamos tanto estructuras de personalidad como vivencial de conflicto- y consiguientemente de
estructuras de conflicto que irían desde una menor hasta una mayor organización. En este sentido, las
proporciones serían fáciles de establecer:
Pánico es a organicidad lo que angustia es a síntoma, lo que miedo es a objeto.
Esa sería, permanentemente la equivalencia que se podría establecer. Es decir, habría una equivalencia
por decirlo en términos de estructuración psicopatológica, que nos situaría por orden a la vivencia y,
consiguientemente, por orden a un tipo de representación del sujeto, que no hay que olvidar que el sujeto, en
un momento determinado por relación a la situación a la que está inmerso, puede aparecer como
absolutamente psicótico, o puede aparecer en otras situaciones de equilibración como un individuo neurótico
o un individuo perfectamente equilibrado. Todo depende un poco de su sentido de la vivencia y, por tanto, de cómo se instala en el campo de las relaciones interpersonales e incluso de las relaciones intersubjetivas.
Una situación en un momento dado a un individuo que la viva con pánico, evidentemente, ya le
podemos estar diciendo que no ocurre nada, para que ese individuo, en un momento determinado, como efecto de la vivencia se desorganice totalmente y entonces no tenga asideras ni para ubicar las cosas que le rodean, ni para encontrar agarraderos en esa situación, para poner límites de referencia, positivos o negativos, estables, tanto temporales como espaciales. Entonces, los índices de la realidad que nosotros manejamos tienen muy poco que ver con algo que no es del orden de la lógica sino que es del orden de la vivencia. Si en un momento determinado un individuo ha perdido sus ejes impalpables de orientación espacio-temporal, si ha perdido sus ejes de orientación biográfica, existencial, sus ejes de identificación personal, se encuentra, efectivamente, perdido en esa situación. Por tanto, podríamos decir que está en una situación psicótica, ¿cómo se demuestra esto? Se demuestra como ocurre en todos los acontecimientos traumáticos. Son pérdidas más o menos traumáticas, más o menos momentáneas de los ejes que configuran esa organización de nuestra secuencia de acontecimientos interpersonales, lo que podríamos llamar relaciones de realidad.
Efectivamente, en esa situación que podría ser del pánico al miedo, evidentemente, la disolución del
objeto entraña un recurso hacia la organicidad. Cada vez que hablamos de lo psicopatológico, cada vez que
hablamos de lo psicológico, nos encontramos con un problema que es trascendental y es que hablamos de
causalidad psíquica y la causalidad psíquica es del orden de la representación, del orden de lo simbólico y nodel orden de lo físico, del orden de lo natural. Por tanto, todo proceso que nos conduzca hacia lo físico, hacia
lo natural es una regresión, o, si se quiere, es un proceso que nos encamina hacia periodos de constitución o
de desarrollo arcaicos. La causalidad psíquica se pone de manifiesto tan pronto como en el ser humano se
origina la representación: el mundo de la alucinación, el mundo de lo imaginario, el mundo de todo aquello
que nos hace soportar la ausencia, porque somos capaces de darnos un simulacro que nos hace soportar esa ausencia porque la dominamos por medio de un análogo –representación de eso que no está presente-. Este sería el punto central.
¿Qué es lo que ocurre con el problema de la angustia y la sintomatización? ¿Quiere decir aquí, que en
la sintomatización el individuo no ha pasado o no ha ascendido a nivel de la causalidad psíquica? ¿Quiere
decir que el individuo todavía no ha superado el plano de la organicidad? Esta puede ser la primera gran
pregunta que haya qué plantearse. Todo recurso a la somatización es siempre un paso atrás, es siempre una
nostalgia de lo orgánico. Se ha dicho que la regresión a la depresión es, muchas veces, una nostalgia del estado fetal
El proceso de somatización, en la medida en que recurre a unos procesos orgánicos, es una nostalgia
de un estado previo. El problema es el nivel de generalización con que nos encontramos cada vez que
hablamos del síntoma. El proceso sería el siguiente: el problema de la sintomatización está no con una
incapacidad del sujeto para imaginar sino con una negativa del sujeto para canalizar una vivencia, para
organizar una vivencia y cuando hablamos de una vivencia hablamos de un tono afectivo, positivo o negativo,
amor odio, por relación a una representación. Un sentimiento que puede ser ambivalente porque incluso al
mismo sujeto no le interesa, muchas veces, aclarar, porque aclarar ya es darse la representación
correspondiente. Habría que hablar de una vivencia donde le faltaría la clave de estructuración de esa vivencia,lo que cierra la vivencia, la posibilidad de representación. No hay ninguna representación vivencial sin su correspondiente afecto, positivo, negativo o ambivalente y al contrario, no existe ningún afecto positivo,negativo o ambivalente sin su consiguiente representación. Lo que se daría es una vivencia que se
descompensa por la vía de que no tiene un punto clave, no se cierra. El proceso representativo se cierra sobre lo que el psicoanálisis, en este caso, llamaría un desplazamiento, en el sentido de que sustituye la
representación que le corresponde por aceptar simbólicamente a tomar en su lugar un elemento que es el que sirve de conclusión simbólica.
Estamos hablando de la angustia, ansiedad y su correspondiente sintomatización. Un sujeto y cuando
hablo de sujeto le estamos concediendo su acceso o instalación en un plano de causalidad psíquica, no es
solamente capaz de alucinar determinado tipo de satisfacciones, sino capaz de representarse determinado tipo de cosas, las que fueren. Por definición, a este sujeto no le falta la capacidad en su vivencia de dotarse del lado representativo de esa vivencia. La vivencia es un afecto que tiene una afección interna, positiva, negativa o bivalente a la que se acompaña una representación. En la medida que se hace más comunicable la representación, la parte afectiva se hace más fría. A medida que hacemos una vivencia más comunicable, la
parte expresiva, la parte de afecto se queda más dentro de nosotros; el afecto es lo que más trabajo cuesta
expresar. Cuando hacemos un esfuerzo por simbolizar lo que nos está pasando de alguna manera, tenemos que alejarlo de lo que estamos viviendo. El esfuerzo de objetivación enfría la vivencia. La vivencia comporta
siempre las dos dimensiones: sentirme afectado por algo que me afecta.
El fantasma igual que el imaginario son tipos o clases de vivencia que se definirían por su clase de
representación. El fantasma pertenece al tipo de representación arcaica de la que tenemos experiencia,
generalmente, a través de una figura vinculante con muy pocos componentes que procedan de experiencia
interna o externa. El fantasma tiene mucho más que ver con una figura mítica que puede ser buena, mala o
ambivalente.
Concepto de representación: La representación es lo que sustituye a otra cosa, lo que está en lugar de
otra cosa, lo que representa algo. La representación tiene sentido, otra cosa es tener el código con el que
poderla descifrar. Si nos encontramos con un discurso delirante podemos adoptar dos medidas: decir, ese
discurso es un discurso o decir ese discurso es una representación, es una representación del mundo que está
viviendo, del conflicto que está viviendo ese individuo, de cómo está viviendo su situación, de cómo él está
viviéndose a sí mismo en relación a los otros .
Si un individuo pertenece a otro organismo sin tener autonomía nerviosa central, pertenece a otro
organismo, no ha lugar a su representación autónoma. No está funcionando como individuo psíquico
autónomamente, sino que todo su sistema nervioso esta exclusivamente funcionando como un sistema integral por un sistema nervioso totalizado, por un sistema nervioso central que lo constituye como subtotalidad dentro de la totalidad del organismo materno. Si ese niño nace y el proceso de diferenciación no se da, el orden de
su representación estará dado por la figura vinculante con la que está fusionado. Sería como si no se hubiese
consumado la separación orgánica, porque aunque se haya realizado la separación orgánica no se ha producido el nacimiento psicológico del niño o no se ha producido la maduración cognitiva del niño. Se produce una maduración sensomotriz, sin embargo, esto no explica el desarrollo cognitivo psicológico del bebe, ya que el desarrollo tendrá que ser cognitivo, afectivo, en vínculos, en relaciones en donde él vaya dotándose de una identidad de referencia; es a eso a lo que llamamos subjetividad. Cuando el niño se sitúa a sí mismo como un polo de referencia sobre el que convergen acciones pero del que parten acciones y reacciones, el niño se ha convertido en un ser autónomo, el niño ha realizado el proceso de su madurez cognitiva. El niño estará en condiciones de empezar su proceso de separación.
Representación: Cuando uno se imagina el amiguito, cuando se imagina el coco, cuando uno se
imagina un superman, está representando determinado tipo de figuras. Habrá representación con más o menos circulación social, será mayor o menor el grado de circulación de los símbolos, lo que aluda al carácter sintomático a veces de una expresión o de otra expresión. Por esto, también, los códigos corporales varían ylos síntomas varían de cultura a cultura. Hay culturas donde un síntoma no aparece ¿por qué? Porque esta muy cargado de valor simbólico y entonces no se utilizaría. Un recuerdo es una representación. Un malestar, en lo que tiene de actualidad misma, tiene dos componentes: un componente de afección y un componente de representación. Un estímulo es doloroso o placentero pero al mismo tiempo, un estímulo desencadena según su naturaleza un tipo u otro de representación. No podemos pensar en un símbolo sólo como en un estímulo sin más, sino que un símbolo está cargado semánticamente, está cargado afectivamente, valorativamente, con ideología, etc. Un sujeto que sea independiente, que adquiera su representación con independencia será aquel que pueda conseguir una representación según él.
 CAUSALIDAD PSÍQUICA
“En el comienzo ¿qué fue? El acto. No. ¿La palabra? No.¿El fantasma? No. La secuencia fundamental: el
fantasma, la palabra y el acto.”
Simplificando al extremo, diremos que desde las primeras semanas de la vida, el recuerdo de las
estimulaciones sensitivo-sensoriales asociadas ya a la insatisfacción de la frustración-tensión, ya al fin de la
insatisfacción, se agrupan en el nivel encefálico central en dos constelaciones: el nudo antropógeno específico
displacer y el nudo antropógeno específico placer, los cuales no son otra cosa que acumulación de recuerdos adquiridos. Placer/displacer serían los dos elementos fundamentales de los cuales saldrá el fantasma.
Uniéndose al fantasma, la palabra. Y de la combinación fantasma/palabra y en la articulación de la
satisfacción/insatisfacción, el acto.
“Todo el aparato psíquico humano está sometido originariamente a la omnipotencia del arcaísmo, a
las particularidades específicas del crecimiento y de la organización nerviosa de la primera infancia, y aparece liberándose parcialmente y tomando distancia por medio del juego de las realidades internas y externas que permiten la supervivencia. Toda potencia es arcaica. El arcaísmo es el irracionalismo fundamental: es el placer o el displacer, es la angustia total, es todo lo que es necesario endosar a las mujeres, es esa regresión en donde se desvela el sublime misterio: “majestuosas las diosas truenan en la soledad, alrededor de ellas no hay lugar,
no existe tampoco el tiempo, hablar de ellas es temblar porque ellas son las madres.”
El fantasma es lo primario. El fantasma, un imaginario, un sistema psíquico de imaginario que
especifica el irreductible componente irracional del ser humano. Todo acto está ganado sobre el fantasma,
sobre las ilusiones, sobre los miedos, sobre las culpabilidades pero sin fantasma no hay hombre, solo robot.
Ese arcaísmo primario, ese irracional fundamental, ese placer total, esa angustia total es necesario endosársela a la mujer, a las madres.” Es con dolor que yo desvelo el sublime misterio: majestuosas las diosas truenan en la soledad, alrededor de ellas no hay lugar, no existe tampoco el tiempo, hablar de ellas es temblar porque ellas  son las madres.” Fausto, Goethe.
Sin causalidad psíquica, sin reino de la representación no es posible hablar de hombre. Sin reino de
la representación habrá engramas –estímulos asociados a una reacción-; sin componente mediacional, sin
representación, habrá estímulo asociado a respuesta. Para que haya hombre es necesario el punto intermedio, la representación. Para que haya representación es necesario el fantasma. Llamamos fantasma al movimiento primero alucinatorio, al placer, a la carencia del placer, a la búsqueda del placer, a la búsqueda de la insatisfacción, al fracaso, a los miedos, a las culpabilidades. Es decir, todo lo que establece el proceso de socialización o el proceso de vinculación del niño. En la medida que la culpabilidad es, en sus últimos
elementos, un límite y lo que inhibe el acto y el pensamiento es siempre un acto, el desarrollo segundo de la
psicomotricidad no será ciertamente autosuficiente si no planteamos previamente el hecho de esa culpabilidad, porque culpabilidad es relación del otro, es ley, es separación de la naturaleza. Si no hubiera más que acto, el yo que se desarrolla quedaría sometido pasivamente a las entidades arcaicas intrapsíquicas y a su proyección en el mundo exterior, a las fusiones que se suceden a las disfusiones. Si no hay culpabilidad no hay sentimiento de identidad con lo que el hombre no dispondría de ningún poder, de ningún margen de libertad.
Una situación tal en la que las angustias y los placeres se fundirían, por lo que las virtualidades del acto
voluntario serían incompatibles con la supervivencia.
La ley se escribe para transgredirla, la libertad está precisamente en esto, si no hubiera ley no habría
libertad jamás. Culpabilidad sería, sabiendo que haces mal, lo haces porque quieres hacerlo. Si no supieras
que haces mal, no habría este sentimiento. Pero para ganar su identidad hay cosas que un individuo tiene que
hacer aunque sepa que está mal para sus padres, etc. Si la culpabilidad es muy fuerte inhibe totalmente,
entonces ya no se actúa. El sujeto se paraliza y no puede ganar la propia identidad. La ley pueden ser las
expectativas que tu familia tenga para ti, por lo cual te obliga a una serie de estudios, te obliga a una serie de
amigos, te obliga a unas relaciones y puede ser una sola ley: las expectativas ya marcadas. La casa liberal sería la casa de la ocultación.
“Es preciso por tanto, y es elemento que se constata universalmente, que existen mediaciones
temporales y parciales que permiten el cumplimiento de un montón de actos voluntarios, vitalmente
necesarios sin que, sin embargo, el sujeto tenga bajo la mirada de inmediato el conocimiento de esas entidades arcaicas, todo potentes, sin que para él se abra ese agujero que conduce a una intolerable angustia de aniquilamiento, a una devoración del yo por la madre mala, reflejo inverso de los fantasmas agresivos del bebe y del niño pequeño. Distanciaciones y mediaciones que aseguran los ritos propiciatorios, las ceremonias expiatorias, las operaciones mágicas y, a un grado más elevado, las diversas religiones. Tradicionalmente, en las sociedades occidentales iba de que si el rol de mediador, del tercero, lo jugaba siempre el padre. La teoría freudiana no hacía más que recoger esto de la teoría ambiente. Recientemente otro psicoanalista se preguntaba, ¿de dónde viene el padre? Esta es la pregunta clave. Ese padre, es evidente que no se trata del padre biológico, sino del padre psíquico, inscrito en el psiquismo y suficientemente investido como para hacer peso con esas potentes imágenes arcaicas maternalizadas, que son las inevitables. Diríamos que, además, si podemos considerar que la necesidad casi básica, la necesidad de la que se va a originar las satisfacciones y las insatisfacciones va a ser el hambre, el pecho es un objeto casi, casi privilegiado. Si el pecho frustra, el niño
no tiene alimento, no tiene satisfacción, no consigue alimentarse adecuadamente, no consigue un nivel de
comodidad, no consigue el nivel de seguridad que le da el sueño, el bienestar que puede experimentar cuando está lleno, el bienestar que siente cuando está limpio, el bienestar que experimenta cuando se le cambia de
posición, cuando se le acuna, el placer que siente cuando se le ha llenado de alimento y además juguetea con
lo que está succionando. Tendremos que va a asociar todo un conjunto de experiencias displacenteras a un
objeto principal. Sin ir a niveles superiores ya tendríamos una primera metaforizacón de lo que podría
significar el pecho malo en Melanie Klein. El pecho malo es un objeto parcial en torno al cual el niño va
constituyendo sus primeros niveles de organización psíquica con una serie de contenidos variables, cuya
cualidad tiene un tono: el displacer, la desarmonía, el desafecto,, la inseguridad, el pánico, el terror, etc. De
ahí, va a derivar todo un conjunto de imágenes de inseguridad permanente. Es decir, del exterior, con el
contacto primero que tiene con el elemento que le sirve de punto de referencia para el exterior, va a derivar
que del exterior proceda absolutamente toda amenaza. Con lo que nos encontramos con un niño en el que toda
su simbólica fundamental va a estar, toda ella, teñida de angustia. Todas sus sucesivas integraciones
posteriores van a hacer que prevalezca el sentimiento de terror ante el mundo exterior puesto que de él recibe,
permanentemente, insatisfacción, y por tanto cualquier índice que provenga de ese exterior va a ser un índice
de amenaza para él.
Si del exterior va recibiendo una serie de estímulos de satisfacción, ese niño no se va a encerrar en el
interior. Ese niño, claro que alucinará con sus sueños, sin embargo va a tener un juego interior-exterior, en la
misma medida en que el exterior le seguriza, en que el contacto con el exterior no va a ser permanentemente
de frustración sino que es una vía de consecución de satisfacciones. De aquí el que el contacto con el exterior
no sea visto, no sea vivido siempre como un permanente foco de tensión, de inseguridad, de terror, de angustia.
Si, por otro lado, la madre, va logrando, va dando de alguna manera significación a los pequeños actos, a las
pequeñas integraciones del niño y de ahí, la importancia del agente socializador –la madre con capacidad de
ensoñación, la madre que es capaz de ir adelantándose al tiempo de maduración de su hijo-. Como a otro nivel,
cuando el niño llega al nivel del estadío del espejo; él sensomotoramente no ha alcanzado todavía un esquema
corporal completo porque todavía quedan muchos circuitos sensoriales sin integrar; mecanismos sensitivos y
sus correspondencias motoras no están armónicamente unidos. Todavía no hay una totalización de la
recepción de sus estímulos, la organización de los estímulos y su traducción a respuestas, sino que hay
recepción parcial de estímulos con lo que la respuesta sigue siendo parcial. El niño va adquiriendo dos
elementos, hay dos elementos que son distintos:
El esquema corporal: El individuo jamás es consciente de él. El esquema corporal se actúa. Cuando a un individuo le pedimos que actúe con plastilina o con una materia prima, estamos viendo el esquema corporal
que tiene pero del que no es consciente. El esquema corporal es dos ejes de dominio espacio-temporal, es la
disposición sensitivo-motora del cuerpo. Es el dominio del espacio y del tiempo, el dominio del sistema de
relaciones. Esto no se corresponde exactamente con la imagen corporal.
La imagen corporal sí es un concepto que tenemos cada uno de nosotros en donde influyen los valores
culturales, los valores del grupo, las experiencias que uno pueda tener. La imagen nunca corresponde con el
esquema corporal.
El niño, por definición, cuando está entre los 6 y 18 meses es todavía un animalito que a nivel corporal
todavía no está estabilizado en cuanto organización, entonces, ¿qué importancia tiene el espejo? La
importancia que tiene el espejo es que el niño obtiene por primera vez un sucedáneo de totalidad. Al ver el
espejo, ve una totalidad. Es como si, de pronto, él tuviera medios cognitivos que le permitieran hacer una
percepción cognitiva integra de un objeto de su entorno totalizado, el niño se adelanta a la maduración. De
nuevo nos volvemos a meter en el mismo tema de lo imaginario.
Hemos partido y hemos dicho: en el nacimiento, lo imaginario, en otros momentos del desarrollo, lo
imaginario. En otros momentos volveremos a actuar por lo imaginario; cuando estamos en la calle, lo
imaginario. Permanentemente nos estamos moviendo en la vida por medio de esquemas prefabricados que son los que nos dan la medida de las cosas, la organización de las cosas. Desde las primeras semanas el recuerdo asociado a la insatisfacción-tensión (hambre ) o tensión muscular se agrupan al nivel encefálico central en dos onstelaciones : nudo antropógeno del placer y el nudo antropógeno del displacer, los cuales son acumulaciones de recuerdos adquiridos, A partir de ahí vamos a ir asociando por cadena. Aquí está el registro, sino cómo podemos explicar la presencia del “miembro fantasma”, cómo podemos explicar el recuerdo. En la
presencia del “miembro fantasma” hay una lenta asimilación del esquema corporal, un problema de tipo
experiencia.
Lo que nombras existe y en tanto que existe, deja de tener esa carga terrorífica. El problema en toda
su magnitud es lo que no se puede nombrar, porque frente a lo que no se puede nombrar está la negación del sujeto. En la tortura se lleva a un individuo a una situación tal en la que sea imposible nombrar, con lo que el
individuo pierde su consistencia. Mientras que el individuo tenga para odiar, para nombrar, vive, existe, es una identidad psicológica. La eficacia de una situación de privación sensorial es que te deja sin capacidad para manejarte como sujeto. Mucha gente se salva de la psicosis auténtica por la capacidad imaginativa, por la capacidad de inventarse vidas, y sólo así, se salva. Y sólo así es posible que un individuo se salve de una
situación terrorífica, inventándose vidas porque la que tiene no es vivible.