lunes, 30 de abril de 2012

Como saber si mienten???



Quién no dice una mentira de vez en cuando, para salirse con la suya? O para tapar algo que no queremos que se sepa. De hecho, me consultan muchas personas con esta temática. Mas cuando tejemos una maraña de mentiras y no sabemos cómo salir, nos vemos enredados en un problema serio. Y si quien desfigura los acontecimientos es otra persona, tal vez nos veamos inmersos en asuntos en los que no deseamos formar parte. Este es otro laberinto con salida.
El tergiversar los hechos no es solamente una diferencia de mapas, con la que a menudo solemos toparnos al relacionarnos y comunicarnos con otras personas. Algunas personas mienten casi todo el tiempo. En muchos casos, descaradamente. Modifican sucesos, lugares, nombres, fechas. Lo peor de esta situación es que se creen sus propias mentiras. Inventan un mundo paralelo en el que imponen sus propias reglas. Creen que así todo está bajo su control.
Al desenmascararlos, o tratar de hacerlo, sobreviene un gran enfrentamiento. “No recuerdo lo que me dices”. “Eso nunca sucedió, yo no pude haber hecho ese comentario”. “Las cosas son como yo digo, tú no tienes ni idea”. Pueden hasta ponerse violentos si los enfrentamos con los hechos tal como sucedieron. Sus relaciones personales sufren. Las laborales, también, ya que pierden credibilidad.
Todos conocemos personas que mienten, ocultan o desfiguran la realidad. Si lo piensas detenidamente, en varias oportunidades tú mismo has apelado a este recurso para obtener algo que deseabas o para esquivar algo que no querías que sucediera. El problema se suscita cuando alguien no puede dejar de mentir, cree las cosas que inventa, se enfrenta a quienes desautorizan sus ideas y esto incide en su comportamiento cotidiano y en su interacción con los seres de su entorno.
o creo que para algunas personas la mentira se transforma en algo que en cierto momento ya no pueden controlar. Han tergiversado la realidad, tantas veces, de una miríada de maneras diferentes, y hallan casi imposible dejar de hacerlo. Su necesidad de despegarse de lo que en verdad sucede es tan grande que apelan a cualquier recurso para guarecerse. Es un mecanismo de protección aprendido con los años. Al no poder enfrentarse a duras verdades que los entristecían, creaban otras basadas en su frondosa imaginación. Y esto se transformó en un hábito. Es otra de las maneras de escapar del presente.
El mentir provoca un aislamiento emocional importante. Es tanta la energía que se pierde al tratar de sostener algo que no es real, que la persona queda agotada y se encierra aún más en sí misma, lo que la disocia del resto de la gente.
Otro factor que incide y aumenta el aislamiento es el miedo a ser descubierto. Para algunas personas este miedo llega a ser un aliciente, ya que prueban su inteligencia y la comparan con la del resto de las personas, ¿se darán cuenta que lo que digo no es real? ¿O seré yo más inteligente y capaz que ellos? En este juego perverso, la adrenalina que se genera es comparable a la de personas con problemas de adicción. Creen que pueden dejar de mentir en cualquier momento, cuando lo cierto es que se hunden cada vez más en las historias que crean. Esperan que los demás no se den cuenta del problema que realmente les aqueja.
¿Se puede ayudar a cambiar a alguien que presenta este comportamiento? Claro que sí, siempre y cuando contemos con la determinación de cambiar de dicha persona.
Si en tu caso, creaste una irrealidad en algún área de tu vida y decides ponerle punto final a esta situación para vivir en paz contigo mismo de aquí en adelante, ten en cuenta que además de experimentar una gran sensación de alivio y confianza plena en ti, algunas personas pueden llegar a enojarse o a desaprobarte al darse cuenta de lo que estuvo sucediendo. Se producirán ciertos cambios en tu entorno que, a su debido momento, te darás cuenta que fueron para bien. Hay que pasarlos con voluntad férrea y la decisión de hacer, finalmente, lo correcto.
Hace tiempo leí en un libro una cita que decía: “El 50% de la gente te querrá, hagas lo que hagas, y el otro 50% de la gente no te querrá, hagas lo que hagas”. No hay nada mejor que vivir en la realidad y aceptarla, es sano, acerca la tan deseada tranquilidad mental y emocional… ¡y es bien posible lograrlo!.
¿Te has preguntado nunca cómo sería tu vida si tuvieras un detector de mentiras? Es decir, un transistor que cada vez que alguien te mienta oyeras un pitido: “pip” , “pip” , “pi pi pi piiiiip”.
Estás de suerte, este dispositivo existe y es más potente aun que lo que acabamos de imaginar. ¿Sabes como se llama ese dispositivo? CEREBRO, tu cerebro tiene la capacidad de como saber si mienten simplemente analizando las incongruencias del lenguaje corporal.
Y no solo eso sino que hasta puedes captar la omisión a la verdad, cosa que ningún detector de mentiras podrá averiguar jamás. ¿Por qué? Omitir la verdad no es mentir, si yo te digo: “hoy me he levantado” no te estoy mintiendo, es verdad, pero quizás te estoy ocultando que me he meado en la cama. ¿Como lo averiguarías?
Cuando aprendes a leer el lenguaje corporal tal como enseñamos en nuestro videocurso: Todo sobre el lenguaje corporal y como utilizarlo, aprendes a distinguir los matices del lenguaje corporal y a detectar el nerviosismo en él. Si yo te digo: “hoy me he levantado” y notas que hago un movimiento nervioso y mi tono de voz tiembla un poco, imperceptiblemente, pero tú sabes lo que significa junto con mi gesto nervioso, entonces puedes detectar que algo ha pasado.
Algo dentro de la frase: “hoy me he levantado” me incomoda y si me incomoda es porque no es precisamente algo de lo que me sienta orgulloso. Si a partir de ahí escarbas: “¿qué te ha pasado esta mañana?” , yo: “nada”, él: “va dímelo, que sé que te ha pasado algo, ¿Qué te ha pasado?”, yo: “que nada” , él: “no me mientas, va, dímelo, si sabes que me lo terminarás diciendo igual”, yo:” vale, pues que, joder, me he meado”.
¿Ves? No te han mentido, pero tú gracias a leer el lenguaje corporal has sabido incluso, sonsacar información que estaba oculta y habría pasado inadvertida para todo el mundo.
Esta habilidad de como saber si mienten es tremendamente útil para todos los ámbitos de su vida porque así, puedes saber, mientras estás proponiendo algo si a la otra persona le parece bien o no.
En este aspecto hay que ser inteligentes y no amedrentarse. Simplemente porque le propongas a una chica salir y se cruce de brazos no significa que no le guste tu plan, tienes que analizar todos los detalles y probar a ver que ocurre dado que, el lenguaje corporal a parte de técnicas y estudios es práctica para que lo adaptes y calibres a ti.
Hay muchas personas que a parte de que les es imposible como saber si mientenademás su visión y lectura del lenguaje corporal se ve perjudicada por prejuicios. Si una persona coge manía a los brazos cruzados, cada vez que alguien los cruce se sentirá incómodo. Puede que le pida un ascenso a su jefe y justo cuando este vaya a concedérselo la persona diga: “no pasa nada, da igual” simplemente porque su jefe ha arqueado la ceja y eso le hace pensar que está muy a disgusto, cuando al igual, tu jefe simplemente no estaba cómodo del todo pero aceptaba la situación.
Dentro del como saber si mienten hay mentiras que son muy difíciles de detectar. Hay dos ocasiones en las que esto se hace peculiarmente difícil aunque seas un experto en lenguaje corporal. La primera es con los mentirosos compulsivos, que mienten tanto que se creen sus propias mentiras y las cuentan viviéndolas con lo cual no vas a detectar incongruencias.
Aunque si bien es cierto, con malpensar con estas personas aciertas el 95& de las veces. La segunda es cuando la mentira no implica nada emocional para la otra persona. Por ejemplo, jugando a un juego de cartas que se basa en mentir.
Si la otra persona fuerza un lenguaje corporal neutro será muy difícil detectar cuando miente y cuando no. La única posibilidad en este caso para como saber si mienten se basa en estar muy atento a su lenguaje corporal, tono de voz y gestos y averiguar si tiene algún tic o manía que hace cuando miente.
Por ejemplo, se rasca la oreja o mira con los ojos para abajo cada vez que miente jugando a las cartas. Esto es muy difícil de detectar dado que a veces son movimientos involuntarios y extremadamente irreconocibles como un tic fugaz de un ojo, o una mirada hacia la izquierda de un micro segundo.
Pero para tu suerte, tranquilo, las mentiras no son ni de lejos tan difíciles de detectar. La mayoría incluso son fácilmente detectables pero… Hay que aprender a distinguir entre mentiras y medias verdades. La gente lo que suele contar es medias verdades, es decir, una exageración de la realidad.
Casi todo el mundo lo hace y en cuanto aprendes a como saber si mienten te das cuenta de que es algo habitual. ¿Qué alguien cobra 900€ al mes? Dice que cobra 1200€. ¿Que se van de vacaciones 5 días a París en avión? Mentira, se van 2 y en bus.
Como saber si mienten se basa en analizar el lenguaje corporal en dos fases. La primera fase trata de averiguar como es la persona. Qué tipo de carácter tiene en base su lenguaje corporal para hacernos una idea aproximada de cómo es la otra persona. Así nuestra lectura acerca de como saber si miente o no será mucho más aproximada.
Pero cuidado, porque a veces el lenguaje corporal de una persona puede decir que es sincera y amable, pero luego al conocerla mejor podemos darnos cuenta de que sí, es así, pero esa persona tiene unos demonios internos que la vuelven muy envidiosa y recelosa de los demás. Con lo cual, aunque sea buena persona nos daremos cuenta que teníamos que habernos fijado en su lenguaje corporal nervioso y esquivo como símbolo de que “algo esconde”.
La segunda fase se basa en analizar lo que dice y como son sus gestos, tono de voz y lenguaje corporal cuando lo dice, a partir de ahí podremos llegar a una aproximación muy exacta y darnos cuenta para como saber si miente o no.
Hay una cosa que destacar y es que cuando la otra persona miente forzada y voluntariamente es más difícil detectar la mentira. Y si le acusas de mentir y el refuerza que no es mentira también. ¿Por qué? Porque entonces refuerza todo su lenguaje corporal y congruencia para que te lo creas.
Como saber si mienten tiene su mayor potencial cuando la otra persona no sabe que la estamos analizando y se cree que somos inocentes corderitos. Más vale pasar por tonto siendo superdotado que pasar por superdotado siendo tonto.
Porque cuando te minusvaloran relajan las defensas y ahí puedes sacar tu mayor potencial multiplicado. A la hora de como saber si mienten te hará tu vida mucho más fácil y te facilitará muchísimo la lectura del lenguaje corporal.

sábado, 28 de abril de 2012

Cómo ser feliz cada día. ¿Y si la felicidad fuera ésto que ya tienes?




Si decides adoptar una actitud de aceptación y apreciación y disfrutar del camino, la felicidad ya está en tus manos, incluso cuando afrontas los problemas.





Quizás el título de este reportaje te resulte poco creíble o exagerado. ¿Es posible ser feliz cada día? ¿Existe alguna fórmula que lo haga factible? Mucha gente responderá que no. En las encuestas, la mayor parte de las personas declaran no creer en la felicidad, y menos en mayúscula, y menos de forma permanente. "La felicidad son momentos", dicen, o bien, "la felicidad es como un relámpago, que desaparece en cuanto lo percibes".
Para estas personas y para todas las demás, tenemos buenas noticias: la felicidad existe, puede ser duradera y puede, incluso, acompañarte toda tu vida, formar parte de ti, como una característica más que te define. Y esta gran conquista depende sólo de un cambio de actitud.

A lo largo de este reportaje vas a descubrir que la felicidad no es un milagro ni una bendición efímera de los dioses, sino que es, simplemente: 1. una actitud interior que puedes cultivar; 2.una decisión personal que se toma cada día, y 3. un camino, no una meta.
Pero, por encima de todo, has de tomar una opción importante al principio del viaje, que consiste en escoger el amor y liberarte del miedo.

I. Sobre la felicidad y el sufrimiento.

Sufrimiento manifiesto, subyacente, cambio de sufrimiento. Identifica primero el sufrimiento para saber dónde buscar la felicidad.
Para comprender lo que es la felicidad, es importante entender también qué es el sufrimiento.
Si sondeamos en nuestros estados de ánimo diarios, veremos que son generalmente cambiantes. Lo importante es detectar si el hilo conductor entre todos estos estados es una tónica de bienestar o, por el contrario, de incomodidad permanente.
Presta atención a los diferentes tipos de sufrimiento y observa si son las circunstancias las que se imponen en tu vida o cuentas con una anfitriona de bienestar personal que acoge de buena gana a todas estas visitas ineludibles en la existencia humana.


Tipos de sufrimiento.

Podemos definir el sufrimiento como un estado de ánimo caracterizado por el malestar.
Hay tres tipos de sufrimiento:
1. El sufrimiento manifiesto. Es aquél que sientes cuando te duele algo, física o emocionalmente: la espalda, la molestia de las diarreas, la cabeza, enfados, etc... Cualquier tipo de malestar manifiesto.
2. El sufrimiento del cambio. Cuando te deja de doler lo que antes te dolía tanto. Resulta un alivio y parece, por un momento, que eres feliz, pero en realidad sólo está cambiando el sufrimiento anterior por otro que se manifestará enseguida.
Ejemplos: sufrimiento de no tener pareja/consigues pareja-alivio-"felicidad"/sufrimiento de tener pareja;
te duele la espalda/deja de doler-alivio-"felicidad"/empieza a molestar otra cosa (como la dificultad de dejar de fumar, de beber, una discusión, lo que sea)...
Se cambia el sufrimiento.
En la práctica, éste es el tipo de felicidad que solemos conocer comúnmente: cuando algo te deja de doler o consigues lo que quieres. Pero no es más que un alivio y enseguida aparece el sufrimiento del cambio.
En realidad no es más que un cambio de sufrimiento.
3. El sufrimiento subyacente. Es esa molestia sutil e inconsciente que está casi todo el tiempo, porque hace frío, calor, tengo hambre, sed, cansancio, me aprieta el pantalón, estoy pesada, tengo que dejar kilos, etc. E$s el sufrimiento inherente a la condición humana que experimentamos.
En ninguno de esos tres espacios se puede manifestar la felicidad auténtica.
La felicidad (que siempre está ahí, dentro del ser humano, reinando en su isla de paz, interior) sólo se manifiesta cuando la desenterramos de todos los engaños, exigencias y condiciones externas.
Entonces, descubrimos que está siempre y no depende de condiciones externas.
Este tipo de bienestar abraza y acepta las visitas de las condiciones externas y las deja pasar sin dejar de ser la anfitriona siempre.
La felicidad no desaparece cuando llega una visita-condición-molestia, para regresar cuando ésta se va. (No sería una buena anfitriona...)
La alegría de la paz interior permanece siempre, con visitas o sin ellas.
Esa es la única felicidad real.
Lo demás (alivios) sólo son diferentes versiones o manifestaciones del sufrimiento.
 Desarrollar un sentimiento de felicidad auténtico y permanente sólo depende de ti.

Cultivar la felicidad.

¿A qué dedicamos la mayor parte de nuestra vida? Probablemente, a asegurarnos el bienestar material (posesiones, poder, una buena imagen...); a ocuparnos de nuestra familia, de las relaciones sociales; al cuerpo (compras, vestidos, alimentación, embellecimiento...). Todas estas condiciones pueden contribuir a tu bienestar pero no son la causa de tu felicidad.
¿Qué es lo que sí puede ser causa profunda de bienestar y felicidad?
Tu habilidad para mantener paz mental en cualquier circunstancia (incluso en el dolor físico), tu capacidad de concentración, tu aceptación (que te haga fácil soltar en cada pérdida), tu capacidad de amor y compasión, que te conecte con tu entorno, incluidos todos los seres. La alegría.
Ésas son las habilidades que te ayudan a vivir una buena vida, con significado y feliz.


Obtener una maestría en estas habilidades no es más difícil que conseguir todas las posesiones, carreras, oposiciones, la casa de tus sueños, el coche más rápido o la pareja que crees que te hará feliz, todas esas cosas que sí se llevan tu tiempo y energía y, sin embargo, no te garantizan la felicidad (por el contrario, sí constituyen una buena fuente de preocupaciones).


No se trata de abandonar todas las demás cosas, obviamente, pero sí es importante restablecer prioridades y reorganizar nuestro tiempo y energía, para dedicarle algo más de atención a las cosas que sí tienen el poder de hacernos felices (nuestra capacidad interior de paz, amor, concentración, alegría, comprensión).


2. Abrirse al amor.

El amor no puedes encontrarlo fuera. Es algo que sólo puedes generar dentro y dejar que se proyecte fuera.
Quizás sea lo más difícil, el punto de partida. ¿Cómo abrirse al amor, a la felicidad, al disfrute profundo, cuando nos pasamos el día ocupados en resolver cuestiones, la mayor parte de ellas de intendencia, abastecimiento y de supervivencia cotidiana, como si la vida consistiera, básicamente, en una mera batalla contra los elementos? Pero la vida es algo más que una lucha; la vida es, en esencia, un "estar". Y eso es lo que vamos a descubrir en nuestra búsqueda de la felicidad.

Claves para abrirse al amor:

  1. Reconocer que no estás separado sino que formas parte de tu entorno.
    Uno de los grades errores que hemos aprendido es que somos seres separados e independientes del resto (de las demás personas, animales, el planeta, etc.), una creencia que potencia la competitividad, la explotación y manipulación del entorno (personas incluidas) y, en última instancia, el miedo. Si te sientes parte y dependiente de la red de la vida, reducirás tu egocentrismo y tu importancia personal y actuarás para el bien general. Y esto es clave para el buen funcionamiento de tus relaciones, la apreciación, el cuidado del entorno y tu bienestar personal.
  2. Identifica tu proyecto de vida.
    Seguramente quieres llegar a tu vejez o a tu madurez con la sensación de estar viviendo una vida con significado, y no mirar atrás y sentir que has hecho una ruta sin rumbo ni sentido. Párate a pensar en el significado de tu vida, identifica tus prioridades y márcate objetivos de acuerdo a tus valores personales. Con el tiempo, revísalos y, si es necesario, introduce cambios. Vive con consciencia, con el convencimiento de estar viviendo tu propia vida.
  3. Diferenciar entre lo urgente, lo necesario y lo importante.
    Aprende a parar. Identifica a qué le estás dedicando la mayor parte de tu tiempo, energía, pensamientos, etc. Todas esas cosas tan urgentes y aparentemente inevitables a las que dedicas tu vida, ¿son realmente importantes, dentro de tu proyecto de vida? ¿Son coherentes con tu proyecto de vida, contribuyen a tus objetivos? ¿Son necesarias? Si la respuesta es "sí": enhorabuena. Si es "no": tu agenda necesita una buena reestructuración y, cuando lo hagas, asegúrate de que las cosas a las que dedicas tu tiempo, las cosas urgentes, son realmente importantes y necesarias.
  4. Acostúmbrate a ver a los demás seres como iguales.
    En tu familia, todas las personas son importantes y deseas la felicidad de todas ellas. Y lo mismo con tus amistades, si les amas de verdad. La persona que te vende el pan; las madres con las que te cruzas a la salida de la escuela de tus hijos; tu compañero de trabajo; el jefe que exige de ti más de lo que puedes dar, todas aspiran a lo mismo que tú, básicamente: a ser felices. Y todas estas personas a veces aciertan (y son felices y es un placer estar a su lado) y a veces se equivocan (y se enfadan y hacen daño, queriendo o sin querer), exactamente igual que tú. Es una suerte ser imperfecta, porque así puedes comprender mejor las imperfecciones de los demás, aun cuando son diferentes. Mira  a las demás personas como iguales: seres que buscan la felicidad y a veces se pierden en el camino.
  5. Aprende a aceptar.
    Aceptar no significa resignarse. La resignación no acepta: no le gustan las cosas como son y simplemente se "fastidia" con la sensación de impotencia, victimismo, etc. Nada sano. La aceptación no huye ni niega la realidad; ve las cosas como son (acepta) y realiza los cambios que se puedan realizar para mejorar las condiciones. Acepta lo que hay y lo carga de significado para seguir creciendo. Incluso el dolor, cuando llega; lo afronta y le da un significado. De esta manera, el dolor nunca es gratuito o una experiencia desperdiciada sino que se hace transcendente. ¿Te resulta contradictorio? Para ser feliz de verdad no puedes tener adicción al bienestar, a que las cosas sean siempre como tú deseas; la felicidad profunda y definitiva comprende que a veces te tocará afrontar situaciones incómodas o no deseadas, porque forman parte de la vida humana, y se abre a ellas cuando llegan, las utiliza para crecer y las deja pasar.
  6. Depende sólo de una mente feliz.
    Considera las cosas que ocurren en tu vida como anécdotas  o prácticas de aprendizaje, disfruta de ellas: las que te gustan y las que no te gustan. Todas tienen la misma función: hacerte crecer, enseñarte a ser feliz. Que tu felicidad dependa sólo de tu mente feliz. Y, a partir de ahí, afronta lo que tengas que afrontar con alegría.
  7. Hazte consciente del amor que sientes, hazlo visible.
    Reconoce cada vez que se manifiesta tu amor: por detrás de un gesto amable con otra persona, cuando sonríes, cuando miras a un bebé, cuando disfrutas de una comida o una conversación con tu pareja o tu amiga, cuando contemplas un paisaje, una obra de arte o un objeto inspirador.Visibiliza tu amor. Cada vez que eres consciente de él, le das más fuerza.
    Y, de la misma manera, aprecia los gestos de amor (amabilidad, consideración) de las demás personas. Es el mismo amor que habita la vida, en circulación.

3. Cómo ser feliz en cada momento el día.



Desarrolla tu paz interior y haz lo que tengas que hacer desde tu alegría imperturbable.


A continuación, te vamos a ofrecer algunas sugerencias para proteger tu alegría en tu vida cotidiana y, en especial, en algunas de las situaciones en las que más nos cuesta o incluso aquéllas que suelen sacarnos de nuestras casillas.
Pero recuerda que, antes que nada, es importante haber manifestado la decisión de querer ser feliz, mantener una actitud que lo haga posible y aceptar disfrutar del camino, aun en los tramos de travesía más intrincados que puedas encontrar.

Como ilustración e inspiración, pueden servirte las palabras de Lochani, una monja budista de Barcelona:
"Cada vez que algo empieza a alterarme (una crítica, una decepción, las cosas no son como deseo, etc.) pienso: ¿Qué me importa más, esto o mi paz mental? Y mi malestar se reduce automáticamente. Porque cualquier cosa que no me guste (lo que piensen de mí, el inconveniente de perder un trabajo y tener que buscar otro, etc.) no es tan importante como mi paz mental, mi alegría interior".
  1. Para afrontar el día por la mañana.

    - Cuando te levantas.

    ¿Te cuesta dejar la cama por las mañanas? Haz tuyas las palabras de aquel monje que decía: "Cada vez que me despierto, recuerdo que tengo por delante 24 horas para ser feliz y hacer felices a los demás". O las de Serrat: "Hoy puedes ser un gran día" y "No dejes que se acaben para desear las cosas más que nunca". Haz un repaso rápido por las personas y situaciones agradables que te esperan a lo largo del día, los proyectos en curso, el significado profundo de tu día de trabajo o estudios; incluso las dificultades que te esperan forman parte del guión, tu vida en movimiento. Cada molestia te hace más fuerte y te da más poder.

    - Durante el desayuno.

    Convierte tu desayuno (en casa o en la cafetería) en un ritual precioso que te llena de energía. Disfrútalo como una ofrenda que te haces a ti misma antes de abrir la ventana al mundo: en la lectura del periódico o las noticias en la televisión, el clima en la calle o las personas con las que te cruzas cada día. Aprecia tu desayuno como la energía que te da la fuerza y suaviza tu mirada sobre los acontecimientos del día.

     
  2. En el trabajo.

    - Cuando tu compañero (o, peor, tu jefe) es muy competitivo y crees que sabotea tu trabajo.

    Dan ganas de machacarlo, ¿verdad? Y así el machaque se hace mutuo y el mal rollo no se acabaría nunca.
    Prueba a mirarle con otros ojos, fuera de tus condicionamientos, y ver cómo es de verdad, fuera de sus condicionamientos.
    Piensa si compartís aficiones y si hay lugares comunes donde os podríais encontrar: en el gimnasio, en el mercado, en el cine, comprando libros. Piensa en su familia, las personas a las que cuida, sus frustraciones personales. Y piensa si tienes algo para aportarle. Y ofréceselo.
    Sal por un momento de las circunstancias que os mantienen enfrentados y relaciónate con la persona y sus necesidades. Si tú cambias, algo cambiará en la relación. Te sentirás aliviada al mejorar la situación; agradecida a la otra persona por ser un poco menos tu enemiga, y orgullosa de tu capacidad para transformar las cosas y del poder de tu amor.
    Te sentirás feliz.

     
  3. Con la familia.

    - Con los tics que te molestan (o te "traumatizaron" en la infancia) de tu madre, padre, hermano, etc.

    Cada vez que te moleste una frase un gesto, una actitud, amplía el foco y descubre qué es lo que quiere decir por detrás de lo literal. Quizás son simplemente pautas aprendidas, vicios de relación que se repiten por inercia. Pero, detrás de esas pequeñas inercias, ¿hay amor? ¿Crees que puedes contar con esa persona? Si es así, agradécelo mucho, dentro y fuera de ti. Exteriorízalo Dale un beso, un abrazo, una sonrisa o una frase en la que muestres interés por la otra persona. Alguien tiene que empezar a romper la pauta de acción-reacción en los malos rollos familiares.
    Pronto recibirás el agradecimiento de la otra persona por no haber hecho más grande la bola de mal rollo que te lanzó. Y, así, la relación se irá saneando y tú cada vez te sentirás más confortable y feliz en familia.

     
  4. Cuando te relacionas con los demás.

    - Con los funcionarios que le ponen pegas a cualquier cosa que tengas que realizar.

    Hay personas que parecen disfrutar poniendo impedimentos a cualquier cosa que tengas que hacer, como si tuvieran un radar especial para prever las dificultades o, en su caso, inventarlas. Y lo fácil es reaccionar con mal humor, lo cual no suele obtener muy buenos resultados ni mucho menos potenciar tu felicidad. Plica paciencia, mantén tu tono de voz suave y, si es posible, sonríe con sinceridad: céntrate en las posibles soluciones (aunque ella se esté centrando en los problemas) y dirígete a ella como si fuera tu colaboradora, para conseguir alguna de ellas. Haz de espejo de su sensibilidad y su buen corazón, que seguro que los tiene (aunque sus condiciones quizás no son las mejores para manifestarlas) y confía en que vais a resolver el problema de la mejor manera posible. Si su responsabilidad es limitada, busca otras personas con más capacidad de decisión. Y confía en que, cualquiera que sea el resultado, te va a llevar a buen puerto.

    Aquí tienes unas cuantas claves para comunicarte de una manera eficaz en general, en tus relaciones.


    Cuadro

    7 claves para comunicarte.

    1. Sonríe.

    Reír es una medicina, física y mental. Refuerza los sistemas inmunológico, muscular y cardiovascular, además de liberar endorfinas, la hormona de la felicidad. Además, la  sonrisa se contagia y, cuando es sincera, es la fórmula mágica para apaciguar cualquier mal rollo en otras personas, y en ti misma. Especialmente cuando creas que te van mal las cosas y sufres, sonríe cuando te relaciones con otras personas: ellas no tienen la culpa. Cuídalas, porque probablemente ellas también guarda su propio dolor. Y sonreír apacigua todos los dolores.

    (Frase: "Sé amable con toda persona con quien te cruces porque también está librando una gran batalla"


    2. Di siempre la verdad.

    Si no dices la verdad, acabarás perdiendo la confianza de las demás personas, y tú misma te perderás, sin saber qué es cierto o no lo es, en tus interpretaciones de las cosas. Decir la verdad es un gesto de valentía, de aceptación, contra la cobardía, la negación y la huida que significa la mentira. Pero decir la verdad no significa exponer/imponer tu criterio aun cuando no te lo pidan; eso son meras opiniones.

    3. Escucha con atención.

    Escuchar significa parar la propia cháchara mental y abrirte a la experiencia y los sentimientos de la otra persona. Escuchar es un acto de amor que hace que la otra persona se sienta amada. Practica la escucha atenta porque en cada práctica aprendes a amar más y mejor.

    4. Ponte en sus zapatos.

    Y cuando escuches, ponte en su piel, no en lo que tú sentirías si estuvieras en su lugar. Mediante la empatía, descubres la realidad de la otra persona y la aceptas.

    5. Agradece.

    ¿Erres una persona rica o pobre? Por mucho que poseas, cuando no valoras lo que tienes, es como si no tuvieses nada. Puedes tener una multimillonaria cuenta en el banco, salud, un montón de amistades y todas las oportunidades de disfrute, pero te sentirás pobre si centras tu atención exclusivamente en lo que no tienes, en tu adicción al deseo, a tus próximas conquistas pendientes. Pero, por poco que tengas, puedes sentirte la persona más afortunada del mundo si sabes apreciarlo cada día.

    6. Expresa tus sentimientos.

    En la comunicación de verdad está muy bien transmitir detalles y hechos, pero lo que hará que una conversación sea profunda y recordada es el que se intercambien sentimientos y emociones. Aprende a decir "ayúdame", "perdóname" y "te quiero", que son las tres palabras más difíciles de expresar para las personas adultas.
    Hazle saber a la otra persona qué cosas en ella te hacen sentir bien o crecer. En cuanto a lo que te hace sentir mal, comunícaselo también, en el momento oportuno (cuando se sienta receptiva y no acusada y a la defensiva) e investigad juntas qué es lo que hay dentro de ti que te hace reaccionar emocionalmente de esa manera. Si tú haces un esfuerzo por cambiar, la otra persona lo hará también.

    7. Aprende a comprender.

    Juzgar, criticar, es una pérdida de tiempo y crea hábitos. Cuando criticas pones el foco en algo que no te gusta, ignorando el cuadro completo. Si en lugar de fijarte en los defectos de las personas o situaciones pones el foco en sus virtudes y beneficios, te llevará a relacionarte mejor con esa persona o situación. Pon tu atención en lo que te hace aprender y crecer; con esta actitud, verás que no excluyes nada: lo que aprecias de la otra persona, te inspira para mejorar; lo que crees que no funciona, te enseña los errores que no debes cometer.
    En cuanto a la otra persona, comprende sus limitaciones y, simplemente, acompáñala (en tus posibilidades), como harías con una persona enferma.

     
  5. Para realizar tus sueños.

    - Asegúrate de que tu sueño sea estimulante y no inmovilizador.

    ¿Tienes algún sueño? Deberías, porque los sueños y proyectos de futuro le aportan energía y entusiasmo a tu vida. Pero cuidado, porque los sueños pueden ser tanto un estímulo como una trampa para el estancamiento. ¿Cómo saberlo?
    Pregúntate si estás haciendo algo para realizar tu sueño, es decir, si tu objetivo está ya en proceso, o bien si lo utilizas meramente como una forma de resignación (eso es lo que me gustaría hacer, si pudiera) para justificar por qué no encuentras satisfacción en tu vida.
    Un ejemplo del primer caso es cuando una niña sueña con que de mayor será actriz o periodista o médica o astronauta, y la vida que hace está llena de gestos e intenciones en esa dirección: aprende sobre el tema, empieza a practicar (hacer su sueño realidad) a la menor oportunidad, etc.
    Un ejemplo del sueño-trampa es cuando una persona que vive y trabaja en la ciudad asegura que su ideal sería vivir en la montaña rodeada de caballos, pero no hace el menor gesto en esa dirección (ni en relación a la montaña ni a los caballos); o cuando asegura que su ideal de vida feliz sería vivir viajando, sin embargo, su día a día (incluso en vacaciones) es marcadamente sedentario.
    Presta atención, porque el sueño-trampa te permite acomodarte en la insatisfacción y te da permiso para la queja y los fracasos reiterados (no aprender nada de la experiencia), porque acaba siendo utilizado como respuesta a todos los males.

    Éstas son las cinco claves para relacionarte con los sueños que aportan felicidad a tu vida:

    1. Tenerlo. Obvio, ¿no? Del sueño te impulsa en una dirección, te motiva, le da significado a lo que haces. Y es una gran causa de alegría. Pon  un sueño (o más) en tu vida.

    2. Explicarlo. Cada vez que lo cuentas, alcanzas a desarrollar más detalles, el sueño crece y toma más cuerpo, se hace más real.

    3. Escribirlo. Esto te permitirá leerlo más tarde y no olvidarlo. Escribe los detalles, el proceso, cómo afrontarás los posibles imprevistos.

    4. Visualizarlo. Tu mente es energía y tiene el poder de crear cosas. Cada vez que piensas en tu sueño, lo visualizas, le das forma y los sientes, lo haces más real. Si t emocionas con él, para ti ya es real. En la medida de lo posible, actúa como si ya lo hubieras conseguido.

    5. Trabajar en él. Ponle mucha voluntad y manos a la obra. Infórmate, fórmate, empieza a practicar cada vez que la ocasión te lo permita. Persevera cada vez que te enfrentes a una dificultad. Ponle paciencia y humildad, pero en acción. Siéntete ya quien quieres llegar a ser y actúa como actuarías una vez realizado tu sueño. Porque ya estás en él.

El enfado: ¿Por qué nos resulta tan difícil controlarlo?



 ¿Te enfadas a menudo? ¿Eres de grito fácil? ¿Sientes a veces que "te va a dar algo" porque las cosas no son como te gustaría que fueran?  Toma nota y aplícale paciencia y aceptación. Tu salud te lo agradecerá.


La mayoría de las personas pasamos demasiado tiempo enfadadas, aunque sean sólo explosiones cortas de un grito o dos, pero reiteradas. Nos enfadamos con los hijos, con los amigos, con la pareja, con el trabajo, con la vida. Y el enfado es como una batería que se va cargando, cada vez coloca a las partes en posiciones más enfrentadas y hace nuestros esfuerzos más ineficaces. Por si fuera poco, tiene una incidencia directa en un amplio abanico de enfermedades -incluidas las del corazón, presión arterial y otras. 

El enfado supone una negación de la realidad, que no nos gusta y nos hiere. Nos duele como un golpe y reaccionamos con rabia y con agresividad -si podemos, hacia fuera, y si no podemos exteriorizarla, hacia dentro. En cualquier caso, siempre que nos enfadamos algo se altera dentro y reaccionamos atacando en una actitud de defensa. El problema es que esa supuesta defensa, contra quien primero arremete es contra nosotros mismos, ya que se trata de una emoción con incidencia directa en nuestro estado físico y mental. Como el odio, el enfado es "como una piedra ardiendo que a quien primero quema es a quien la lanza". 

Nos enfadamos contra lo que no aceptamos.

Nos enfadamos en relación directa al nivel de nuestras exigencias y nuestras expectativas. Y, por el contrario, es inversamente proporcional a nuestro nivel de aceptación. La frecuencia de nuestros enfados nos proporcionan, pues, una pista clara de nuestra capacidad de tolerancia y aceptación; asimismo, el objetivo de nuestros enfados identifica nuestros puntos flacos emocionales y cuáles son las personas y situaciones en las que deseamos ejercer un mayor control.
Por ejemplo, hay personas que tienen una relativa paciencia en los conflictos laborales y difícilmente pierden la sonrisa con sus amistades y, sin embargo, cuando están con sus hijos, o con la pareja, las explosiones son frecuentes y el grito fácil. Esto no significa que sus hijos o su pareja le traten peor que el resto del mundo -si bien generalmente el enfado va asociado a la autocompasión, la victimización y una idea latente de injusticia contra la que nos rebelamos. Sin embargo, por mucho que insistamos en culpabilizar al objeto de nuestros enfados, el mensaje claro que deberíamos observar es que tenemos un conflicto de aceptación con esa persona o situación en concreto, y más profundo cuanto mayor es la intensidad de nuestro enfado.
El primer test que deberíamos plantearnos consiste, por consiguiente, en detectar las personas o situaciones con las que nos alteramos con más frecuencia.
Si la respuesta es "todo" (las obras en la calle, la escuela de nuestros hijos, los tics de nuestra pareja, o de nuestra expareja, el carácter de nuestros hijos, las "traiciones" de nuestras amigas o las chapuzas del gobierno), significará que necesitamos una buena dosis de reflexión y, probablemente, cierta ayuda externa (libros de filosofía o autoayuda, técnicas de relajación...) que nos posibiliten una perspectiva más abierta y nos aporten una buena dosis de amor para mirar y relacionarnos con el mundo que nos rodea.
Si, por el contrario, los objetos de nuestro enfado son pocos y claramente identificados, nos estarán señalando los puntos flacos de nuestra inteligencia emocional. Lo que más nos duele. Lo que no controlamos y queremos desesperadamente dominar.

A mayor ego, más motivos para el enfado.

Otra pista clara que nos presenta la frecuencia e intensidad de nuestros enfados tiene relación con el tamaño de nuestro ego. Cuanto más grande es nuestro ego, más inflado y gigante, más fácil es que cualquier acontecimiento lo perturbe. Cualquier movimiento exterior puede tocar su sensible piel en carne viva. Un gesto de disgusto de alguien es considerado una ofensa (sin pensar que esa persona puede tener un millón de motivos presentes en su vida, aparte de nuestra mera presencia); una mirada puede resultar hiriente, todas las palabras, gestos o actitudes de nuestro entorno pueden entrar en confrontación con un ego demasiado hinchado al que todo le toca.
El filósofo tolteca Miguel Ruiz nos recuerda, en uno de sus cuatro acuerdos, la importancia de "no tomarnos nada personalmente". Cada persona vive su vida como una película en la que ella es la protagonista y el resto son meros figurantes. Cada cual intenta resolver sus miedos, sus carencias  y sus pequeñas miserias lo mejor que puede, y sus reacciones ante el mundo y ante la vida tienen más que ver con eso (con sus miedos, frustraciones y, finalmente, con su propia búsqueda) que con nosotros, pobres figurantes que simplemente pasábamos por ahí.
No somos tan importantes, o tan gigantes, o tan presentes en la vida de todo el mundo como para que cualquier cosa que digan, miren, piensen o sientan tenga que ver precisamente con nosotros. Desde el momento en que comprendemos esto (que cada persona está en su propia búsqueda, afrontando unos problemas y unas limitaciones concretas en cada momento dado, y resolviéndolo lo mejor que puede) nos sentiremos menos afectados personalmente por las opiniones o actitudes ajenas. Y probablemente haremos uso de una paciencia más sincera, y sin esfuerzo, asentada en la comprensión y el amor.
Porque al fin y al cabo, ¿no es ésa la propia historia personal, la de cualquiera? El crecimiento es como un parto difícil, una retahíla de contracciones dolorosas, que cada cual vive a su manera. Y en cada una de ellas, a veces perdemos las formas.

Controlar versus reprimir.

Cuando sentimos las consecuencias del enfado (la presión alta, dolor de cabeza, la garganta irritada tras los gritos y, sobre todo, el aplastante peso del mal rollo, la culpa y la ausencia de amor), a menudo nos preguntamos, ¿por qué es tan difícil controlarlo? ¿Por qué se me va de las manos por mucho que me proteja y me empeñe en que "esta vez no me desbordará", que "esta vez tendré paciencia y mantendré la calma"? El maestro budista Kelsang Gyatso considera que la respuesta está en que nuestra paz interior es muy débil, por lo que nos supone un gran esfuerzo alcanzarla, aun momentáneamente, y mucho más mantenerla. Por el contrario, todas las causas de rechazo y sufrimiento que hemos establecido en nuestra mente (ego, apegos, competitividad, territorialismo, exigencias...) son muchas, muy diversas y muy fuertes, presentándonos continuas oportunidades de dolor y frustración.
Nuestros hábitos cotidianos de pensamiento, palabra y comportamiento afianzan continuamente nuestras tendencias más destructivas mientras que el supuesto objetivo primero y prioritario de felicidad/paz interior se pierde en el camino y nos desentendemos de él. Y lo desatendemos.
Cuando el budismo, la Terapia Racional Emotivo Conductual (TREC) la Gestalt o un sinfín de filósofos de todos los tiempos nos recuerdan, por tanto, la necesidad de un pensamiento racional que nos ayude a controlar las emociones que nos traicionan y a fortalecer las que se presentan como nuestras mejores aliadas, nos están señalando una estrategia que no tiene nada que ver con la represión de los sentimientos.
 
"Controlar el enfado no es lo mismo que reprimirlo. Esto último lo hacemos cuando ya domina nuestra mente, aunque no lo reconozcamos. Pretendemos no estar enfadados y controlamos nuestras acciones, pero no el odio propiamente dicho".

Cuando reprimimos los sentimientos, las emociones o los pensamientos, no dejamos de sentirlos. Una amiga nos dice algo que nos molesta profundamente y callamos para evitar el conflicto. Reprimimos un impulso que podría conducirnos a una situación de conflicto que no deseamos, pero no lo controlamos, porque el sentimiento está ahí (nos molesta), y probablemente siga estando con más fuerza, calentándose como una olla a vapor conforme surgen reiteradamente situaciones similares que nos dolerán cada vez más y más, hasta que llega el momento del estallido. Momento que siempre llega, ya sea hacia fuera (con toda la larga lista de resentimientos archivados) o hacia dentro (con dolores de cabeza, insomnio, gastritis y alteraciones varias de la salud).

El control, por otra parte, no implica represión ni dolor alguno. Podemos callar o podemos responder ante el supuesto "ataque" de nuestra amiga, pero no hay molestia ni dolor si simplemente comprendemos y aceptamos. Si no sentimos la herida, probablemente lo que digamos, con amor, no será hiriente. En ese momento en que realmente controlamos nuestra mente (nuestros pensamientos, nuestras emociones) no experimentamos dolor, y por lo tanto no hay nada que reprimir. Y consecuentemente, no hay motivo para el enfado.

El arte de "pensar mejor para vivir mejor" consiste en el arte de controlar nuestro pensamiento (y por consiguiente nuestras emociones) sin olvidar en ningún momento nuestro objetivo prioritario (ser felices, nuestra paz interior). Con la práctica acaba convirtiéndose en una actitud espontánea y sin esfuerzo. Y ya no hay nada que controlar. Ni mucho menos reprimir.
"Nuestra tarea en la vida es aprender a amar. Y los ingredientes más útiles para aprobar la asignatura residen en la comprensión y la aceptación".
Christine Longaker.

 


El enfado y la salud.

La relación entre el enfado y las alteraciones de la salud (y en concreto con las enfermedades del corazón) parece ser más compleja de lo que en un principio se pensaba.
Un reciente estudio confirma el efecto pernicioso de contener la rabia, pero precisa que exteriorizar los enfados de forma leve puede contribuir a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Muchas investigaciones han coincidido en que la tendencia a la ira y el enfado reiterado tienen una relación directa con las enfermedades coronarias, sin embargo, pocos trabajos se han ocupado de investigar cómo afectan las diferentes formas de expresar esa ira. La Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston (EEUU), ha presentado recientemente las conclusiones de un estudio realizado con más de 23.000 varones de entre 50 y 85 años, en el que manifestaban la forma en que se comportan cuando se enfadan. En el transcurso de los dos años que duró el seguimiento se registraron 328 casos de enfermedades cardiovasculares.
La sorpresa no fue observar la alta incidencia de las enfermedades del corazón en personas propensas a la ira, sino descubrir que aquellos hombres que mostraban niveles moderados de expresión de sus enfados tenían sólo el 50% de riesgo de sufrir un infarto de miocardio que aquellos que reprimían completamente su ira.
La conclusión de Patricia Eng, directora del estudio, fue que "expresar el enfado de forma moderada parece proteger frente a estas patologías".

El dolor de cabeza.

Saber controlar nuestros enfados va a ayudarnos a sufrir un menor número de dolores de cabeza y otros males mayores, a partir de otro estudio realizado por un médico de la Universidad de Saint Louis (Missouri). Sus conclusiones nos dan algunas pistas sobre lo que podemos hacer cuando la ira nos asalta. Desfogarnos o no, ésa es la cuestión.
Robert Nicholson, principal responsable del estudio, publicado en la revista médica "Headache" (especializada en dolores de cabeza, como su nombre indica), afirma que, en efecto, el enfado puede ser un ingrediente más entre los que interaccionan entre sí provocándonos dolores de cabeza reiterados. Nicholson ha estudiado 422 personas adultas de ambos sexos, entre las cuales 171 sufrían este tipo de dolencia. El científico analizó psicológicamente a cada persona, descubriendo si tenía o no un carácter colérico, y cuantificó cuán frecuentes y severos eran los dolores de cabeza que padecía. También tuvo en cuenta si el individuo tenía ansiedad o estaba depresivo, factores que ya han sido anteriormente relacionados con el dolor de cabeza.
Según los resultados, enfadarse puede provocar dolores de cabeza más fácilmente que la depresión o la ansiedad, sobre todo si intentamos mantener la ira en nuestro interior. ¿Quiere decir esto que Nicholson recomienda exteriorizarla? No exactamente: en ocasiones, este comportamiento no es la mejor opción, dado que no resulta aconsejable gritarle a nuestro jefe, divorciarnos de nuestros hijos o hacer gestos obscenos al conductor que nos ha perjudicado en pleno tráfico, por poner unos ejemplos.
Lo que propone Nicholson es aprender formas de combatir el enfado, evitándolo. Éstas son sus recomendaciones:
  •  Realizar tres inspiraciones profundas. Cuando estamos enfadados, nuestro cuerpo se vuelve tenso, y respirar profundamente ayudará a disminuir esta tensión.
  • Entender por qué estamos enfadados. Debemos actuar como detectives y encontrar aquellos tipos de situaciones, personas o eventos que nos despiertan la ira. Así podremos evitarlos más fácilmente.
  • Expresémonos. pero asegurándonos que no hacemos más daño. Expliquemos a los demás cómo nos sentimos, de una forma tranquila y comunicativa. Si a pesar de todo expresar nuestro enfado podría provocar nuestro despido, nuestro divorcio o incluso nuestra muerte, es mejor hablar con un amigo que con la persona que la ha provocado.
  • Cambiemos de entorno. Paseemos durante cinco minutos y tomemos un poco de aire fresco. O pongamos la radio en medio del tráfico y cantemos a pleno pulmón.
  • Miremos las cosas como una graduación de grises, y no como blanco o negro.
  • Reconozcamos que la vida a veces es injusta y que en ocasiones quienes nos hacen enfadar no tienen razón.
  • Dejemos ir las cosas que están fuera de nuestro control. Sólo puedes cambiarte a ti mismo y tus respuestas frente a los demás, no lo que los otros te hagan a ti. Enfadarse no soluciona la situación y nos hace sentirnos peor.
  • Y por último, perdonemos. Quizá sea la estrategia más difícil, pero sin duda es la más efectiva.

La perspectiva espiritual:


Las consecuencias del enfado.

 El enfado es uno de los engaños más comunes y destructivos que nos afecta casi todos los días. Nos solemos enfadar cuándo no conseguimos lo que queremos o cuando nos tenemos que enfrentar con lo que no nos gusta. Existen innumerables situaciones en las que podemos enfadarnos con facilidad y las consecuencias son obvias: cuando nos enfadamos perdemos nuestra paz interior y felicidad y nos sentimos incómodos e inquietos, aumenta nuestro malestar, no podemos controlar nuestras emociones y se obstaculiza nuestro progreso espiritual. Perdemos el sentido común y no somos razonables. Incluso dañamos a quienes queremos ya sea física o verbalmente, con el deterioro que ello conlleva en nuestras relaciones.
Superar el  enfado no es una meta inalcanzable. Nuestros pensamientos surgen debido al poder de la familiaridad, cuando nos acostumbramos a hacer algo adquirimos destreza en ello. Para ello debemos observar nuestra mente con atención en todo momento, y será más fácil reconocerlo en cuanto surja. 

¿Cómo controlar el enfado?

  • Cuándo nos demos cuenta de que nos vamos a enfadar, hemos de recordar las consecuencias.
  • Tomar una fuerte determinación de no enfadarnos teniendo en cuenta sus consecuencias será de gran ayuda. Al principio podemos hacerlo durante unas horas, con el tiempo durante días.
  • En vez de culpar a las circunstancias externas o a los demás, hemos de considerar que nuestra falta de aceptación y consiguiente enfado son las causas de nuestro malestar.
  • Si aceptamos a los demás tal y como son, sin juzgarlos, mejoraremos nuestras relaciones y controlaremos nuestras actitudes de enfado y crítica.
  • Cuando estemos a punto de enfadarnos con alguien, hagamos un esfuerzo por recordar todo lo bueno que recibimos de esa persona.
  • Alegrarnos de las buenas cualidades de los demás y de su buena fortuna contrarrestará nuestro enfado y nuestras críticas, nos ayudará a desarrollar potenciales similares a los que admiramos y, al mismo tiempo, nos ayudará a superar la envidia.
  • El auténtico antídoto del enfado es la paciencia.
  • Paciencia no es resignación. Con paciencia podemos mejorar lo que deseemos y comunicarnos mejor con quienes nos rodean.
  • Shantideva, antiguo maestro budista indio, decía que en momentos de mucho enfado es mejor quedarnos como un trozo de madera que actuar movidos por una actitud destructiva. En ese momento nos podemos aislar, relajar nuestro cuerpo y con él calmar la mente.
  • Controlar el enfado no es reprimirlo.
  • Si rechazamos las dificultades y nos enfadamos, no hacemos más que empeorar la situación.
  • Shantideva también decía: "si algo tiene solución, ¿por que ser desdichados? Y si no la tiene, tampoco hay razón para serlo".

una vida en equilibrio


En el ir y venir de cada día, es necesario encontrar tiempo para armonizar cada aspecto de nuestra vida.
La homeostasis es la característica de cualquier organismo vivo, por la cual se mantiene su medio interno dentro de parámetros determinados, estables y biológicamente óptimos. La palabra deriva de dos vocablos griegos: homos, que significa "igual" o "mismo", y estasis, que quiere decir "estado".
Originariamente, el término se comenzó a utilizar dentro de la fisiología y la medicina para diferenciarlo de otros estados patológicos, como el caos y la enfermedad.

Homeostasis y felicidad

Fue B.W. Cannon en 1932 quien introdujo el término de homeostasis psicológica, relacionando esa condición tan vital para un organismo con la satisfacción y la felicidad personal. Con los grandes avances que se han producido tanto en psicología como en neurología, ya no queda duda de que cualquier individuo necesita lograr el mayor nivel de armonía en su vida para sentirse a gusto con ella. Esto incluye todas las áreas en las que se desenvuelve cotidianamente: familiar, profesional, espiritual, recreativa y del hogar.

Lo importante es el equilibrio


A aquellas personas que durante toda su vida se han dedicado exclusivamente al desarrollo profesional, les puede parecer difícil cambiar sus hábitos de vida y comenzar a prestar atención a la familia o los amigos. La situación se vuelve más complicada cuando dentro de una pareja uno de los dos desea tener un hijo y el otro, no. Lo mismo ocurre para esas mujeres que se han dedicado a la crianza de sus hijos y nunca se han dado la oportunidad de hacer algo más, como desarrollar un hobby o una profesión.

El sentimiento de vacío suele desaparecer cuando se presta atención y se reflexiona sobre posibles cambios que tienden a equilibrar la balanza cotidiana.
Poco hacemos por conocerlas, y menos aprender a manejarlas.
Por esto quiero transmitirles lo que para mí son las cuatro partes de nuestro ser que debemos mantener en equilibrio para sentirnos más plenos:
Cuerpo: Nuestro físico es el vehículo desde donde vivimos. Si no mantenemos el equilibrio en nuestro cuerpo o conocemos cómo moverlo adecuadamente es probable que haya situaciones en las que nos cueste desenvolvernos porque el “cuerpo no nos da”.
Mente: La máquina que cree saberlo todo y que nos cuesta hacer callar. Cuando aprendemos a hacer que la mente trabaje para nosotros y no al revés, es que se abre todo un mundo de creatividad.
Emociones: Son el termómetro de lo que vivimos, las encargadas de hacernos saber si nos gusta o no el dónde estamos o qué hacemos. El impulso que nos lleva a actuar, reconocerlas y transformar ese fuego en un láser preciso puede ser una gran ventaja.
Espíritu: Nuestro verdadero ser, la conexión con lo que realmente somos antes de nacer, y la esencia de la vida. Lograr reconocernos como seres espirituales que debemos actuar en lo físico es lo que nos hace humanos.
Estas son las cuatro patas de la mesa. Cuando nos enfocamos en una  sin tomar en cuentas las otras, usualmente perdemos el equilibrio y nos cuesta poder actuar con completa convicción, ya que funcionan en sintonías unas con otras.
El Crecimiento Personal es lograr trabajar todas de una forma integral, donde no hay una que sea más importante que la otra, y donde desde ellas podemos actuar de manera más equilibrada en la vida.
¿Qué les parece?
En el futuro revisaremos con más detalles cada una de estas cuatro patas para guiarlos sobre cómo poder aprender a trabajar con cada una de ellas y crecer.

Pequeños ajustes

Si se desea observar lo más objetivamente posible en dónde se ha estado invirtiendo el tiempo para hacer algunas mejoras, es aconsejable:
  • Hacer una lista de todos los roles que se tienen en ese momento. Por ejemplo: madre/padre, hija/o, esposa/o, profesional, amiga/o.
  • Luego se debe puntuar las áreas en las que se funciona mejor, así como localizar aquellas que necesitan modificaciones.
  • Al lado de cada una, escribir qué acciones o ideas se pueden llevar a cabo, por mínimas que parezcan, para aportar energía en esa dirección.
  • Después, por supuesto, ¡hay que llevarlas a cabo!

Tiempo de sembrar

Es verdad que en algunas etapas de la vida se invierte la energía en un aspecto en detrimento del otro, pero sólo es posible el bienestar duradero cuándo todas las áreas que hemos mencionado son parte del día a día.
¡Sólo sembrando es posible cosechar!